Por fin es oficial y los jugones ya tenemos un argumento de peso contra quienes tachan de pérdida de tiempo el seguir una trama de varias horas con tu Xbox 360, Wii o PlayStation 3. El pleno del congreso ha incluido los videojuegos y en general el ocio digital dentro del patrimonio cultural. Y ha sido con el acuerdo de todos los grupos parlamentarios, algo poco frecuente pero que refuerza la importancia que se le ha dado.

La noticia no ha tenido la repercusión debida en los medios no especializados, pero traerá consecuencias que cambiarán en un futuro cercano el panorama de la industria del ocio y el entretenimiento. Para empezar, el cine.

Acostumbrado el cine español a mamar de la teta de la administración, con ayudas para películas mediocres por el simple hecho de situar la acción en determinadas Comunidades Autónomas, van a tener que compartir las jugosas subvenciones con un nuevo hermano que les ha salido, el videojuego made in spain.

Siendo España uno de los países europeos con mayor facturación en software de videojuegos, aún estamos en pañales en cuanto a estudios de desarrollo, con honradas excepciones. Otra de las consecuencias será la flexibilización a la hora de aplicar el impuesto sobre el valor añadido, el IVA, que hasta ahora es del 16 por ciento, pero que podrá beneficiarse de reducciones cuando el gobierno lo estime oportuno sin que la Unión Europea pueda poner trabas.

Con este reconocimiento, no situamos en la órbita de países como Francia y Alemania, donde sabedores de los ingresos que genera, han mimado su industria desde tiempo atrás; en nuestro país, ya facturan algo más que la suma de los ingresos del cine y la música. Y es que las ocho horas que tardé (y disfruté) en completar Killzone 2, algo que saboreas días después de jugarlo y que te deja el mismo agradable recuerdo de cuando lees un buen libro, no pueden ser una pérdida de tiempo.


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