Uno de los aspectos tecnológicos que más interfieren con la experiencia de uso de los dispositivos electrónicos que usamos en movilidad es la autonomía de sus baterías. Si nos quedamos sin energía, no podremos hacer uso ni de un e-reader, ni de un smartwatch, ni de un portátil y, especialmente, no podremos hacer uso del smartphone. Teniendo en cuenta el nivel de dependencia que tenemos de nuestro móvil, quedarse sin batería es un inconveniente que tratamos de evitar a toda costa, ya sea cargando con power banks, o limitando el uso del terminal cuando el porcentaje de carga empieza a ser preocupante.

La solución evidente pasa por hacer que las baterías tengan mayor autonomía. Lo cual significa también que tengan más capacidad. Otra opción es hacer que los dispositivos consuman menos energía. En ambos casos nos topamos con obstáculos difíciles de superar con la tecnología actual. En las baterías, la energía se almacena químicamente, no electrónicamente. Y la química es menos previsible y más “azarosa” que la electrónica. Así, en el caso de que pudiésemos aumentar la densidad de energía almacenada en una batería, de modo que ocupando el mismo espacio almacenase el doble o el triple de energía, tendríamos poco menos que una bomba en nuestro bolsillo.

Las certificaciones de seguridad para una batería así, serían tan exigentes, que resultaría complicado usarlas en cientos de millones de smartphones. La reducción de consumo de los dispositivos, por otro lado, conlleva una reducción del rendimiento. A menor consumo, menos potencia de cálculo tienen los sistemas electrónicos: las antenas tienen menos alcance, los procesadores gráficos procesan menos frames por segundo y las CPUs hacen menos cálculos.

Además, si pensamos en aumentar la capacidad de una batería, otro problema colateral es el del aumento de tamaño y peso de los dispositivos. Así como el aumento del tiempo de carga de una batería mayor. Pero, precisamente este aspecto es el que ha ido mejorando exponencialmente en los últimos años.

¿Qué es la carga rápida?: manejando los electrones con precisión quirúrgica

La carga rápida se presenta como una solución de compromiso ante la dificultad para aumentar la capacidad de las baterías. Si se consigue reducir el tiempo que necesitamos para reponer la energía consumida, el usuario percibirá la carga como una actividad que puede realzar mientras, por ejemplo, toma un café. No es lo mismo estar cargando el móvil una hora y reponer un 25% que cargarlo media hora y reponer el 50%. Puede parecer que es una solución evidente y sencilla. Pero cargar rápidamente una batería no es tarea fácil. Es más, la carga rápida solo es posible con la intervención del procesador y usando un cargador que sea capaz de “recibir” las órdenes del móvil en lo que concierne a corriente y voltaje de carga.

super charge

Cómo funciona la carga rápida

Para conseguir que la batería se cargue a velocidades de más del 50% de la capacidad total en media hora o incluso menos tiempo, hay que inyectar la energía a un ritmo muy elevado. Si una batería tiene una capacidad de 4.000 mAh, habrá que proporcionar 2.000 mA en media hora. Es decir, 2 Amperios en media hora. Pero las baterías se calientan cuando se les inyecta la energía. Para evitar que la temperatura aumente en exceso, los móviles controlan su incremento y van regulando la inyección de energía para que el proceso sea seguro. y sin llegar a calentarse en exceso Además, a medida que se alcanza el 100%, se reduce la cantidad de energía que se inyecta, para evitar sobrecargas. Es decir, la carga hasta el 50% es más rápida que desde el 50% al 100%.

