A tener en cuenta: A diferencia de los discos magnéticos, los SSD no utilizan mecanismos móviles, por lo que su manejo y manipulación no requiere especial cuidado, siendo capaces de resistir golpes moderados, por lo que son ideales para dispositivos portátiles. Es de señalar la relación tamaño de la memoria con precio, hoy en día algo elevada pero asequible a usuarios amateurs, por lo que hemos de tener suma cautela a la hora de elegirlo, no quedándonos cortos por unos pocos euros. Un mínimo de 65 GB es más que suficiente para instalar nuestro Sistema Operativo junto a las principales aplicaciones, pudiendo optar por un Disco Duro externo que nos sirva de soporte para los grandes archivos multimedia. Aunque muchas de las piezas son fabricadas a medida, el SSD, discos duros y las memorias RAM siguen unos pocos estándares de fabricación, lo que nos facilitará la tarea a la hora de elegir el componente. Antes de nada hemos de revisar las especificaciones técnicas y elegir el formato adecuado. Este es quizá el punto más importante a tener en cuenta.

Necesitaremos un destornillador de precisión de los que tienen el mango giratorio, parecidos a los utilizados para arreglar relojes, y una pequeña dosis de paciencia y buen pulso. Nunca hemos de desmontar la carcasa, ya que muchas piezas están instaladas a presión y sería casi imposible cerrarlo de nuevo sin que nos sobrase uno o dos componentes. En la gran mayoría de las marcas, existe una pequeña taba bajo el teclado para cambiar los componentes más comunes. El SSD más utilizado en estos equipos suele ser de 2,5 pulgadas de diagonal con interfaz SATA II, y actualmente SATA 3, siendo una minoría los fabricados en medidas mayores, al contrario que el Hard Disk tradicional.

Hemos de abrir cuidadosamente la pequeña tapa. Normalmente está sujeta por dos pequeños tornillos de estrella, que no serán obstáculo para un destornillador de precisión. Una vez quitada la tapa, hemos de desmontar una pestaña de metal que recubre la unidad de memoria. Comprobamos si necesita destornillar o simplemente deslizar el destornillador para que salga con un con un pequeño chasquido. Ahora podemos sacar una pequeña lengüeta adherida a la unidad a cambiar y que sirve precisamente para sacarlo de su compartimiento.

Con el disco duro en las manos, hemos de desmontar la carcasa a la que va adherida la lengüeta para ponerla luego en el nuevo. Es muy importante en este paso descargar la electricidad estática que podamos tener, tocando alguna pieza metálica sin pintura que encontremos a nuestro alrededor. Cambiamos la carcasa al nuevo disco y atornillamos otra vez.

Introducimos con cuidado el disco, hasta que se acoplen las conexiones. Solo hay una forma de que encajen gracias a un pequeño reborde, por lo que no debemos forzar mucho al introducirlo. Se atornilla también la pestaña de metal que recubre al disco de manera inversa a los pasos anteriores, hasta cerrar la tapa. Ahora tan solo nos queda actualizar la BIOS para que reconozca el nuevo componente si es necesario, y nuestro Sistema Operativo volará, literalmente, gracias a uno de los componentes más novedosos, y caros, con los que podemos mejorar nuestro Laptop.


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