Cuando hablamos de la edad dorada de la televisión casi todo el mundo piensa en producciones fastuosas, propias de las mejores películas de cine, guiones con más gancho que el Capitán Garfio y actuaciones de las que hacen saltar lágrimas. Pero por desgracia, mucha gente no repara en sus enormes, tremendas bandas sonoras. Tal vez porque su televisor no está a la altura de las circunstancias. Y es una lástima, porque las series de hoy en día poco tienen que ver en este aspecto con las que nos criamos.

Igual que sucede con muchos actores, hoy por hoy no es extraño que los compositores más afamados de Hollywood hayan volcado sus esfuerzos en las producciones televisivas. El resultado son series mucho más inmersivas, con auténticas atmósferas acústicas que adquieren un papel en ocasiones protagonista. Hasta el punto de que hay series que merecen un segundo visionado solo para disfrutar mejor de su música. Repasemos algunas de ellas.

Juego de Tronos

seriesSi vamos a hablar de series con bandas sonoras para el recuerdo, solo podemos comenzar con la de Juego de Tronos. Ramin Djawadi firma un auténtico musicón tan explosivo y contundente como la adaptación de las novelas de JRR Martin, pero con la capacidad para alternar entre el dramatismo de Truth, del episodio The Dragon and the Wolf y la delicadeza de The Light of the Seven. Una auténtica joya que se ha mantenido mucho más constante que el propio argumento.

Perdidos

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Michael Giacchino es un compositor privilegiado. Posiblemente la reencarnación de un Michael Williams aún vivo. Sus composiciones están marcadas por sus profundas influencias wagnerianas, hasta el punto de que no extraña que lo hayan escogido para poner música a las últimas películas de La Guerra de las Galaxias y Parque Jurásico. Nació para ello. Y sin embargo, son las piezas más emocionales y lentas donde realmente brilla. Y Perdidos le dio para lucirse.

Aunque no es la serie más moderna de esta lista (todo lo contrario), Perdidos merece un hueco propio por la delicadeza de piezas como Life and Death o Looking Glass Half Full, cuyos últimos segundos nos llevan a uno de los episodios más dramáticos que se recuerdan (no, ese no era el barco de Penny). Una maravilla que requiere un equipo de sonido de buena calidad para disfrutarla como se merece.

El Cuento de la Criada

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El Cuento de la Criada es una de las series más recientes de este recopilatorio y también una de las más interesantes desde el punto de vista musical. Su banda sonora no busca el protagonismo, sino que más bien contribuye a cerrar una atmósfera pesada, opresiva y perturbadora como la de la teocrática Gilead, no sin prescindir de pequeños momentos de claridad para remarcar las esperanzas de la protagonista.

Mención aparte merecen las canciones licenciadas, en ocasiones perturbadoramente alegres y con un marcado carácter pop. En parte como contrapunto al propio universo de la serie, en parte como recuerdo del pasado. No es una banda sonora “sencilla” de escuchar, pero sí muy efectiva.

The Americans

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Otra banda sonora donde la atmósfera lo es todo. La mejor serie dramática de espías en la historia de la televisión, antigua y moderna, llegó hace muy poco a su fin, pero nos deja una partitura que combina un fantástico trabajo de composición a cargo de Nathan Barr (muy curtido en el género de terror) con temazos de los años 80. Muy adecuados, puesto que el argumento de The Americans narra la historia de dos espías soviéticos camuflados en los Estados Unidos de Ronald Reagan como una modélica familia americana, niños, casa con cocina abierta y Chevrolet Camaro incluidos.

Incluso si no es la banda sonora más memorable de todas, Barr ha hecho un muy buen trabajo contribuyendo a la tensión y el ambiente de una serie que durante seis temporadas ha dejado muchas uñas al borde de la desaparición. Y definitivamente mejora con cada visionado.

Glow

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Posiblemente la serie menos conocida en España. Y también una de las más divertidas. Producida por Netflix, Glow narra la historia de las Hermosas Damas de la Lucha Libre, una promoción/troupé de luchadoras que en los años 80 quisieron hacer suyo eso de “las chicas son guerreras”.

Absolutamente desternillante, esta serie se apoya con fuerza no en composiciones originales, sino en un cuidado trabajo de selección de canciones licenciadas que incluyen temazos como Cherry Pie (Warrant), Danger Zone (Kenny Loggins) y Rock You Like a Hurricane (Scorpions). Básicamente la fantasía de todo rockero y/o metalero con gusto por lo clásico, aunque también hay momentos (momentazos) para Men at Work, Toto, Genesis e incluso Madonna. Una banda banda que huele a laca (mucha laca) y calcetines de gimnasio.

