El primer paso tiene que ver con el materal necesario, o al menos aconsejable, para captar toda la belleza de las tormentas eléctricas: – Coloca la cámara en el trípode: Si no tienes trípode, intenta apoyarla en alguna superficie para que permanezca inmóvil mientras se toma la fotografía. – Utiliza un cable disparador o control remoto: En combinación con el trípode nos permite evitar cualquier posible trepidación durante la toma. Si no dispones de uno, también puedes utilizar el temporizador de la cámara

Enfoca al infinito: El enfoque automático y la oscuridad no suelen ser buenos amigos, así que lo más sencillo y rápido es seleccionar el modo manual y ajustarlo para enfocar al infinito (identificado comúnmente con el símbolo ?). Nota: El único problema que podéis encontrar en este punto es que vuestro objetivo no tenga señalado el punto de infinito en el anillo de enfoque o que, aunque lo tenga, no sea el real (a veces se encuentra ligeramente desplazado a la derecha o la izquierda). Para solventarlo, tan solo tenéis que acordaros un día cualquiera de apuntar con el enfoque automático al horizonte y señalar donde lo ajusta el objetivo. En el caso de las compactas, probad a buscar una opción entre sus menús para forzar el enfoque al infinito.

Compón la escena: Dedícale unos minutos a observar la tormenta y su posición respecto al paisaje para apuntar con la cámara al núcleo de mayor actividad eléctrica o las nubes más interesantes. Salvo casos muy particulares donde el entorno juegue un papel importante en la imagen (rascacielos, montañas, arboleda, reflejos en el mar…) le cederemos el protagonismo al cielo, ocupando con él unos dos tercios de la imagen (o incluso más en función de la escena).

Ajusta la sensibilidad y la apertura: Lo ideal suele ser seleccionar valores entre f/2.8 y f/5.6 a la menor sensibilidad que permita nuestra cámara, ISO 100 o 200 por norma general. De todos modos, lo bueno de las cámaras digitales es que si ves que la imagen sale subexpuesta aumenta la apertura, y si está sobreexpuesta redúcela. Nota: Aunque estos pasos están principalmente orientados a las tormentas nocturnas, tan solo tenéis que realizar algunos pequeños cambios en caso de que se trate de un día muy nublado (ajustando aperturas entre f/11 y f/16). Por el contrario, si existe mucha claridad habrá que cambiar de táctica por completo al no poder realizar exposiciones largas sin sobreexponer la fotografía, siendo mucho más sencillo enfocar y componer la escena.

Ajusta la velocidad a Bulb (B): A menos que tengáis algún sexto sentido paranormal, difícilmente podréis anticiparos al momento preciso en el que caerá un rayo. Por suerte, muchas cámaras cuenta con el modo Bulb que con frecuencia aparece al seleccionar una velocidad superior a los 30 segundos. Su funcionamiento varía de una marca a otra y mientras que en Canon mantiene el obturador abierto mientras pulsemos el disparador, en Nikon lo hace abriéndolo con una primera pulsación y cerrándolo con una segunda. En cualquier caso, la idea es sencilla: forzar la cámara a seguir registrando la entrada de luz (o más bien, la ausencia de ella en el caso ideal de encontrarnos en un área sin ningún tipo de iluminación artificial) hasta que caiga un rayo. Cuando esto suceda podremos finalizar la fotografía o aguantarla un rato más con la intención de capturar varios destellos en una única imagen. Los tiempos recomendables varían en función de lo cerca o lejos que nos encontremos de la tormenta: unos 15 segundos como máximo si la tenemos cerca y podemos apreciar el movimiento de las nubes (no queremos que aparezca borrosas, con especial riesgo en caso de sacar más de un rayo), o entre 20 segundos y 2 minutos si está lejos. Si en ese tiempo no hay suerte y no cae ningún rayo, no pasa nada, borra la imagen y vuelve a empezar.


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