Google llegó hace un tiempo a acuerdos con editoriales y autores para digitalizar más de un millón de obras y añadirlas a Google Books de forma completamente gratuita. La idea de Google se basaba en escanear, someter a tratamientos de formato el texto e ilustraciones y posteriormente ofrecerlo a través de internet, potenciando el emergente mercado de libros electrónicos que empieza a despuntar.

Viendo el panorama, todos los potenciales fabricantes de ebooks (Microsoft como fabricante y Yahoo y Amazon como vendedores de libros, en cabeza), en previsión de la dificultad ante posibles negociaciones futuras para ganar el derecho y disfrute de esos libros adquiridos por Google, se han unido en un movimiento judicial para entorpecer indefinidamente esta negociación hasta que exista un acuerdo multilateral por parte de todos los implicados como demandantes y demandados.

El juez que lleva el caso, Denny Chin, se ha hecho famoso a raíz del revuelo causado por este posible acuerdo. En vistas de las más de 400 aportaciones desde diferentes frentes que se hizo en la vista oral que hubo el 7 de octubre, se emplazó a todos a redefinir el acuerdo entre todas las partes, en lugar de entre Google y los autores y editoriales como era en un principio.

Pedir que más de 400 partes se pongan de acuerdo es como decir que este acuerdo nunca tendrá lugar, los usuarios no disfrutarán de las digitalizaciones gratutitas de estas obras y el resto de fabricantes podrán dormir tranquilos tras abatir el potencial peligroso movimiento de Google en el mundo de los e-books.

Nunca sabremos si Google pecó de inocencia al iniciar el proceso de escaneo y digitalización y anunciarlos a bombo y platillo antes de tener el acuerdo cerrado, pero desde luego por parte del resto siguieron el lema de “más vale prevenir que curar”.


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