El mundo del “tuneo” había desvirtuado por completo en los últimos años la saga de coches por excelencia en el mundo del videojuego. Need For Speed era casi más un manager de conducción y personalización de coches que un juego al más puro estilo Test Drive o BreakNeck (una joya de la conducción de los 90 de THQ).

Parece que la franquicia vuelve a sus fueros y lo conjunta con un entorno visual envidiable.
Para esta ocasión se ha recurrido a 18 circuitos con un diseño que no se puede describir con palabras, las texturas, el efecto Blur de la velocidad, los detalles en los retrovisores y la sensación de velocidad, esa sensación que hizo grande a juegos como Sega Virtua Racing y más recientemente a la versión arcade de OutRun 2.

Es un concepto difícil de explicar, pero que cualquiera que haya jugado a un juego de coches lo nota al momento, la sensación de estar dentro del coche o de parecer que el coche flota en un circuito. Si alguna vez un volante podría hacerse necesario en un juego para disfrutarlo en su máximo esplendor, sin duda ésta sería una de esas veces.

Se ha implementado ademas que los choques tengan repercusiones sobre el rendimiento del coche, un modo guía que indica la trazada perfecta de cada circuito y una ayuda sobre el control de derrapes y frenadas que es la base auténtica de Need For Speed, al ajuste perfecto entre derrape y franada en los giros de 180º míticos de la saga. Todo ello desactivable o activable a gusto del consumidor.

La única falta del juego es que cuenta con los mejores modelos de cada casa excepto de Ferrari, ya que Microsoft ha adquirido a tocateja los derechos en exclusiva para Forza Motosport que saldrá para navidades.

Aún así, la espectacularidad y jugabilidad de este juego no tiene parangón en el género de la velocidad (sobre todo en Xbox que no goza de muchas franquicias de motor) en los últimos años, vuelve el arcade y la sensación de estar en un salón recreativo a los mandos de una mastodóntica máquina. Xbox 360 y PS3 están de enhorabuena.


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