La posibilidad de llegar a un gran público en YouTube ya ha sido aprovechada por multitud de usuarios entre los que se encuentran los propios partidos políticos, que no dudaron en usar este medio en las pasadas elecciones y algunas cadenas de televisión, que, comprendiendo la influencia de la página en las audiencias han llegado a acuerdos para abrir sus propios canales en el portal.

Sin embargo no a todos les parece bien que esta plataforma, que siendo bien aprovechada puede ser un canal publicitario a lo “boca a boca” muy interesante, se salte a la torera la potestad de los autores sobre sus creaciones audiovisuales y difunda contenidos sin restricción (al margen de las relacionadas con el sexo, la violencia y el mal gusto). Entre estas voces está la cadena Telecinco que hoy ha presentado una demanda contra el portal por violar sus derechos de propiedad intelectual e industrial. La cadena de Vasile no es la primera puesto en llevar a cabo este tipo de acciones que el portal ya ha recibido multitud de demandas de artistas y productoras, entre ellas Viacom, en Estados Unidos.

En este caso comparto con los propietarios de YouTube, Google, la opinión de que este tipo de demandas “amenazan la forma en que millones de personas intercambian información, noticias, entretenimiento y expresiones políticas y artísticas de forma legítima”. De hecho pongo en duda la mala intención de este portal, creado de forma “filantrópica” para que los usuarios compartieran sus videos domésticos y que ha resultado de un éxito arrollador.

A esta “inocencia” de la página podría apoyarla la propia confesión de Eric Schmidt, director ejecutivo de Google, que reconoce no saber como rentabilizarla, dado el alto coste que implica disponer de un ancho de banda que permita subir los miles de videos que los usuarios cuelgan al día.

El director general de Tele 5, Mario Rodíguez, declaraba esta mañana el gran daño que YouTube estaba haciendo a la cultura, pero a mi parecer el portal está haciendo precisamente lo contrario, consiguiendo que los usuarios puedan compartir libremente creaciones audiovisuales e incluso sirviendo como plataforma para dar a conocer a nuevos realizadores. En esta dirección el portal ha abierto una sala de proyección para cineastas donde se mostrarán cuatro películas nuevas por semana, echando por tierra en parte esta opinión del CEO de la cadena privada.

¿En qué desembocarán estas demandas múltiples de artistas, cadenas y productoras? ¿Habrá grandes multas para el portal que hagan que Google considere que no puede rentabilizar la página y la acabe cerrando o vendiendo? ¿Será esto el fin de esta plataforma de intercambio audiovisual libre?


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