Las fotografías en modo macro son  las realizadas aumentando la realidad captada por el objetivo, hasta diez veces su tamaño, de forma que podemos apreciar ciertos detalles que difícilmente llegaría a captar el ojo humano.

Flores, insectos y pequeños objetos de uso cotidiano son los motivos más frecuentemente retratados, ya que gracias a su colorido y variedad de pequeños detalles, se consiguen unos resultados sin duda fascinantes.

Si eres de los que gustan experimentar con una cámara fotográfica y, además el dispositivo cuenta con algún modo más o menos manual, te proponemos cinco  consejos para obtener resultados sorprendentes. Bienvenido al mundo de la fotomacrografía:

Primero

Hazte con el equipo adecuado. La mejor opción es una cámara reflex, a la que podemos añadir objetivos macro, que son los específicos para este tipo de fotografías.

En las cámaras compactas, lo más recomendable es  con accesorios diseñados de manera individualizada para ese modelo de cámara, por lo que, a la larga, es coste es más elevado. En caso de no disponer de ellos,  podemos suplirlo, sencillamente  acercándonos al objeto a fotografiar hasta la distancia mínima de enfoque.

El trípode es herramienta imprescindible, ya que a tan escasa distancia  el riesgo de mover la cámara es muy alto, arruinando una toma que podría ser perfecta.

No te olvides tampoco de limpiar metódicamente la cámara, ya que cualquier mancha, mota o fibra en el objetivo, producirá un efecto borroso en la fotografía.

Segundo

Utiliza el modo macro. En las cámaras compactas, el uso del modo automático conlleva dejar a la elección de nuestro dispositivo, diversos parámetros que pueden ser importantes en este modo tan específico de fotografía.

La profundidad de campo, la distancia focal, la velocidad de obturación y el uso del flash , exigen ciertos parámetros exclusivos para las tomas a corta distancia, automatizándose todo ello en el modo macro. El dibujo de una pequeña flor en el dial de modos, suele ser el símbolo que la mayoría de fabricantes utilizan para este modo.

Tercero

Nunca uses el flash, al menos el integrado en la cámara, ya que a tan cortas distancias, la separación entre el objetivo y la fuente de luz lo hace ineficaz.

Una luz difusa reflejada en una cartulina o pantalla blanca es lo ideal para este tipo de fotografías, en caso de necesitar iluminación adicional, con lo que evitaremos el efecto quemado por la sobreexposición.

Para los más novatos, es casi obligatorio que este tipo de fotografías se tomen a plena luz del día, intentando enfocar desde un ángulo en el que las sombras no produzcan excesivo contraste. Tendremos en cuenta además, la propia sombra que pueda producir nuestras cámara o manos, que produce un efecto muy antiestético.

Cuarto

Juega con la distancia. En la fotomacrografía es habitual moverse en las distancias  cortas, que van de uno a treinta centímetros, lo que implica consecuencias que deberemos tener en cuenta para el resultado final, siendo la más importante, la disminución la profundidad de campo.

En las cámaras compactas, y debido a su pequeño chip CCD, la excesiva profundidad de campo se convierte en una virtud para este tipo de tomas, permitiendo obtener resultados nítidos, sin necesidad de jugar con lentes.

Para lograrlo deberemos contar con una buena iluminación, a poder ser la de la luz del día, con lo que lograremos una apertura de lente lo más reducida posible. En caso de que la apertura sea manual, optaremos por la menor de todas.

El enfoque será puntual, y localizado en la mitad del objeto a retratar. Ese punto medio de enfoque será el más nítido de la foto, distorsionando y volviéndose más borroso a medida que nos alejamos hacia la periferia.

Quinto

Presta especial atención al fondo. En retratos de la naturaleza, tales como insectos y flores vivas, no existe mejor fondo que el propio entorno, a poder ser con un grado de desenfoque tal que los colores comiencen a mezclarse entre sí.

En naturaleza muerta u objetos inanimados, la elección del color, textura y brillo del fondo es fundamental para lograr una toma profesional. Empieza por colores neutros como grises, y texturas porosas que no reflejen excesivamente la luz, para que la atención del espectador se centre en el objeto.