El verano aún no ha acabado, pero la Vuelta al Cole ya está ahí, acechando tras la esquina. Además de los libros de texto, la ropa y todo tipo de material escolar, la tecnología ocupa un puesto destacado dentro de las listas de la compra para el equipamiento de los estudiantes. Concretamente, son los ordenadores los que pueden generar más dudas a la hora de elegir uno, o incluso decidir si tenemos que renovar el que ya tuviéramos.

En un tiempo en el que el PC y los portátiles son casi unos desconocidos que hay que llevar a casa prácticamente por obligación si la tableta o el smartphone no son suficientemente potentes para manejar el software que usamos para trabajar o para estudiar, es fácil que nos sintamos perdidos cuando entramos en la sección de informática para elegir un equipo de sobremesa o portátil.

En la práctica, no es una tarea tan complicada. Un ordenador es la suma de un procesador, memoria, aceleradora gráfica, disco duro, conexiones USB y de red y una pantalla. Poco más, al menos en esencia. Decidir qué equipo queremos pasa por combinar estos componentes, de modo que se adecuen a nuestro presupuesto y nuestras necesidades.

A continuación, compartimos unos consejos para hacer más llevadera esta tarea: la de elegir un equipo para casa, que no siempre es agradable, pero sí necesaria de cara a que la actividad escolar se desenvuelva de un modo óptimo.

1. Define para qué se va a usar el ordenador

Parece una obviedad: para estudiar. Pero en la práctica, un ordenador para el cole también puede ser un ordenador para entretenerse o para usarlo como “centro de inteligencia” para nuestros hobbies, como la fotografía, la música, la creación audiovisual, la programación, etcétera. Un ordenador con el que además se pretendan abordar tareas de autoría multimedia tiene que ser bastante más potente que uno dedicado únicamente a procesar textos u hojas de cálculo.

Así que mejor si inviertes un poco de tiempo decidiendo y consensuando los usos del ordenador en el día a día. El presupuesto puede variar significativamente, eso sí. Cuanta más potencia se necesite para abordar tareas, más dinero costará el equipo.

2. Un ordenador es un ordenador, aunque sea para gaming

En ocasiones, las clasificaciones que se hacen de los ordenadores pueden originar confusión en los compradores. Imagina que has decidido que sí es conveniente que el ordenador de estudios también tenga una orientación lúdica para jugar. En este caso, elegir un equipo calificado como “gaming computer” no será un problema para que pueda usarse como ordenador de estudios.

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Todo lo contrario, un ordenador para gaming suele ser un equipo con un rendimiento extremadamente elevado, con procesadores de gama alta, una cantidad de memoria generosa, discos súper rápidos y pantallas de excelente factura y calidad. Este tipo de ordenadores para gaming, son todo un lujo y, generalmente, son caros, con un rendimiento excepcional tanto para juegos como para aplicaciones educativas y multimedia.

3. La realidad virtual, ¿sí o no?

Con la llegada de la realidad virtual en forma de productos tales como Oculus Rift o HTC Vive, puede que nos encontremos con la duda acerca de su aplicación educativa. En este sentido, lo mejor es mostrarse cautos. Para manejar los contenidos VR se necesita un equipo de gama alta, del estilo de los dedicados a gaming que hemos visto en el apartado anterior, lo cual supone dedicar un presupuesto muy elevado a la adquisición del equipo completo.

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Por otro lado, aún no hay unas aplicaciones suficientemente convincentes como para justificar la adquisición de un equipo de realidad virtual para la educación de los más jóvenes de la casa. Todo llegará, pero de momento es mejor ser precavidos, al menos para usos educativos.

4. Ampliar o comprar

Una disyuntiva que sólo nos asaltará si tenemos un mínimo de conocimientos informáticos es la de ampliar el equipo que ya tuviéramos, o comprar uno nuevo. En general, para un ordenador de cuatro o cinco años, es posible plantearse una ampliación que lo ponga al día y aguante un par de cursos más (incluso renovando el sistema operativo).

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Por ejemplo, sustituyendo el disco duro por uno SSD, o ampliando la memoria, es factible dar un empujón al rendimiento que justifique esperar un poco antes de dar el salto a la compra de un ordenador nuevo. Especialmente para un portátil, el cambio del disco por uno SSD y añadir memoria resulta en una experiencia de uso muy mejorada en general.

Si el rendimiento del procesador es muy bajo, no podremos hacer mucho con estas ampliaciones, pero si la CPU es razonablemente rápida, es sensato plantearse esta estrategia.

5. ¿Dónde vas a usar el equipo?

Esta pregunta es clave para elegir un equipo. Si vamos a usar el ordenador fuera de casa, obviamente será mejor un portátil, y cuanto más ligero, mejor. Si lo vamos a usar en casa, la mejor relación rendimiento/precio la tienen los equipos de sobremesa, así que podemos hacer una buena compra si tenemos claro que el ordenador se va a quedar instalado en una habitación.

