La batería es el talón de Aquiles de muchos de nuestros dispositivos electrónicos. Especialmente los smartphones, pero los portátiles, las tabletas, los wearables o las cámaras de fotos también pueden “dejarnos tirados” en un momento dado.

El verano es un tiempo en el que cambiamos nuestros hábitos, pasamos más tiempo fuera de casa alejados de puntos de carga como los de la oficina o el coche y dejamos que la batería se consuma de un modo constante, generalmente coincidiendo con un uso más intenso y frecuente de los dispositivos.

Si hacemos más deporte, pondremos a prueba a los wearables, por ejemplo. Si hacemos más fotos, las cámaras o los smartphones sufrirán las consecuencias en forma de una descarga más rápida de la batería. Con los portátiles, si vemos películas, jugamos o navegamos en Internet tendremos también que manejar la autonomía con cuidado.

En general, los días duran más, nos dedicamos a realizar actividades lúdicas propicias para el uso de la tecnología, y no estamos acostumbrados a prestar atención al icono de carga de la batería. Lo cual puede hacer que acabemos pidiendo un taxi con el terminal de otros.

Nuevos hábitos para el verano

Con todo, muchos de los problemas de autonomía de nuestros dispositivos se pueden solucionar sin más que adoptar algunas medidas básicas de contención del gasto energético, junto con hacernos con elementos que nos ayuden a aprovechar cualquier momento para dar un poco de energía a nuestros gadgets.

La carga rápida es una tendencia muy útil de cara a llegar al final del día operativos, y en contra de lo que a veces se pueda pensar, no daña a las baterías cargar un dispositivo durante cinco o diez minutos, aunque esté, digamos, al 50% de su capacidad. Si conseguimos llegar al 60% eso que habremos ganado, sin que la batería se degrade.

En casos como los wearables, es importante ser constantes en las rutinas de carga, sobre todo, de los smartwatches. En uno o dos días a lo sumo, sin usar el GPS ni hacer alardes especialmente notables, la batería de un smartwatch estará KO. Así que más vale que llevemos el cargador a la mano y lo usemos por las noches sin que se nos olvide poner los wearables a cargar antes de dormirnos. Tienen poca capacidad, y se cargan rápido, pero no suelen usar sistemas estándar para los cables, en favor de sistemas inalámbricos propietarios.

Los cuantificadores de actividad o los relojes deportivos no-smart gestionan mejor la batería con más de una semana de duración de la carga en funcionamiento normal. Así que en estos casos, si vamos a estar fuera menos de una semana, no necesitaremos llevar el cargador.

Lleva el cable siempre encima

Preferiblemente un cable adicional al que tengas en casa. De este modo, si lo pierdes, no tendrás que buscar otro de urgencia. Y sí, los cables pueden extraviarse, dejarse olvidados o romperse. En la actualidad suelen ser ya todos USB-C. Si tienes algún dispositivo con microUSB, lo más práctico es llevar un adaptador de USB-C a microUSB y usar un único cable.

Lleva también el cargador: la carga rápida solo funciona, en muchos casos, con el cargador que traiga el dispositivo. Así que, si quieres aprovechar esta funcionalidad, necesitas llevar el adaptador original compatible. De especial importancia es llevar encima el cargador para wearables, así como para cámaras digitales, que tampoco se prodigan en la estandarización de los métodos de carga de sus baterías.

Hazte con un powerbank

Los powerbank se han convertido en un accesorio fundamental para que la experiencia de uso de nuestros dispositivos dure todo el día. La capacidad, cuanta más mejor, desde luego, aunque hay que llegar a una solución de compromiso entre tamaño y peso. Recuerda que la capacidad “real” viene a ser de dos terceras partes del total nominal. Así que, para un powerbank de 5.000 mAh, la capacidad real será de unos 4.000 mAh.

En un powerbank puedes cargar tanto móviles como wearables, e incluso tabletas. Lo suyo es cargarlo por la noche para que, cuando lo lleves encima, esté cargado al máximo. Además los powerbanks tardan varias horas en estar completamente repuestos.

Los powerbanks solares son atractivos, pero no te dejes llevar por el entusiasmo: tardan más de diez horas a pleno sol en cargarse, por ejemplo. Son útiles, pero no son la panacea en el día a día. También se pueden cargar de un modo convencional, claro.

Comparte y vencerás

No te olvides de que los smartphones y los portátiles permiten ya en muchos casos su funcionamiento como powerbanks. Si tienes un portátil y quieres cargar el móvil o el smartwatch, generalmente tendrás un puerto USB “activo” incluso si el laptop está en modos suspendido.

En los smartphones también es posible en un número creciente de modelos convertir el conector microUSB o USB-C en un puerto de carga para, digamos, un smartwatch. Para que te hagas una idea, un wearable tiene una batería de unos 400 mAh. Un smartphone suele llevar baterías de 3.000 mAh, así que tenemos margen para compartir energía usando un cable USB OTG (On the GO).

Un portátil tiene entre 30.000 mAh y 70.000 mAh, así que imagina la cantidad de energía que tienes disponible. Eso sí, la carga no siempre será rápida, por lo que tendrás que esperar más tiempo a tener el smartphone listo y al cien por cien.

Dos mejor que una

Nos referimos a baterías, y especialmente para las cámaras de fotos. Las cámaras digitales compactas o las EVIL suelen consumir energía muy rápido a poco que se grabe vídeo, se use la pantalla para encuadrar y ver los resultados o se use la conexión WiFi para compartir las fotos y los vídeos en Internet.

En estos casos, la solución óptima es tener una o dos baterías extra a mano. Por supuesto, tendrás que cargar las que se hubieran gastado para que, al día siguiente volvamos a estar cubiertos para las sesiones de fotos.

Las cámaras SLR son las que muestran un mejor comportamiento en cuanto a uso de energía, con hasta más de 700 fotos con una única carga, pero las que integran más electrónica pasan factura en este punto.

Usa el modo avión y de ahorro de energía

En los casos en los que la batería esté por debajo de cierto punto, un modo de ahorrar energía es activando el modo avión. Las comunicaciones inalámbricas son responsables de una parte importante del consumo energético de nuestros dispositivos, así que, en caso de necesidad, es una forma de prolongar el uso del dispositivo algo más. Si no puedes prescindir de la conectividad móvil, desactiva NFC, Bluetooth y usa WiFi preferiblemente en vez de 3G o 4G.

En algunos wearables, como los smartwatches, puedes tener modos de ahorro de energía extremo en el que, por ejemplo, solo podemos ver la hora y contar pasos. Es lo que sucede, por ejemplo, en el Huawei Watch 2, con hasta varias semanas de uso en este modo. Es poco “smart”, pero al menos el dispositivo nos dará la hora.

Los modos de ahorro de energía extremos, que también puedes encontrar en los smartphones, son poco recomendables en general al limitar la funcionalidad de los dispositivos, pero en ocasiones son la única forma de seguir usando la tecnología.

No expongas los dispositivos al sol o el frío

Tanto las bajas temperaturas como las altas perjudican el comportamiento de las baterías. Así que trata de evitar que el sol incida directamente en el móvil, el portátil o la cámara de fotos. Otro tanto de lo mismo se aplica para las bajas temperaturas. No solo es un consejo para ahorrar batería, por supuesto: es una precaución que tendremos que tener de forma habitual.

No en vano, el sol puede dañar permanentemente la vida útil de la batería si hace que su temperatura aumente por encima de límites razonables. E incluso dañar la carcasa o la pintura de los dispositivos.

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