Aunque la mayoría de fotógrafos prefieren quedarse en casa cuando el mal tiempo azota, aquellos que os arméis de valor (y toméis las precauciones oportunas) descubriréis las estupendas oportunidades que surgen gracias a la intensa atmósfera de la lluvia, los reflejos del agua sobre la calzada, el contraste de las amenazantes nubes sobre el mar o una pradera, y los rayos que se cuelan entre ellas.

Cuando las condiciones climáticas sean adversas, es el momento de tener en cuenta los siguientes consejos:

– Redescubriendo la ciudad: La lluvia lo cambia todo añadiendo mil y un reflejos en las ciudades, creando una evocadora neblina en la lejanía y distrayendo a todos los que se encuentran a vuestro alrededor proporcionando la oportunidad perfecta para retratarlos en sus carreras y prisas.

– Nubarrones con personalidad propia: Dependiendo de la región y de las condiciones meteorológicas bajo las que nos encontremos podemos encontrar un verdadero espectáculo encima de nuestras cabezas. Lástima que abunden más los clásicos cielos grises carentes de interés pero aún con estos, puede ser interesante darnos una vuelta por algún lugar donde el paisaje sea homogéneo como la playa o un campo de trigo.

– Después de la tormenta: Obviando los clásicos arco iris, las horas posteriores a una tormenta son fantásticas para continuar sacando fotos de lo que nos rodea. Desde las gotas que lo cubren todo hasta los reflejos de los charcos. Además, después de una buena lluvia en la que sale el sol comprobaréis que la atmósfera se queda completamente limpia, proporcionando unos amaneceres y atardeceres absolutamente espectaculares.

– Sin flash y a contraluz: Con el flash integrado de la cámara tan solo conseguiréis acabar con toda la magia de la escena al tiempo que dibujáis una cortina de agua delante vuestra. Si podéis separarlo de la cámara la cosa cambia, ya que así podemos darle cierto volumen a las gotas próximas disparándolo en un ángulo de 45 o 90 grados (también es interesante sincronizar el flash a la segunda cortinilla para que la gota “congelada” esté en la parte inferior de su estela y no arriba). En cualquier caso, con flash o sin él, es importante que nunca disparéis con el sol a vuestras espaldas, ya que la lluvia aparecería grisácea y sin brillo.

– Expande la lluvia con un angular: Aunque no es una regla rígida, en general debéis de tener en cuenta que un teleobjetivo comprimirá la perspectiva creando un velo si la lluvia es intensa.

– ¿Lento o rápido?: Diferentes velocidades de obturación nos permiten conseguir diferentes efectos. Con velocidades lentas (entre 1/30 y 1/15 seg dependiendo de la intensidad de la lluvia) obtendréis unas bonitas líneas alargadas, mientras que con otras más rápidas (de 1/400 en adelante) lograréis congelar las gotas en el aire creando un paisaje irreal. Si en este último caso incluís algún charco en la imagen, mejor que mejor.

– Blanco y negro: Aunque estos días suelen ser bastante grises ya de por sí, ofrecen una gran excusa para practicar nuestro dominio del blanco y negro o sepia añadiéndole más dramatismo a nuestras imágenes.


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