The Leftovers

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Max Richter no es un compositor particularmente conocido fuera de los círculos de aficionados. En parte porque este director de orquesta y compositor ha centrado su trabajo en producciones alemanas, lo que ha limitado un poco su alcance internacional. Con Leftovers se dio a conocer en todo el mundo plasmando una banda sonora original tan opresiva, desesperante y ocasionalmente desquiciada como los protagonistas de la serie, marcados mental y espiritualmente por la inexplicable desaparición del 2% de la población mundial.

El trabajo de Richter es profundamente orquestal y variado. Hay delicadeza incluso en los momentos más poblados de instrumentos. Se trata de una de esas bandas sonoras que realmente se podrían escuchar en un auditorio incluso si no conocieras la serie. Una delicia para los oídos que pide convertir nuestro salón en una sala de conciertos.

Westworld

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La segunda obra de Ramin Djawadi en esta lista es posiblemente la más ecléctica de todas. Y una de las más interesantes. Liberado de las limitaciones del universo de Juego de Tronos, Djawadi combina su habitual temple con reinterpretaciones de canciones pop y rock famosas en clave orquestal que solo aparecen en los momentos más espectaculares de cada episodio. Así es como nos encontramos con una increíble versión de Heart-Shaped Box de Nirvana usada magistralmente durante el “despertar” de Akecheta.

Una banda sonora creada por un auténtico virtuoso, de las que dan ganas de levantarse y aplaudir.

La importancia de tener un sonido a la altura de las circunstancias

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Dicho todo esto, no todas las series que hemos repasado son igual de apreciadas en toda su dimensión. Y el problema está en la tele. Igual que producciones oscuras por su propia naturaleza como The Americans o de colores intensos como Perdidos sacan el máximo partido a los paneles OLED, sus bandas sonoras no pueden ser totalmente apreciadas sin un buen equipo de sonido. La falta de claridad evita oír los detalles más finos y reduce la dimensión genuinamente orquestal de muchos temas.

Por este motivo los auténticos seriéfilos, y no solo los melómanos, deben preocuparse de contar con un televisor que tenga unas buenas prestaciones acústicas. El problema es que la mayoría de los fabricantes se han centrado últimamente en crear televisores finos hasta extremos potencialmente negativos, lo que repercute en las cámaras y la resonancia de los propios altavoces.

Idealmente, y puesto que no todo el mundo puede instalar un equipo surround completo, un televisor bien pensado debería contar con un rendimiento acústico redondo y amplio (lejos del habitual sonido enlatado) y capaz de cubrir el máximo rango acústico posible. Y puesto que muchas series modernas combinan música pop licenciada con instrumental más bien clásica, debería tener además un carácter neutro en su perfil sonoro.

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En el caso de Philips, que entiende muy bien el hecho de que el sonido supone la mitad de la experiencia, su televisor OLED más avanzado mima a los aficionados a la mejor música con un equipo firmado por el especialista británico Bowers & Wilkins. Se trata de un conjunto 2.1 discretamente integrado en el propio chasis que incluye dos tweeters con cúpula de titanio, dos altavoces intermedios de fibra de vidrio y un generoso pero equilibrado woofer pasivo de doble radiador y 50 vatios de potencia.

Son unas prestaciones propios de los de un equipo de audio independiente, pero discretamente camuflados en el propio televisor. De esta forma se evita la instalación de múltiples altavoces independientes y el uso excesivo de cables. Porque un tropiezo yendo a por palomitas puede arruinarnos un episodio tanto o más como el peor spoiler.

Philips OLED+ 903

La Serie 9 es la estrella del catálogo de Philips. Este televisor de 65 pulgadas plasma el negro más absoluto gracias a la tecnología OLED, mientras que su avanzado procesador de imagen P5 proporciona una imagen nítida y detallada incluso a través de emisiones en streaming o desde fuentes en Full HD.  Atributos que lo han convertiro en ganador del premio EISA al Home Theatre TV de este año.

Completo con un potente equipo de audio 2.1 diseñado por Bowers&Wilkins, es uno de los modelos más adecuados para todo cinéfilo que se precie. También está disponible en versión de 55 pulgadas.

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