Los videojuegos se han convertido últimamente en una interesante fuente de ingresos para la industria del cine, que lanza juegos homónimos a sus películas y que se nutre de sus tramas para inspirarse. Ahora éstos se están convirtiendo también en un salvavidas para el mundo de la música, que no atraviesa sus mejores momentos con la piratería y el top manta.

Juegos como SingStar, Rock Band o Guitar Hero están consiguiendo, por una parte, volver a poner canciones que habían caído en el olvido, de moda. Así, éstas multiplican posteriormente sus ventas.

Por la otra está el tema de los royalties. Muchos grupos deciden ceder algunas de sus canciones e incluirlas dentro del catálogo de estas aplicaciones, llevándose un pequeño porcentaje sobre las ventas de las mismas que a la larga se convierte en unos amplios ingresos. El mayor ejemplo es el grupo Aerosmith, que ha ganado más con este software que con cualquiera de sus discos.

Esta inyección económica para la malherida industria de la música podría incrementarse si, como se está empezando a plantear, estos juegos de interpretación de instrumentos, se especializaran para el público según el territorio donde se vendan. Esto ya ha ocurrido con el SingStar, que en España cuenta con versiones que recogen los grandes éxitos de Operación Triunfo o la música española de los 80.


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