El invierno es una época especial por su climatología y por las estampas que deja a su paso. Para los fotógrafos es una época propicia para capturar momentos únicos, aunque también es un tiempo de retos a causa de las inclemencias del tiempo, meteoros tales como la nieve o la falta de luz, con días especialmente cortos y nublados.

Con todas las dificultades que ello conlleva, especialmente de cara a evitar que nuestro equipo sufra algún daño o planear con antelación qué fotos vamos a hacer, merece la pena hacer el esfuerzo de salir de casa y capturar los momentos especiales que nos deja esta época del año.

Las situaciones a las que nos enfrentamos en invierno pasan, en general  para geografías como la de España, con la excepción de las Islas Canarias, Ceuta, Melilla o el archipiélago balear y costa mediterránea, por tener menos horas de luz, sufrir temperaturas más bajas junto con lluvias más frecuentes o movernos en espacios con cambios de temperatura bruscos.

La humedad, el frío, la lluvia, etcétera, son potenciales enemigos de la tecnología. Además, las nubes o la nieve, por no hablar de la falta de luz, condicionarán nuestra técnica fotográfica. En este artículo trataremos de dar unas pautas sobre cómo evitar que estas condiciones supongan un riesgo para nuestro equipo, e incluso aprovecharlas en nuestro beneficio.

Lluvia, humedad, viento y frío

Este cóctel es uno de los más habituales en invierno. Puede que no llueva, pero la humedad sea extremadamente alta, con viento que incremente el efecto de las bajas temperaturas. En estos casos, salvo que lleves encima una cámara rugerizada, sea compacta, SLR, CSC o incluso un móvil, tendrás que tener especial precaución con tu equipo.

Un poco de lluvia no debería ser un problema para la mayoría de los dispositivos electrónicos, siempre y cuando todas las gomas y protecciones de los puertos y conexiones estén correctamente ajustadas en su posición. en los smartphones, hay que tener especial cuidado con el conector de alimentación o las ranuras de expansión. Las primeras gotas de lluvia no deberían ser un problema. Hacemos la foto que sea, guardamos el equipo en la mochila o la funda y buscamos techo o abrimos el paraguas.

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Eso sí, si tienes una cámara SLR con certificación a prueba de lluvia fuerte, perfecto, pero recuerda que en las cámaras con ópticas intercambiables si el objetivo no está también preparado para resistir lluvia fuerte, la impermeabilidad de la cámara no estará asegurada.

Si tienes una cámara con objetivos intercambiables, presta atención al viento o la lluvia. Cambia el objetivo con el cuerpo bloqueando el aire para evitar que entre dentro del equipo algún elemento que pudiera ensuciar o estropear el sensor. Lo mismo para las gotas de lluvia o salpicaduras si estás cerca de un rompiente en la costa.

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Un fenómeno que se puede observar en invierno es el de la condensación. Si estás en la calle con frío y humedad y entras en un local con una atmósfera cálida con un contraste fuerte de temperatura respecto al exterior, aparecerá la condensación dentro de nuestra cámara. Especialmente en las SLR o CSC con objetivos intercambiables, pero en casos extremos puede aparecer también en las cámaras compactas o en las de los smartphones.

Es un fenómeno normal y lo único que tendremos que hacer es esperar a que desaparezca la condensación para volver a usar nuestro equipo fotográfico.

Para prevenir problemas relacionados con la lluvia o las salpicaduras en los rompientes de la costa si fotografiamos un temporal, podemos usar métodos caseros, como envolver la cámara en papel “film” transparente dejando margen para mover el objetivo y acceder a los botones y sin ajustarlo tanto como para que haya botones permanentemente pulsados.

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Otros métodos más elaborados pasan por el uso de fundas específicas para proteger las cámaras frente a lluvia o agua: las capas de agua. O incluso bolsas universales o carcasas diseñadas ad hoc para determinados terminales.

En cuanto al frío, el efecto que tiene en nuestra cámara es el de reducir la capacidad efectiva de las baterías. Es decir, si vamos a fotografiar en pleno invierno, mejor si te llevas una batería de repuesto para no quedarte “colgado” y sin energía en la cámara antes de lo esperado. Es un efecto colateral de las bajas temperaturas.

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Con estas precauciones, podremos hacer fotos bajo la lluvia sin miedo a que se nos estropee el equipo y así aprovechar las condiciones especiales que tienen los reflejos en los escenarios urbanos, por ejemplo.

Nieve, ese inmenso reflector

Otro elemento clásico del invierno es la nieve. En este caso, no es un elemento que moje realmente en un primer contacto cuando está en forma de hielo. Pero en pocos instantes se derrite y es cuando puede suponer un problema para la electrónica. En este caso, aplicaremos las precauciones propias de las condiciones de lluvia y agua del apartado anterior, incluyendo el uso de capas de agua o métodos “caseros”.

Además de su impacto como elemento con el que hay que convivir durante una nevada, la nieve tiene implicaciones en el apartado de la técnica fotográfica. En particular en la medición de la luz de una escena. La nieve es un inmenso reflector de los rayos de sol y por tanto, si dejamos que la cámara mida la luz de la escena puede “confundirse” y pensar que hay más luz de la que realmente cuenta para que los objetos de la escena salgan correctamente expuestos.

Si la cámara “piensa” que hay más luz de la que realmente hay, seleccionará velocidades de obturación rápidas, por lo que la foto final saldrá, por lo general, subexpuesta. Para compensar este efecto (que también se da con cielos nubosos con nubes muy blancas), podremos usar la (precisamente se llama así) compensación de la exposición. Es un ajuste que está en la práctica totalidad de las cámaras, y que permite corregir las desviaciones de los medidores de luz.

