Érase una vez que se era en un mundo llamado Ordenador un recién nacido al que todos auguraban un gran futuro. Aquel “elegido”, de nombre www crecía rápido y aprendía aún más deprisa.

Sin embargo ese era aún un mundo incierto, gris y desorientado, controlado por grandes gigantes que poseían los recursos necesarios para alimentar a la corte del joven www, con la que pretendían amasar mayores fortunas de las abultadas que ya disponían cobrando altos aranceles.

Pero un buen día todo cambió. Un grupo de nuevos “caciques” llegaron a este mundo de ceros y unos. También poseían recursos en cantidad, pero al contrario que los gigantes aprovechados comenzaron a regalárselos a todos los habitantes sin cobrarles los excesivos impuestos que sí se llevaban los gigantes. Y desde entonces todos, o más bien casi todos, fueron felices y no se gastaron ni un duro en descargarse aplicaciones.

En homenaje a los nuevos habitantes suministradores de recursos aquel glorioso día se llamó el día del “software libre”. Muchos de sus nombres no pasarán al olvido: Mozilla, Linux o Gimp entre otros muchos hicieron que el joven www se convirtiera en un muchachito con un reino próspero, fértil y en crecimiento y unos súbditos la mar de contentos.


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