La tecnología, en general, no se lleva bien con los líquidos. Todo lo contrario, el contacto con el agua incluso a veces la de la lluvia si es especialmente fuerte puede hacer que nuestro flamante smartphone pase a mejor vida si tenemos la mala suerte de que se cortocircuite algún componente esencial para su funcionamiento.

Con suerte, usando algunos trucos, como el de meter el smartphone en arroz, podremos revivirlo, pero no es una ciencia exacta, ni mucho menos. Y la garantía no cubre este tipo de incidentes en la mayor parte de los casos, salvo que contrates un seguro adicional, lo cual supone un coste añadido.

El verano suele ser una época especial en lo que al uso de la tecnología se refiere, especialmente si nos decidimos a pasar las vacaciones en la playa o practicando actividades al aire libre. Este tipo de actividades suponen un reto para nuestros dispositivos, al estar más expuestos a elementos especialmente agresivos para la electrónica.

Es entonces cuando podemos echar especialmente de menos en nuestro móvil ese extra de resistencia a las inclemencias del tiempo y los elementos, pero no está de más extender este sentimiento al resto del año y pensar si la resistencia al agua es una característica de la que nos podemos beneficiar durante todo el año.

Tipos de resistencia al agua

Generalmente, la resistencia al agua por parte de los dispositivos electrónicos, viene indicada por algún tipo de certificación. En los relojes encontramos la conocida leyenda “WR 50m”, por ejemplo, para modelos que aguantan salpicaduras y la ducha, “WR 100m” o incluso su medida en atmósferas de presión como “10 atm”.

En los smartphones y otros dispositivos electrónicos, no se usa esta nomenclatura. En su lugar se usa el grado de protección IP (del inglés Ingress Protection, o protección de ingreso). Este grado de protección indica cuán difícil es para partículas sólidas y para líquidos, introducirse dentro de un dispositivo.

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El índice IP se acompaña de dos dígitos (IPxx). El primero hace referencia a la protección frente a partículas sólidas y el segundo frente a líquidos. Cuanto mayor sea el número, mejor la protección. En el primer dígito el máximo es 6 y en el segundo, el máximo es 9, siendo el mínimo el valor cero.

Un valor típico en dispositivos electrónicos es IP67, que indica que no entra nada de polvo y el equipo puede sumergirse totalmente hasta 1 metro durante media hora. O IP68, similar, aunque el tiempo de inmersión queda al albedrío del fabricante. Es el caso de los smartphones Sony Xperia Z o Galaxy S7 de Samsung, por ejemplo. La cámara Gear 360 de Samsung, por su parte, está certificada como IP53, lo cual significa que puede entrar polvo, aunque sin que sea peligroso para su funcionamiento. Además resiste agua nebulizada, pero no a chorro.

Las contrapartidas de la impermeabilidad

Elegir un móvil que sea resistente al agua tiene algunas potenciales contrapartidas. Al menos en un primer momento, a nivel de diseño, podemos encontrar que el tamaño es mayor que el de un móvil no impermeabilizado. O que los conectores están cubiertos por tapas protectoras. Es el caso de los primeros Sony Xperia Z, unos de los pioneros en la impermeabilización de terminales móviles y tabletas.

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A día de hoy, móviles como el Galaxy S7 no presentan contrapartidas de diseño por motivo de su certificación IP68. Son delgados, el conector de alimentación está descubierto, y aun siendo sumergible incluye elementos como la pantalla curvada en los laterales.

En principio podemos pensar que la impermeabilidad también supone un incremento de precio, aunque esta es otra contrapartida que está dejando de ser así. Terminales como el Motorola Moto G (de tercera generación) ofrecen certificación IPX7 por un precio de menos de 200€, por ejemplo. Motorola no dice que sea sumergible “a conciencia”, pero sí que aguanta caídas accidentales en agua y salpicaduras fuertes.

Así pues, las potenciales contrapartidas no son tales en la práctica, o al menos, no son tan graves como pudiéramos pensar.

Cómo podemos beneficiarnos de la impermeabilidad

En el día a día y no solo en vacaciones, un teléfono resistente al agua es una propuesta que no debería pasar desapercibida. En climas lluviosos, sin ir más lejos, un chaparrón fuerte puede ser motivo de avería en nuestro móvil. O al menos de un susto si conseguimos revivirlo. Incluso un exceso de humedad puede ser motivo de que se averíe algún componente.

No podemos olvidarnos de accidentes en lugares como el baño o la cocina, más frecuentes de lo que pensamos. Una inmersión completa de un smartphone en el lavabo supondrá su final con casi total seguridad.

Sin entrar en accidentes, pasando a usos prácticos de la impermeabilidad, tenemos la posibilidad de usar los terminales en situaciones en las que, de otro modo, no podríamos. Imagina que estás cocinando y quieres consultar una receta con las manos mojadas o manchadas. O imagina que quieres usar el terminal mientras llueve para hacer una foto con el encanto añadido de la lluvia como fondo. Con un terminal impermeable podrás hacerlo con seguridad.

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En otras circunstancias menos habituales también puede ser útil la impermeabilidad. Por ejemplo, si nuestro terminal sufre algún calentón veraniego, podremos meterlo debajo del grifo para enfriarlo rápidamente. Puede parecer una tontería, pero es una forma efectiva de refrigeración en casos de emergencia.

De hecho, para lavar el móvil sin miramientos, nada mejor que un chorro de agua, con cuidado de no arañar el cristal de la pantalla o el metal de la carcasa con partículas de arena o suciedad, eso sí. O incluso para hacer alguna foto o grabar vídeo mientras bañamos a los más peques de la casa.

Si te gusta el deporte, un móvil resistente al agua también resistirá el sudor y las inclemencias del tiempo mientras practicas tu actividad favorita, como correr o caminar. Y además, podrás lavar el terminal al final de la sesión para dejarlo como nuevo y reluciente. Eso sí, recuerda que con la pantalla mojada, la tactilidad no siempre es la mejor ni la más precisa. Así que, si quieres usar el móvil cuando está mojado o bajo el agua tendrás que ser ingenioso y usar el temporizador de la cámara, por ejemplo.

Alternativas a la impermeabilidad nativa

Si nuestro terminal no es impermeable de forma nativa, existen métodos para hacer que lo sea. Eso sí, usando algún tipo de carcasa o funda. Existen propuestas de muy buena factura en este capítulo, ya sea mediante carcasas específicas para determinados modelos de móvil o mediante fundas genéricas para smartphones con un determinado tamaño.

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Eso sí, las fundas añaden un extra de tamaño y ocultan la estética del terminal. Por no hablar del capítulo de la temperatura: una funda perjudica la refrigeración de los terminales, lo cual puede hacer que se calienten con más facilidad que sin ella. Tenlo en cuenta a la hora de elegir una funda o de usarla de forma cotidiana.

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En otro orden de cosas y dentro de otra categoría, están los móviles “rugerizados”, un término adoptado del inglés que indica que un dispositivo es especialmente resistente, no solo al agua, sino también a golpes y caídas. En este caso, sí que encontramos que estos terminales exhiben un diseño mucho menos refinado que sus equivalente sin “rugerizar”. La ventaja es su mayor durabilidad, aunque son más grandes, pesados y no tan bonitos estéticamente. Fabricantes como Samsung tienen versiones de este tipo de terminales como los Galaxy S7 Active (en la foto de arriba). Por opciones que no quede.

Así pues, recuerda que la impermeabilidad no solo es útil en verano. Durante todo el año se puede sacar partido de esta cualidad, no demasiado frecuente, pero sí es muy de agradecer por parte de quienes tienen un terminal con estas características.


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