A día de hoy resulta muy sencillo crear e imprimir nuestros propios álbumes de fotografía en nuestro ordenador. Los programas son cada vez más sencillos y la calidad que ofrecen las impresoras es lo suficientemente buena como para realizar todo el proceso de creación desde nuestra casa. Aunque es sencillo, también existen trucos para mejorar la calidad de nuestras fotografías y crear álbumes con un mejor acabado.

Cuidar el tamaño de la fotografía

Aunque a día de hoy las cámaras fotográficas ofrecen una calidad realmente buena hay que conocer los tamaños y las resoluciones con las que vamos a trabajar para no pasarnos ni tampoco quedarnos corto. Si por ejemplo nuestras fotos van a ser pequeñas podemos reducir más el tamaño de la fotografía a 1600×1200 píxeles o 2048×1536. Si queremos imprimirlas más grandes podemos optar por tamaños más altos como 3008×1960.
La resolución es muy importante

En cuanto a la densidad de píxeles, lo mejor es siempre trabajar con 120 píxeles por pulgada como mínimo. Si trabajamos con menos se notará más el píxel en la fotografía, es decir, se verá un poco más cuadriculada y podremos apreciar los puntos. A día de hoy cualquier cámara es capaz de trabajar con este tipo de resoluciones por lo que no tendremos problemas a la hora imprimir las fotografías. A nivel profesional se utiliza mucho 300 píxeles por pulgada y aunque la calidad es realmente buena es difícil trabajar con ese tipo de archivos si no tenemos un ordenador más o menos potente.

Elegir el formato de archivo ideal

Ver en qué archivo vamos a guardar nuestras fotos es muy importante. Normalmente se suele trabajar con JPEG en alta calidad. Nunca guardaremos las fotos en PNG porque este tipo de archivos está orientado a otro tipo de imágenes como ilustraciones basadas en trazos. El JPEG es un buen formato de archivo y tiene una buena relación calidad/tamaño, pero si no queremos perder calidad, lo mejor es guardar los archivos en formato TIFF sin compresión. Son un poco más grandes pero así no perderemos apenas calidad.

Por último, recordad que siempre que vayamos a imprimir, es bueno asegurarse que los archivos estén en sistema de color CMYK y no RGB. Podemos hacer una rápida comprobación con herramientas de retoque pero generalmente las cámaras siempre guardan sus archivos en CMYK. Este dato es importante porque es el perfil que utiliza la impresora y así obtendremos unos tonos idénticos a cómo se tomó la foto.

Unos pequeños retoques pueden mejorar mucho una foto

El retoque digital de la fotografía es un mundo muy grande y dominarlo puede llevar muchas horas. Sin embargo, para realizar pequeños retoques no hace falta ser un experto y con un poco de ayuda y las herramientas apropiadas podemos arreglar el balance de blancos, poner recta una foto que ha salido tumbada y corregir los ojos rojos entre otras mejoras. Existen muchas alternativas como GIMP, Photoshop, las herramientas de edición que vienen en Mac OS y Windows o incluso el software que incluyen algunas impresoras. Lo fundamental es dar con las herramientas que más se ajusten a nuestras necesidades y habilidad, pero el abanico de posibilidades es bastante grande.

Elige el papel más conveniente para tu álbum

Aunque normalmente cuando trabajamos con impresoras lo hacemos con folios normales, es importante elegir el papel para nuestros álbumes de fotografías. Al tener más colores y más superficie impresa es conveniente comprar papel fotográfico, un poco más grueso que los folios normales y con un acabado bastante mejor para darnos un toque de brillo o mate. Es cierto que este material es un poco más caro que el papel normal pero el resultado bien merece la pena.