Piensa bien el escenario de uso del ordenador a lo largo del curso presente o el siguiente, porque un ordenador debería durar varios años antes de cambiarlo por otro. Un portátil puede hacer las veces de sobremesa, pero un sobremesa no puede usarse como portátil.

6. Decide: PC o portátil

Llega el momento de la verdad: la elección más crítica es la del formato del ordenador: PC o portátil. En general, si no tenemos problemas de presupuesto, podemos encontrar portátiles con un rendimiento y características similares a las de cualquier sobremesa, con la excepción de los dedicados a gaming con tarjetas gráficas de alto rendimiento y procesadores de rendimientos extremos.

En realidad, un portátil suele ser la mejor elección, siempre y cuando sepamos qué estamos comprando y se asuma que estamos pagando más que por el mismo rendimiento en un sobremesa.

7. Cuidado con el marketing

El segundo momento crítico es el de la elección de los componentes del ordenador. Es extremadamente importante que elijamos un procesador acorde al rendimiento que buscamos. En general, AMD no tiene procesadores de gama alta que hagan sombra a los Core i7 de Intel, pero en las gamas medias, AMD y sis procesadores A8 o A10 son una buena referencia. En Intel, la precaución hay que tenerla con los procesadores Core M, Atom o Core i3. Estas tres familias de CPUs de Intel no tienen un rendimiento bueno, siendo los Core i5 los óptimos en cuanto a rendimiento/precio.

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Si lees algo así como “una tableta que rinde como un portátil”, desconfía. Asegúrate de que compras un equipo que rinda de acuerdo a tus necesidades. Si solo quieres manejar un procesador de textos o navegar en Internet, un procesador como los anteriores puede servir. Para todo lo demás,

8. Si te lías, vuelve mañana

Si en algún momento del proceso de compra ves que te sientes confundido, que ya no sabes de lo que te hablan y empiezas a dejarte llevar por el comercial que te está atendiendo sin capacidad de análisis, lo mejor es que te tomes un descanso y vuelvas un rato más tarde o al día siguiente. La decisión de compra tiene que ser consensuada entre el comercial y el cliente.

Toma notas sobre lo que no tienes claro y consúltalo en Internet o pregunta a amigos de confianza que sepan de ordenadores; y una vez que tengas claros conceptos como la diferencia entre la cantidad de memoria RAM y la capacidad del disco duro, o los diferentes tipos de procesadores que puedes encontrar, prosigue con el proceso de compra.

9. Windows o Mac OS

El sistema operativo es otra fuente de dudas en el momento de la compra. En general, lo que importa en un ordenador no es tanto el sistema operativo como las aplicaciones que tengamos que manejar en el día a día. Y en general, las aplicaciones están disponibles tanto para Mac como para Windows. Al menos las más relevantes.

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Salvo que tengamos que usar alguna aplicación que solo esté disponible para una plataforma concreta, la decisión entre un Mac y un Windows no debería ser la más urgente. Si por tecnología, estética o precio decidimos una u otra plataforma, perfecto, pero no hay, a estas alturas, mayores diferencias de cara al uso de programas y servicios.

10. Ojo a los detalles

Para un ordenador destinado al trabajo (y al ocio), elementos como el teclado o el ratón son de especial interés. Si son de mala calidad, tendremos una mala experiencia y posiblemente reneguemos del equipo en mayor o menor medida. Es importante que pruebes estos componentes en el momento de la compra para verificar que el tacto y la precisión son óptimos.

La pantalla, ya sea del portátil o del sobremesa, también es relevante. Elige una que se vea bien y que tenga una resolución suficiente como para mostrar correctamente las aplicaciones que uses. Ten en cuenta que vas a estar delante de ella muchas horas. Es mejor gastar un poco más que conformarse con una compra que no resulta cómoda.

11. Los accesorios importan

Junto con el ordenador, en ocasiones es necesario adquirir otros componentes. Es especialmente habitual comprar una impresora, por ejemplo. Además, en el caso de los equipos de sobremesa, puede que también quede a nuestro criterio elegir un monitor. Ten cuidado y compra únicamente aquello que necesites. Es fácil tener un presupuesto muy estudiado y desbaratarlo en el momento de la compra de los accesorios.

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Existen equipos multifunción muy económicos y con un tamaño reducido, así como pantallas de buena calidad con una diversidad de tamaños suficientemente amplia como para elegir la que necesitemos de un modo preciso y al milímetro. La distancia a la que estemos del monitor, o la resolución con la que estemos más cómodos, son variables que tendremos que manejar y que también dependerán del tipo de aplicaciones que usemos.

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