Cada vez hacemos más fotografías con el móvil y lo cierto es que no es algo extraño: la calidad de smartphones como el iPhone, el Samsung Galaxy SIII o el Nokia Lumia 800 ofrecen una calidad excelente y a la hora de hacer fotos rápidas cumplen a la perfección su cometido. Sin embargo, a la hora de la verdad, el grado de calidad que da una cámara convencional no tiene rival.

Hay muchos motivos por los cual una réflex nos da mejores resultados que un móvil y uno de ellos es la posibilidad de guardar imágenes en formato RAW. Igual lo hemos oído alguna vez o quizá ya estemos más que de sobra familiarizados con este concepto. Si nuestro caso es el primero, hoy os queremos explicar qué es, para que lo tengamos en cuenta cuando vayamos a comprar una cámara réflex.

Cuando captamos una imagen con la cámara, ésta normalmente se guarda en formato JPEG. Es decir, tenemos una imagen final que ya ha sido procesada por el dispositivo y que ha pasado por una serie de filtros previamente. De este modo obtenemos un resultado final que da la sensación de acabado. Luego podemos editar las imágenes, es cierto, pero lo haremos sobre información que ya está editada.

A la hora de hacer fotos rápidas es una solución muy eficaz: hacemos la foto, la guardamos en nuestra memoria y listo. Sin embargo, si queremos resultados de más calidad, además de profesionales, el siguiente paso es hacer fotografías en formato RAW. El nombre en inglés, traducido al español sería crudo, ya nos da algunas pistas de lo que tendremos que hacer. Esto es: tenemos que “cocinar” el archivo para darle forma.

El formato RAW es, en esencia, lo que ha capturado en ese momento el sensor de la cámara. Es decir, no hay procesado en esta fase todavía. Toda la información de color y luz queda registrada para que luego, nosotros, nos encarguemos de editarlo en el ordenador. Cada fabricante de cámara apuesta por su propio RAW pero a la hora de la verdad cualquier aplicación de edición fotográfica puede abrirlo sin problemas.

No todas las cámaras son capaces de guardar fotografías en este formato. De hecho la mayoría de las compactas, salvo unas pocas excepciones, no son compatibles y todo esto queda como algo exclusivo para los usuarios de réflex, bridge o sin espejo. Además, lo primero que notaremos cuando hagamos fotos en RAW será su tamaño, que puede superar los 20 MB por imagen.

La primera vez que abramos una foto en RAW, mi herramienta de trabajo en estos casos es Adobe Lightroom, lo primero que notaremos en comparación con una imagen en JPEG es que los enfoques son algo más suaves y los colores más naturales. Sin embargo, a partir de este momento podemos editar la fotografía sin preocuparnos de perder calidad: manipular la exposición, el tono de los colores, aplicar degradador de color… las posiblidades son infinitas.

Hablar sobre el procesado de las imágenes nos podría llevar mucho tiempo por lo que de momento dejamos aparcada esta introducción al formato RAW. Ya conocéis sus virtudes, qué ofrece y por qué deberías tenerlo en cuenta cuando vayas a comprarte una cámara réflex. Si os interesa el tema de la edición fotográfica, hacédnoslo saber a través de los comentarios y escribiremos más adelante, y con la profundidad que se merece, sobre este tema.

 

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