Hace pocos días, se ha creado en Holanda un centro de desintoxicación de videojuegos. La noticia en sí me pareció pintoresca, pero una breve búsqueda en Google me desveló que no es el único de estas características y que la preocupación por este problema ya se ha establecido en varios países.

¿Dónde se encuentra la delgada línea roja entre la afición y la adicción? El centro Holandés, ubicado en Ámsterdam, curiosa paradoja, no se trata de un lugar de reunión de varios amiguetes, si no de un centro de tratamiento creado por una empresa de estudio de adicciones el especialista Keith Bakker, y se cuenta con la experiencia de otros centros en Londres y en varias ciudades de Estados Unidos.

Leer una noticia así, hace que repases inconscientemente el pasado reciente con tu consola, y aunque es cierto que cualquier jugón que se precie ha tenido pequeñas temporadas de práctica intensiva, no es esa la verdadera naturaleza del problema, y habría que hacer unas pocas puntualizaciones a tener en cuenta: En primer lugar, la edad.

La inmensa mayoría de títulos de videojuegos no están pensados para niños. Al igual que nos extraña ver a un niño de cinco años tomar un café solo, no es ético ponerle en sus manos un GTA vice city. Son los padres los que tienen en sus manos regalar la última videoconsola o algo que verdaderamente se adecúe a su edad sin caer en el típico juguete educativo inservible.

Un ejemplo a seguir lo tenemos en los ultra portátiles infantiles que han salido al mercado y que ya son utilizados en varios colegios. La escala de valores. Por mucho que uno pase varias horas con una videoconsola, el problema empezará a existir si pasamos a poner en un segundo plano el salir a tomar cañas con los amigos o ir a ver una película de cine.

Otra cuestión aparte son los videojuegos sociales que tanto se han extendido últimamente con la aparición de la Nintendo Wii, que a mi entender no podría encuadrarse en este problema, ya que no existe el jugador compulsivo y solitario en este tipo de juegos.

Yo, por mi parte voy a entonar el mea culpa y reconozco que he pasado muchas más horas de las recomendadas en algún que otro videojuego, como el World of Warcraft, y hoy en día, intento a duras penas que no me ocurra lo mismo con Little Big Planet. Me estoy quitando.