Tipos de tecnología de carga rápida

Cada fabricante diseña sus tecnologías de carga rápida, usando algoritmos gestionados por el procesador y el cargador. De hecho, para beneficiarse de la carga rápida de un terminal, habrá que tener un cargador compatible con la tecnología que se use. Estos cargadores proporcionan diferentes combinaciones de voltaje y corriente, como 5 Voltios y 2 Amperios, o 5 Voltios y 4,5 Amperios. En el primer caso se entrega una potencia de 10 Vatios (5 x 2 =10) y en el segundo, 22,5 Vatios (5 x 4,5 = 22,5) .  Qualcomm integra en sus procesadores la tecnología Quick Charge, que ya va por la carta versión. En esta cuarta versión, se puede reponer el 50% de la energía del terminal en solo 15 minutos.

carga rapida e inalambrica

OPPO tiene la tecnología Super VOOC, que promete cargar el 100% de la capacidad en solo 35 minutos. Huawei con Super Charge permite cargar más del 50% de una batería de 4.000 mAh en media hora y parece que los siguientes terminales Mate 20 podrán cargar el 90% en solo 30 minutos. Samsung tiene la tecnología Fast Charging y Apple también permite cargar un 50% de la batería en 30 minutos, aunque los cargadores necesarios para ello no vienen con los terminales y hay que comprarlos aparte. Por supuesto estos tiempos dependen de la capacidad de la batería. Una batería menor tarda menos tiempo en cargarse. De todos modos, la tendencia es la de usar baterías de entre 3.400 mAh y 4.000 mAh.

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En todos los casos, se usan cargadores “propietarios”, aunque ya se empiezan a usar cargadores compatibles con la especificación USB Power Delivery, un estándar que define cómo los cargadores entregan energía a los dispositivos usando diferentes niveles de potencia. Concretamente, en la versión 3.0 de Power Delivery hay cuatro “tramos”: 7,5W, entre 7,5W y 15W, entre 15W y 27W, entre 27W y 45W y entre 45W y 100W.

Lo que todos los fabricantes tienen claro es que la seguridad es prioritaria. Y los dispositivos supeditan la velocidad de carga a los algoritmos de carga y a la temperatura de la batería.

Carga inalámbrica: depende del momento

Las baterías pueden cargarse a través de un cable, que es la forma clásica y comúnmente aceptada. Pero también pueden cargarse inalámbricamente en algunos dispositivos. Se usa tecnología de inducción, en la que una base “emite” la energía” y el smartphone, a través de una bobina plana instalada en la carcasa, la recibe convirtiéndola en una corriente y voltaje capaces de cargar la batería.

La presencia de carga inalámbrica depende de factores como el material de la carcasa. Los móviles con carcasas metálicas no permiten que la inducción funcione. Los de cristal sí. De todos modos, solo algunos fabricantes se deciden a usar esta tecnología en sus terminales.

Hay diferentes estándares para carga inalámbrica, aunque el más extendido es el estándar Qi. Es el más usado, por lo que es relativamente fácil que un cargador de una marca funcione con un terminal de otra. Del mismo modo que con los cargadores USB, hay cargadores inalámbricos con más potencia que otros. Así, los más potentes del momento son los de 15W, aunque también hay modelos de 5W y 7,5W.

carga rapida e inalambrica

La carga rápida requiere que el dispositivo esté próximo a la base de carga, por lo que estamos condicionados por la ubicación de la base para reponer la batería. Y solo podremos usar el terminal sin moverlo demasiado fuera del radio de acción de la base. La ventaja es la de no tener que preocuparse de buscar un enchufe para cargar, ni conectar cable alguno. Se mejora la experiencia de uso, evitando ciertos gestos que, aunque no llevan mucho tiempo, suponen tener que preocuparse por buscar el cargador, el cable y enchufar todo. La carga inalámbrica es solo cuestión de dejar el teléfono sobre la base, y ya está.

Si bien la carga rápida mejora la experiencia de uso del móvil en algunos momentos, es un complemento más que un sustituto. Donde la carga inalámbrica tiene más potencial es en la carga de pequeños accesorios tales como auriculares inalámbricos, lápices electrónicos, smartwatches o cualquier otro que tenga una batería pequeña y que precise de un cargados propietario. Si juntamos esto a tendencias como la de hacer que los móviles pueda actuar como bases de carga inalámbrica para otros dispositivos, tenemos un escenario de uso de la carga sin cables perfecto para escenarios de uso en movilidad.

