Durante mucho tiempo se ha dicho que la música puede condicionar nuestro estado de ánimo y producirnos diferentes sensaciones e incluso que elegimos una u otra canción dependiendo de cómo nos sintamos en cada momento. Sony Ericsson acaba de realizar un estudio entre 200 jóvenes entre 18 y 24 años que concluye que, efectivamente, ciertos tipos de canciones nos afectan más que otras.

El estudio de Sony, que se basó en la recogida de muestras de saliva de estos dos centenares de jóvenes, tras hacerles escuchar diferentes estilos musicales, desvela cosas tan curiosas como que uno de los géneros que hace desprender más testosterona tanto a hombres como mujeres y ponerlos románticos es el Hip hop alemán; que entre los estilos más relajantes están el pop croata, el pop letón y el pop rock polaco o que los ritmos latinos son los que causan más estrés, ya que un 98% de los participantes aumentaron sus niveles de Cortisol tras la audición de estos temas. De acuerdo estoy en que escuchar un rato de reggaetón retumbando a través de los altavoces gigantes de discoteca puede poner nervioso a cualquiera, pero ¿Hay algo menos romántico que un alemán cantando hip hop?

Igualmente se llegó a la conclusión de que buena parte de los chicos y chicas españoles de estas edades, además de caracterizarse por preferir los singles sueltos a los álbumes entero, sólo escuchan 30 segundos o menos de una canción (51%).

Esta forma de “picoteo” ya es característica de esta generación, que ha crecido bajo el amparo de la televisión e Internet, ambos medios que nos obligan a cambiar de canal, a navegar de una web a otra, a ir de uno a otro video, asimilando el gusto por la rapidez e inmediatez. Pero ¿Se puede valorar la calidad de una canción y su artista en tan sólo medio minuto? ¿Se puede decir qué “gusta” o “no gusta” cuando a veces tenemos que escuchar una canción dos, tres o cuatro veces para tomarle la medida?


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