Las cámaras digitales incorporan cada vez más megapíxeles, funcionalidades y prestaciones. A su vez las analógicas comienzan a pasar al olvido y tan sólo algunos aficionados a la fotografía de toda la vida siguen utilizándolas para captar instantáneas. En esta sociedad que demanda velocidad, lo digital y lo instantáneo han eclipsado la antigua magia que producía el revelado y posterior visionado de una foto en papel.

Sin embargo, en los últimos tiempos ha surgido una corriente fotográfica que poco a poco está revitalizando el mundo analógico: hablamos de la lomografía. Desde 1991 unos jóvenes checos vienen impulsando este movimiento, basado en el uso de cámaras importadas de países del este, con un precio muy barato e interesantes aplicaciones, como poder hacer fotos bajo el agua, con un ojo de pez, dividiendo la imagen en cuatro u ocho partes, usando flashes de colores, etc. Son cuerpos compactos, económicos, sin estándares automáticos.

Lo que era a principios de los 90 era una especie de práctica experimental ha llegado a transformarse en una popular forma “revival” de pasar el rato, con una Sociedad Lomográfica Internacional y multitud de aficionados que aprovechan la improvisación, frescura, espontaneidad y azar de esta forma de hacer fotografía tan distinta de la que estamos acostumbrados con los nuevos dispositivos digitales, para mostrar imágenes diferentes del mundo que nos rodea.

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