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Hemos dejado atrás el Black Friday, la visita del tito Santa y los Reyes Magos de Oriente acaban de pasar. Cada cual ha tenido su pretexto perfecto para abordar ese momento mágico de dar la patada de despedida a la tele vieja y cambiar por una nueva.

Pero tener en casa nueva TV no significa que todo sea un camino de rosas. ¿Aprovechas realmente todas sus funciones y conexiones? ¿Cuál es la mejor forma de montarla? Desde calibrar el sonido, siguiendo los consejos del fabricante sobre la distancia adecuada, hasta ciertos trucos para corregir el color, durante las primeras horas tenemos una tarea pendiente que después agradeceremos. Y te contamos cómo.

Montaje: comodidad estratégica

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Primero de todo, el montaje. Una vez hemos sacado nuestra nueva TV de su enorme caja, nos encontramos con la primera dualidad: ¿en soporte o sobre mueble? Fijar a la pared aporta mucha claridad, además que evita sombreados indeseados y ayuda bastante cuando se trata de limpiar por debajo. Eso sí, no siempre podrás esconder los cables.

Si optas por montarla a la pared, conviene tener en cuenta varias consideraciones:

  • Todas las teles recurren al estándar VESA (Video Electronics Standards Association), encargada de fijar las normas y protocolos. La idea es sencilla: detrás de cada TV se esconden un montón de marcas, el dichoso FDMI (Flat Display Mounting Interface). No hagas caso a las siglas, sólo a las recomendaciones del fabricante. Según la diagonal de la pantalla —su tamaño— se usan unos orificios u otros, tal como puedes ver en la imagen.

herraje

  • Después tendríamos que elegir entre soporte fijo o abatible. El fijo, como su nombre indica, encastra mediante dos herrajes la televisión a la pared, como un cuadro. El abatible ofrece mayor margen de movimiento, para reenfocar la perspectiva. Recomendamos el segundo siempre que se cuente con una buena instalación. ¿Por qué? Sencillo: dan muchos menos problemas a la hora de conectar y desconectar cualquier consola/disco duro/gadget tipo dongle.

Y aún quedarían los soportes tipo brazo, que no suelen permitir inclinar la televisión pero sí desplazarla horizontal y verticalmente. No obstante, estos son más difíciles de montar. En cualquier caso, hay que tener en cuenta tanto la longitud como el peso total de la TV. Y, cómo no, usar los espiches, tornillos y herramientas adecuadas para el montaje. Nada de «así mismo» y que tu flamante nueva pantalla acabe partida en 2 sobre una mesita de centro.

Conexiones: mucho ojo con el tipo de HDMI

blindaje

El tipo de cable, la extensión y la calidad de los componentes afectan a la imagen resultante que verás en la pantalla. Si has elegido montar tu tele sobre la pared tendrás que elegir HDMI con conexión de 90 grados. O adquirir un adaptador para un HDMI normal.

En cualquier caso, sé consciente de las posibilidades de tu TV. Si es compatible con el protocolo HDMI 2.0 no malgastes tu dinero usando un cable bajo el protocolo 1.2. Con cada revisión de hardware las mejoras son evidentes: mayor velocidad, mejor salida de imagen, etcétera —Ethernet, 3D, Vídeo 4K, ARC—. Y no olvidemos el deep color y el HDR, la verdadera diferencia en imagen en imagen si tu TV dispone de esta opción.

La extensión: en distancias inferior a 3 metros son prácticamente inapreciable las posibles interferencias, además el vídeo no pierde calidad, así que opta por un cable económico, sin atender a frases ampulosas. Eso sí, mejor que sea de buena construcción, blindado como el de la imagen, y con revestimiento de nailon trenzado, para evitar estrangulamientos o roturas. Aumentará su vida útil.

Sonido calibrado

El sonido es la eterna asignatura pendiente. En mi caso, todo está conectado con toneladas de HDMI a través de varios switches. Durante años, la salida óptica era la gran opción de calidad, pero ésta no puede transmitir audio Dolby TrueHD o DTS HD Master Audio, así que la opción lógica siempre es la más actual. Y eso pasa, una vez más, por un buen HDMI.

Si cuentas con un home cinema, las pautas básicas son:

  • Que los altavoces estén dispuestos a la altura que queden tus orejas una vez estés sentado en la silla/sofá central. Así de simple. Los traseros deben quedar ligeramente retrasados respecto a ti y los frontales bien orientados, a derecha e izquierda y a la misma distancia de la TV, que será el elemento central.
  • Si cuentas con un subwoofer, conviene situarlo, al igual que el satélite, en la parte central, sólo que en el suelo o en cualquier zona inferior, para fugar el excedente de graves que pueda generarse al reproducir el sonido. Eso sí, que tampoco quede demasiado opaco: realiza un test de audio con alguna canción de referencia para conocer el balance de graves.

Corrige el color

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Sitúate a una distancia de dos metros respecto al panel, a la distancia habitual que vayas a ver la TV. ¿Notas algún artefacto raro, el sol refleja y no puedes ver bien algunos colores? ¿Demasiada luz, demasiado oscuro?

La mayoría de fabricantes cuentan en sus opciones de configuración con perfiles de visualización. Accede al menú de la TV y los parámetros de la imagen. Normalmente la configuración de fábrica viene graduada para un estándar muy sencillo, pero dependiendo del índice de luz de tu habitación necesitarás calibrar brillo y contraste.

Un consejo básico: no fuerces el color: que no se pierda la “blancura” de los blancos ni se creen sombras extrañas en torno a las siluetas. Si tienes alguna foto de referencia que conozcas, cárgala desde un USB y visualízala en la TV, retocando hasta que quede a tu gusto. En resumen: tienes que ser capaz de distinguir a simple vista los 8 diferentes tonos de blanco y los 10 de negro.

Sobre la nitidez ídem: si se ven dobles bordes o líneas borrosas, ajusta hasta que desaparezcan, pero sin forzar la configuración en exceso o producirá mayor fatiga ocular. Tampoco abuses de la iluminación del panel: prueba a ver una película de referencia con todos los sistemas de mejora de gama desactivados. Cada uno atiende a un tipo de configuración y lo mejor es editar desde cero, color por color. Si necesitas filtros podrás usarlos después.

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Los cables: el enemigo silencioso

Esto es más una cuestión estética, pero es muy práctico para tener todos los cables controlados. Usa regletas del mismo color de tu pared —puedes comprarlas blancas, las más baratas, y pintarlas tú mismo—. Su funcionamiento es sencillo: una lámina trasera se fija a la pared, que puedes hacer con un taladro sencillo y fijando mediante tacos de goma. También existe la versión “fácil”: canaletas con una cara autoadhesiva.

Después se guían los cables y se fija la parte delantera de la regleta, quedando como un compartimento estanco ideal para evitar el deterioro y deformación de los cables.

Si no te queda otra que mostrarlos, porque la TV esté delante de algún muro de carga sobre el que no se pueda taladrar, siempre puedes recurrir a las bridas o grapas sencillas y darles la forma y el diseño que quieras, recurriendo a la simetría respecto a la TV: ya que los enseñas, que sea con estilo.

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Con esto y un poco de experiencia con tu nueva TV, coqueteando entre sus configuraciones, tendrás todo listo para ver tu serie/peli/juego favorito. Y olvídate de todo lo demás, que te lo has ganado.