Las cámaras digitales compactas no suelen integrar la posibilidad de poder enfocar manualmente, pero esta opción sí está presente en las réflex, tanto analógicas como digitales. Aunque no se pone en duda la comodidad que supone que la cámara nos realice un enfoque automático, la alternativa manual resulta interesante en algunas fotografías donde el motivo principal está confuso o si pretendemos crear ciertos efectos.

Te detallamos algunas situaciones en las que puede ser beneficioso que prescindas del “cómodo” enfoque automático y te aventures a probar tu férreo pulso para focalizar el objeto de tu interés:

– Modo Macro- a la hora de hacer fotos a motivos que se encuentran a escasos centímetros del objetivo es recomendable enfocar manualmente. Así nos aseguramos una mayor precisión en los puntos que pretendemos que aparezcan nítidos y no dejamos esta decisión al automatismo de la cámara.

– Retratos- el enfoque manual en estos casos viene bien si queremos resaltar algún detalle del rostro de la persona. Los ojos y los labios suelen ser los más frecuentes.

– Luz escasa- En muchas ocasiones, cuando estamos en condiciones de poca luz el enfoque automático de la cámara se vuelve loco, sin saber muy bien a dónde dirigir su atención. Algunas cámaras disponen de una luz de relleno para solucionar esto, pero lo más fidedigno es guiarnos de nuestro propio ojo (y muñeca) para enfocar.

– Objetos a través- Si realizamos una fotografía a través de cristales, rejas, plásticos, etc las cámaras con enfoque automático tienden a tomar como nítido lo que está en primer plano. Pero ¿y si ésta no es nuestra intención? Para evitar fallos, ya sabes.

– Objetos en movimiento- El enfoque automático suele requerir de un tiempo mínimo, pero es posible que no dispongamos de tal si queremos tomar imágenes de objetos que se desplazan a mucha velocidad. A veces es recomendable enfocar manualmente sobre un punto y esperar a que el objeto pase por allí.

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