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En el caso de la nieve, habrá que compensar hacia arriba, con valores positivos. Entre +1 EV y +2 EV son valores que pueden funcionar. Lo mejor es probar in situ hasta dar con el valor óptimo.

Otra táctica es la de medir la luz del objeto o el sujeto que queramos retratar usando la medición puntual y bloqueando la exposición en ese punto. La medición puntual no se ve afectada por el efecto de la nieve.

En invierno hay menos luz

La falta de luz es otro efecto colateral del invierno. Los días duran menos y si además llueve o hace mal tiempo el sol puede que “brille por su ausencia”. En estos casos es conveniente tener en cuenta este factor para evitar que vaya en detrimento de las fotos que hagamos o que condicione los parámetros fotográficos haciendo que la calidad de las imágenes se vea perjudicada.

Las cámaras SLR digitales o las CSC de última generación, además, cuentan con tecnologías que mejoran notablemente la respuesta del sensor ante la falta de luz. E incluso los móviles de gamas más altas consiguen buenos resultados en condiciones de penumbra.

De todos modos, en invierno también es posible capturar momentos tales como las puestas de sol y disfrutar de días soleados, claro está. Con todo, el sol no llega a estar tan alto como en la época estival y la luz que percibimos incluso en los días despejados tiene ese toque “invernal” característico.

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Para capturar estos momentos, lo mejor es tener a mano las horas a las que sale y se pone el sol para saber con cuántas horas de luz contamos. Prácticamente cualquier aplicación meteorológica que tengamos en nuestro smartphone cuenta con esta información, todo sea dicho. Además, si tenemos una cámara SLR o CSC de ópticas intercambiables , no vendrá mal contar con unas ópticas tan luminosas como sea posible para capturar la luz disponible sin necesidad de que el valor de parámetros como la sensibilidad ISO se disparen hacia valores elevados.

Con los móviles tendremos que tener especial cuidado para que la sensibilidad ISO no suba por encima de 400. En estos casos podemos usar el modo manual, si el terminal cuenta con él, para configurar un valor ISO lo más bajo posible y así maximizar el nivel de detalle de las imágenes resultantes.

Tambièn es útil, para sesiones fotográficas invernales, disponer de un trípode. Ayudará a hacer fotos con poca luz, y si es preciso proteger a la cámara contra la lluvia, en un trípode será más fácil preparar el sistema de impermeabilización. En este caso, si hace viento fuerte ten cuidado para que no te tire la cámara, y tambièn para que no salgan movidas las fotos su usamos velocidades de exposiciòn lentas.

Mantente seco y con las manos calientes

En invierno hay que prestar especial atención a la ropa de abrigo. La fotografía es una actividad que precisa de un constante tránsito entre momentos de actividad y otros de espera. Y en momentos de frío y lluvia es preciso contar con prendas que aguanten bien el calor corporal, no se calen por la lluvia o la nieve y además permitan que nos movamos con libertad.

También es preciso contar con mochilas y bolsas para nuestro equipo que sean robustas e impermeables, ya sea por construcción y materiales o por el uso de cubiertas resistentes a la lluvia. Además tendrán que ser mochilas ergonómicas para poder llevarlas encima durante muchas horas.

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En cuanto a las manos, los guantes son un requisito casi imprescindible. Mejor si son guantes técnicos, con tejidos que mantengan la sensación de tacto al pulsar los botones, con un buen agarre y con algún sistema para descubrir los dedos que intervienen en la pulsación del obturador o la configuración de los parámetros fotográficos. Si pierdes la temperatura en las manos, lo que podría ser una jornada agradable puede convertirse en un suplicio, sobre todo porque se pierde sensibilidad en los dedos.

A continuación te proponemos algunas soluciones que pueden ser de ayuda para hacer más llevaderas y productivas las sesiones fotográficas invernales.

 

Lowepro Fastpack BP 150 AWII

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Una mochila con capacidad para llevar nuestra cámara, accesorios y hasta un portátil. Además, cuenta con una funda impermeable que la hace más resistente ante condiciones climatológicas adversas. Es ergonómica y versátil, con un buen equilibrio entre tamaño y capacidad.

 

Elbe FI-008 para Smartphones

funda impermeable

Si tienes un smartphone que no esté preparado para resistir la lluvia o el polvo, la solución más inmediata y fácil es la de usar una funda universal estanca. No es lo más cómodo del mundo, pero aguantará la lluvia, la nieve y el polvo al tiempo que nos dejará hacer fotos a través de la funda transparente.

 

 

Panasonic FT30

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Las cámaras a prueba de agua, golpes e incluso sumergibles son una solución definitiva para hacer fotos en invierno sin preocuparnos por las condiciones meteorológicas. De todos modos, aspectos como la luminosidad de la óptica no serán tan buenos como en cámaras SLR o CSC.

 

Canon EF 50mm F/1,8 STM para Canon EOS

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Si tienes una cámara de objetivos intercambiables, una óptica luminosa es esencial para hacer fotos con poca luz. Las ópticas con focal fija son una solución de compromiso entre luminosidad y precio. Los modelos más económicos no estarán protegidos contra lluvia fuerte o agua, pero son fáciles de proteger gracias a su pequeño tamaño.

 

Manfrotto 290 Light y rótula 3 way

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Un trípode es útil tanto para hacer fotos con poca luz como para capturar escenas en las que usemos velocidades de obturación largas para capturar el movimiento de las gotas de agua o de los copos de nieve mientras caen. Además, es más fácil proteger la cámara con una capa de agua si está en un trípode.

 

Imágenes: iStock  Silent_GOS, Manu Arenas


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