Suele decirse que el OLED es el nuevo plasma. Y esta es una aseveración que no está exenta de verdad. Hay muchos y buenos motivos para equiparar ambas tecnologías de pantalla, comenzando por su naturaleza emisiva y pasando por su capacidad para mostrar un negro mucho más puro que cualquier LCD LED. Y sin embargo, los televisores OLED no son del todo comparables. Porque como mencionábamos hace unos días consumen muchísimo menos, proporcionan un brillo superior y reducen la incidencia de los reflejos.

Dicho sea esto, mucha gente escucha eso de “negro profundo” y no entiende muy bien de qué hablamos. ¿Acaso no puede mostrar cualquier tele un negro absoluto? ¿De verdad existe una diferencia entre el negro de los televisores OLED y sus contrapartes LCD? Veamos pues qué significa todo esto.

Definamos negro como ausencia de luz

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Lo primero que deberíamos hacer es definir la palabra negro. Según la RAE, este nombre describe a un color “semejante al del carbón o al de la oscuridad total”. Una definición más larga y formal diría que es el color presente en un escenario sobre el cual no incide la luz. Para que un negro sea puro simplemente debe existir ausencia de luz. Por este motivo no es posible obtener el negro más absoluto utilizando tecnologías que requieren de un sistema de iluminación externo para dar brillo a cada uno de sus píxeles.

Como comentábamos hace unos días, los televisores LCD son capaces de mostrar imágenes brillantes (incluso cegadoramente brillantes) porque utilizan un grupo de diodos LED en la parte trasera de la pantalla, cuya luz es reflejada sobre una superficie que difunde dicha luz por toda su extensión. Los píxeles no brillan por sí mismos, sino que son iluminados porque tienen una gran lámpara detrás y/o a los lados.

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El OLED, por su parte, gestiona la iluminación de cada uno de sus píxeles de forma individual. Y también los atenúa o aviva. De esta forma podemos tener un píxel rojo iluminado junto a otro apagado. Este píxel apagado no emitirá su propia luz, por lo que será de color negro. Tanto como si la propia pantalla estuviera desconectada de la corriente. Por este motivo suele decirse que solo el OLED puede plasmar un negro auténtico. O como mínimo, todo lo próximo que puede ser al negro absoluto con la tecnología actual.

La contaminación lumínica llega a nuestro televisor

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El uso de un sistema de iluminación externo hace que las pantallas LCD LED muestren un negro que no es tal, sino más bien un gris irregular. De hecho, las escenas más oscuras pueden mostrar un efecto “lavado” bastante notable, dejando ver dónde se encuentran las lámparas LED del sistema de iluminación a través de las conocidas como “fugas de luz”. ¿Alguna vez has apagado la luz del salón tu televisor LED sin mostrar imagen alguna? Esas manchas grises de los lados y el centro son las fugas de luz.

Si quieres saber hasta qué punto tu televisor o monitor es vulnerable a las fugas de luz, puedes visitar esta página y apagar todas las luces de la habitación. Los resultados te sorprenderán.

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Las fugas de luz tienen un doble efecto negativo sobre la calidad de imagen. Por un lado deterioran la calidad general, puesto que añaden contaminación lumínica exactamente igual que sucede con las farolas de la ciudad, cuya luz es reflejada y difuminada en el cielo hasta el punto de impedirnos ver las estrellas por la noche. Por otro se reduce el contraste de forma drástica. Hablaremos sobre este punto más adelante.

Puesto que los nuevos contenidos a 4K y con HDR hacen un énfasis especial en la calidad de imagen, y más particularmente en la regulación de la luz para crear escenas mucho más realistas, Philips ha utilizado en su televisor tope de gama un panel orgánico de última generación. El Philips OLED+ 903 consigue así plasmar un negro más puro que el posible mediante otros métodos.

El negro y el contraste: dos nociones que van de la mano

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Ahora que tenemos bien definido qué el negro y su importancia a efectos de luz, hemos de hablar de otro factor menos comprendido y que sin embargo resulta también crítico en lo relativo a la calidad de imagen. Hablamos de la tasa de contraste. Esta propiedad es definida de forma sencilla como la diferencia en luminancia entre el punto con el color más brillante (el blanco, lógicamente) y el más oscuro.

Puesto que solo los televisores OLED pueden alcanzar el negro absoluto, suele decirse que estamos hablando de pantallas con un contraste “infinito” o 1.000.000:1. Aunque aquí hay mucho de lo que hablar, porque muchas teles también son incapaces de mostrar un blanco puro. Esto es así por la tecnología de sus paneles, que no siempre obtienen sus colores mediante píxeles RGB sino mediante el uso de dos de los tres colores principales unidos a filtros que separan la luz del sistema de iluminación como si fueran los colores del arcoíris.

Asimismo, otras tecnologías de pantalla utilizan varios subpíxeles de un mismo color, lo que genera una imagen de aspecto tintado. Esto es especialmente visible en el caso de los paneles AMOLED de algunos teléfonos móviles, que tienden a lo azulado.

Por estos motivos encontrar el blanco absoluto es casi igual de difícil que obtener un negro realmente profundo. Philips resuelve este problema en el televisor OLED+ 903 con una matriz de subpíxeles WRGB, que combina emisores rojo, verde y azul junto a un subpíxel blanco específico. El conjunto se remata con un avanzado procesador de la imagen para facilitar una calibración adaptable de forma automática a cualquier clase de contenido.

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El resultado de combinar un negro absoluto y con subpíxeles blancos es un contraste mucho más amplio. También unos colores mucho más naturales, con un mayor espectro para abarcar tonalidades dedicadas y plasmar suaves degradados. Solo así es posible mostrar una noche oscura como la boca del lobo pero con un cielo maravillosamente estrellado o disfrutar de los detalles más finos en nuestras series y películas favoritas.

Esto resulta especialmente crítico en producciones como Juego de Tronos, que utiliza gradaciones azuladas o más anaranjadas en función del escenario para transmitir frialdad o calidez. Un contraste elevado, unido a una buena reproducción del color, no solo mostrará una imagen mucho más viva y realista, sino que además ayudará a mostrar hasta los más pequeños detalles sin riesgo a perderlos por el camino.

La tecnología Ambilight de Philips, que ilumina la pared más próxima al televisor con los mismos colores de la imagen en pantalla también ayuda a mejorar psicológicamente el contraste de la imagen. En realidad no se altera para nada el funcionamiento del panel, pero por la forma en la que nuestro cerebro interpreta sus colores nos hace creer que son mucho más vivos de lo que son. Y además, ayuda a relajar la vista si nos gusta ver la tele a oscuras.

Philips OLED+ 903

La Serie 9 es la estrella del catálogo de Philips. Este televisor de 65 pulgadas plasma el negro más absoluto gracias a la tecnología OLED, mientras que su avanzado procesador de imagen P5 proporciona una imagen nítida y detallada incluso a través de emisiones en streaming o desde fuentes en Full HD.  Atributos que lo han convertiro en ganador del premio EISA al Home Theatre TV de este año.

Completo con un potente equipo de audio 2.1 diseñado por Bowers&Wilkins, es uno de los modelos más adecuados para todo cinéfilo que se precie. También está disponible en versión de 55 pulgadas.

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