Carga inalámbrica también para electrodomésticos

Donde la carga inalámbrica tiene también un futuro prometedor es en la cocina para cargar pequeños electrodomésticos. Es una iniciativa del Wireless Power Consortium (WPC), que es el consorcio que diseño el estándar Qi de carga para dispositivos electrónicos. El estándar Cordless Kitchen (Cocina sin Cables) está pensado para alimentar dispositivos con potencias desde 100W hasta 2.400W. Es decir, más que servir como cargador para la batería, este estándar permitiría alimentar directamente a estos dispositivos.

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La tecnología es la misma que en el caso de los dispositivos electrónicos: la inducción magnética. De este modo se eliminan los cables en la cocina, liberado espacio que, de otro modo, estaría intervenido por los cables de los electrodomésticos. Con esta tecnología se gana en aprovechamiento del espacio y en seguridad, al reducir el número de tomas eléctricas.

Casos de uso para carga rápida e inalámbrica

Las ventajas de la carga rápida e inalámbrica no siempre se aprecian hasta que llega el momento en el que nos beneficiamos de estas tecnologías. Sin ir más lejos, en ocasiones dependemos de puntos de carga públicos. Más que nada porque si vamos a tener que cargar el móvil durante dos horas, no es práctico estar todo el rato pendiente para que no nos roben el terminal. Así que optamos por usar un cargador de pago e irnos a hacer compras, por ejemplo.

Con la carga rápida, podemos estar un rato cargando y tendremos en pocos minutos energía suficiente para continuar nuestra actividad. Otro tanto de lo mismo sucede si estamos, por ejemplo, en un festival de música, donde los puntos de carga no tienen vigilancia y nos obliga a estar todo el rato al lado del smartphone. Con carga rápida podemos pasar de estar una hora o más, ha estar solo 15 minutos.

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Otro efecto colateral del uso de la carga rápida es no necesitar del uso de powerbanks. Si podemos cargar el móvil, podemos prescindir de las petacas de carga, lo cual supone reducir el peso que llevamos encima, así como prescindimos de los engorrosos cables y tener que estar “enganchados” al powerbank durante el tiempo que tarda en cargar el terminal.

En actividades como el senderismo es también práctico. O si estamos haciendo el Camino de Santiago. Si en el tiempo que realizamos una parada técnica para reponer agua y comer un poco en un bar o un albergue reponemos una gran parte o toda la carga de la batería, eso que habremos ganado de cara a no tener que racionar el uso del móvil,

Cargador inalámbrico Belkin de 15W

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Este cargador inalámbrico es compatible con la tecnología Qi de carga sin cables, por lo que podremos usar todos los dispositivos que integren esta tecnología, incluyendo modelos de Apple o Samsung entre otros. Permite cargas de hasta 15W, por lo que el tiempo necesario para llenar las baterías será mucho menos que en el caso de otros cargadores con 5W o 7,5W.

 

Powerbank Xtorm de 8.000mAh y carga inalámbrica

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Este powerbank de 8.000 mAh combina la tecnología tradicional de carga mediante cable con la tecnología inalámbrica Qi. De este modo tenemos lo mejor de ambos mundos en un único dispositivo.

Cargador de coche Xquisit de 5,4A

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Este cargador de coche tiene dos salidas, una de ellas de 5,4A, por lo que tendremos suficiente potencia como para cargar dispositivos con rapidez. Cuenta con tecnología para proteger los circuitos frente a sobrecargas o temperaturas elevadas.

Cargador rápido Samsung

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Este cargador es compatible con la carga rápida de Samsung. Con los terminales viene uno, pero si queremos usar un cargador adicional esta propuesta es compatible con los terminales Samsung que usan la tecnología Fast Charging.

Fotos | UnSplash Steve Johnson,versiones de Quick Charge, Super VOOC de OPPO,  Cocina inalámbrica,

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