A tener en cuenta. Linux es abierto, liviano, consume pocos recursos y no está amenazado por tantas clases de virus, pero no podemos olvidar que la inmensa mayoría de las aplicaciones vienen optimizadas para el sistema operativo de Microsoft, y desde estas líneas, lejos de dogmatizar, vamos a proponer la instalación conjunta de ambos sistemas operativos. Antes de empezar, es necesario tener a mano un disco de arranque del sistema, muy socorrido en caso de ocurrir algún problema de instalación, para después poder restaurar el estado anterior. Este tutorial parte de una instalación de Windows XP. Siguiendo los pasos que se describen a continuación, cada vez que arranquemos nuestro ordenador tendremos la opción de elegir el Sistema Operativo que más nos convenga para las actividades que pensemos realizar, aprovechando las ventajas de cada uno. Como contrapartida, debemos sacrificar algo de espacio en nuestro disco duro.

Debemos obtener el programa Wubi. Está disponible en multitud de sitios, siendo recomendable acudir a la web oficial para su descarga y por supuesto es totalmente gratuito. Se trata de un instalador basado en Windows de varias distribuciones de Linux.

 

Su uso es muy sencillo, y sólo hay que seguir los pasos que nos van indicando los menús contextuales; no existe además riesgo de perder nuestra partición de Windows como sucedía con la manera tradicional de instalar Linux.

 

Es conveniente indicar en este paso, que no nos serviría de nada instalar antes que Windows la distribución de Linux, ya que el instalador de Win XP borra por defecto cualquier programa, y por ende, el arrancador de Wubi.

Podemos partir de un CD donde hemos grabado Wubi o instalarlo directamente desde el archivo. En el menú que se despliega al ejecutarse, escogemos “instalar dentro de Windows”

 

Automáticamente, se crea un archivo imagen para que más adelante pueda proseguir la instalación, aún después de reiniciar el ordenador.

 

El siguiente menú de instalación, nos permite escoger varias configuraciones:

 

En primer lugar elegimos la partición donde deseamos instalarlo o la unidad de disco en caso de disponer de varios discos duros. También elegiremos el idioma y la cantidad de espacio que vamos a reservar para la nueva partición.

 

En la pestaña “entorno de escritorio”, hemos de escoger la distribución que mejor se adapte a nuestras necesidades. La más completa es Ubuntu.

 

Por último, hemos de escribir un nombre de usuario y una contraseña para acceder al sistema operativo en el futuro. Una vez instalado, podremos eliminarlo en las opciones.

 

Sólo queda hacer click en el botón “instalar” y tras unos breves instantes, el ordenador se reiniciará para continuar con la instalación.

 

Una vez concluido el proceso, ya podemos disfrutar de nuestro nuevo sistema y variar la configuración a nuestro gusto.

 

Desde este momento, cada vez que encendamos o reiniciemos el PC, nos saldrá un menú en el que hemos de elegir el sistema operativo de inicio. Tras unos segundos, por defecto arrancará con Windows.

 

Para desinstalarlo, procedemos como si se tratase de una aplicación más, eliminándolo desde Agregar o Quitar Programas.

 

Esta es la manera más fácil de probar un sistema operativo distinto sin renunciar a nada.


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