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El 22 de noviembre de 2013 fue presentada Xbox One. La consola de Microsoft llegó precedida de una gran pompa mediática. Venía de un éxito enorme con la anterior generación y sólo tenía que continuar su línea de buen trabajo. Pero tropezaron.

Una serie de decisiones cuestionables —imponer la venta de Kinect con el pack— puso a la plataforma verde contra las cuerdas. Desde entonces ni siquiera han pasado tres años, pero tenemos delante un escenario completamente distinto: una consola que roza la perfección, como veréis más adelante.

La S de súper

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La S del nuevo modelo de Xbox One hace referencia a slim; también a small, elige el adjetivo que quieras. Una cosa es cierta: gran parte de la prensa gritó bien alto que este nuevo modelo no es más pequeño. Si comparamos el “bloque” respecto al viejo modelo, no, no es mucho más pequeña —un 39% para ser exactos—.

Pero hay un elemento que debemos tener en cuenta: un rectángulo de 16 x 7 x 4 centímetros, el transformador de corriente (una quinta parte del tamaño global) que en el primer modelo se montaba de manera externa y en el nuevo va incluido dentro, con el consiguiente extra de temperatura para el sistema. Esto redunda en una buena y en una mala noticia: el consumo de energía desciende de unos 108 vatios de media hasta los 74 —un 30% más eficiente— y el ruido ambiental asciende de los 44 decibelios hasta los 47. En ningún caso supone una molestia, ya que estamos ante una de las consolas más silenciosas de la historia.

Exteriores ibicencos…

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Es fácil quedarse prendado del nuevo diseño de Xbox One S. Es toda una lección de buen gusto, la materialización de Microsoft por consolidar una idea eficaz —la sobriedad funcional— sobre un hardware mucho más estilizado. El blanco es el nuevo negro, vaya.

Pero no se trata sólo de elementos ornamentales. La carcasa exterior, por ejemplo, aumenta la cantidad de puntos de absorción/expulsión de aire, refinando los bordes para que pase prácticamente desapercibido. En el frente superior se puede apreciar el ventilador, algo que sobre el modelo negro era imperceptible, pero de alguna manera ayuda a reforzar su estética.

Siguiendo con el packing, dentro de la caja nos encontramos con un detalle interesante: un soporte para colocar la consola en vertical. Resistente, con muescas redondeadas y con un diseño preciso para pasar desapercibido. También se incluye el cable de corriente, el mando, dos pilas Duracell de alto rendimiento y un HDMI de alta velocidad con total compatibilidad para televisores 4K UHD a 60 Hertzios. Echamos en falta, eso sí, un microUSB. Vale, todo el mundo tiene alguno en casa, pero no hubiese escalado el coste base del producto y nunca viene mal.

E interiores atezados

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La ingeniería para lograr esas dimensiones reducidas se debe, primeramente, al cambio de procesador, de 28 nanómetros a un chip de 16nm FinFET, responsable también del menor consumo y el calentamiento de la placa. El cambio de arquitectura también ha dejado espacio a un ventilador aún mayor que el del modelo original, algo de lo que los de Redmond no querían desprenderse, ya que es el elemento clave para lograr esos niveles de ruido tan bajos.

El músculo de la consola ha sufrido una transformación consecuente si comparamos, por ejemplo, con la mera revisión estética de su competidora directa con el modelo Slim. Sobre la mesa tenemos un dispositivo con salida predeterminada a 4K (3840×2160 píxeles). Ahora podemos elegir desde el menú entre salida a 720p, 1080p y 4K. Eso sí, las antiguas teles a 30 Hertzios no son compatibles. Todo por una experiencia de nueva generación.

La app de Blu-Ray también ha sido revisada, ya que ahora es compatible con discos UHD. ¿Y en qué se traduce esto? Pues, por un lado, tenemos el contenido en HDR, como ya distribuye Netflix en algunas de sus series. Pero, por desgracia, no es compatible con los nuevos formatos de audio DTS: X y Dolby Atmos, éste último convertido casi en un estándar para el sonido surround.

‘Forza Horizon 3’ se ve espectacular gracias al añadido del HDR. Si ya estábamos ante uno de los juegos de conducción más bellos de todos los tiempos, ahora tenemos delante un paraíso para la vista que funciona con una estabilidad envidiable. En un televisor Samsung Smart, modelo UE40KU6000K, se puede observar un cambio a simple vista respecto a la ausencia de 4K y HDR. Los escasos juegos que cuentan con este añadido sí se ven mas coloridos, definidos y con mayor intensidad en las sombras y en las secciones más oscuras del escenario.

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En cuanto a la partida técnica, como podéis ver se ha revisado el rendimiento del reloj GPU en un 7,1%, lo que redunda en una mayor velocidad de lectura. Si PlayStation 4 la ponía contra las cuerdas a la hora de arrojar resoluciones y frames por segundo, con este pequeño empujón nos encontramos con que las aplicaciones se ejecutan varias décimas antes, la navegación por el menú es rápida y limpia, y creemos que esto se traducirá en los test de rendimiento de los videojuegos lanzados en los meses venideros.

Xbox One S Xbox One
CPU 1.75GHz AMD Jaguar de ocho núcleos 1.75GHz AMD Jaguar de ocho núcleos
GPU 12 unidades de computación 12 unidades de computación
Reloj GPU 914MHz 853MHz
Rendimiento 1.4TeraFlops 1.31TeraFlops
Banda ancha ESRAM 219GB/s 204GB/s

El mejor mando posible

Es común oír entre los jugadores que el nuevo mando de Xbox es la perfección. Si el de 360, la anterior consola de Microsoft, ya aportaba todo lo que un jugador podía desear —peso, resistencia, ergonomía—, el nuevo modelo ha refinado cada detalle. Quienes tuvieran la primera Xbox One recordarán que el mando no contaba con salida de auriculares. Esto se solventó a los 6 meses y, desde entonces, todos cuentan con ese añadido.

Este modelo, igualmente en blanco, se ha revisado desde distintas perspectivas. El perfil frontal se ha suavizado, rebajándose el saliente de los botones centrales (Start y Select), y los gatillos delanteros y traseros tiene un recorrido ligeramente mejor modulado. Un cambio sutil pero que da mayor eficacia una vez estás jugando.

Además, este es compatible con PC vía Windows, sin necesidad de cable, simplemente usando su conexión Bluetooth. También funciona con el anterior modelo de Xbox One, por supuesto.

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Recortes inteligentes

Si su competidora directa, PlayStation 4, ha decidido prescindir de la salida óptica, un elemento que sentará muy mal a los usuarios de auriculares de gama alta, Xbox One S prescinde de la salida de Kinect, el eterno olvidado del que siempre hemos querido olvidarnos.

La migración de un perfil viejo al nuevo es automática e inmediata. En mi particular tenía todos los juegos instalados dentro de un disco duro externo y apenas tardan en mudarse de un sistema a otro. La disposición de los USB es mucho más coherente, dejando un slot USB 3.0 en la zona frontal ideal para cargar mandos y dos más en la sección trasera, ideal para conectar un SSD de alta velocidad.

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En nuestro veredicto final podemos decir que esta es la Xbox One que queremos tener, mucho más juvenil, energéticamente eficiente y coherente respecto al mercado de consolas y, en definitiva, que aporta al ecosistema de Microsoft un aliado lúdico complementándose como un guante gracias al streaming optimizado, al programa Xbox Play Anywhere y a la propia estética —no sólo por el kernel de Windows 10, el Xbox OS comparte hasta aplicaciones como Cortana—. Un paso adelante en cuanto a funcionalidad y rendimiento que es difícil dejar pasar.

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