El balance de blancos es uno de los ajustes menos conocidos entre los usuarios de cámaras compactas automáticas, ya que lo regulan automáticamente sin que nos percatemos de ello. Es, sin embargo, el primer dilema al que enfrentarse cuando tomamos una fotografía en modo manual, ya que el resultado final dependerá en gran parte de la correcta calibración e interpretación por parte del usuario.

Se trata de uno de los características que no se conocían en las antiguas cámaras compactas de película, ya que eran los laboratorios fabricantes los encargados de calibrarlo en el propio carrete, y es por los que aquellas fotografías interiores mostraban el familiar tono amarillo-rojizo, a menos que se utilizase algún tipo de filtro.

A grosso modo, el balance de blancos es la calibración de la temperatura del color blanco respecto a los demás tonos captados en la imagen. Con “temperatura de color” nos referimos a una medida universalizada para expresar el color de la luz predominante en una escena, y se mide en grados kelvin.

Siendo esta una pequeña guía para principiantes, aclarar que en la mayoría de ocasiones es suficiente con el modo automático de balance de blancos, excepto cuando un tono de color es predominante en la imagen, por ejemplo, paisajes nevados, días muy nublados, un atardecer, etc..

Para adecuarnos a las distintas situaciones de luz ambiente, los dispositivos fotográficos ofrecen siete configuraciones por defecto, cada una de ellas unida a un rango de temperatura de color. Elegiremos uno u otro dependiendo de las siguientes situaciones:

Interiores o lámpara de tungsteno o incandescentes
El ajuste se hace presumiendo que realizamos la fotografía en un espacio interior iluminado por bombillas.

Fluorescente
Si se trata de un espacio interior iluminado por tubos fluorescentes o bombillas de bajo consumo con luz fría o azulada.

Soleado
Para fotografías en exteriores o interiores muy iluminados con luz natural.

Nubes
Se utiliza en caso de exteriores con el cielo muy cubierto, y escasa iluminación.

Sombras
No aparece en todos los dispositivos, y se utiliza en aquellas circunstancias en que las sombras son muy pronunciadas o predominantes, como pueden ser fotografías a cotra luz o con la fuente de iluminación muy lateral.

Flash
Con esta configuración compensaremos el tono amarillento que puede imprimir el uso del flash a la imagen final. Es poco útil cuando se utiliza el flash de relleno, pero de uso casi imprescindible cuando tomamos una imagen utilizando flash en un entorno sumido en la oscuridad.

Puede darse también, dependiendo de la cámara fotográfica, un ajuste manual de blancos, en el que deberemos introducir el valor correcto del blanco de manera manual. Puede hacerse mediante un simple enfoque a un objeto de color blanco. Un pequeño truco de los profesionales, consiste en utilizar un filtro de café delante del objetivo para tomar este como referencia, ya que la textura rugosa y translúcida es muy conveniente para esta calibración.

Como último consejo, añadir que existe un método de balance de blancos posterior a la toma de la fotografía: Si disponemos de una cámara que permita la realización de instantáneas en formato RAW,  no tendremos que preocuparnos de estos ajustes, al menos en ese momento, ya que tendremos la opción de modificarlo en la edición posterior mediante aplicaciones distribuidas al efecto.


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