Estofado, pollo a la barbacoa, pulled pork, pimientos rellenos… A estos y otros muchos guisos huelen los hogares norteamericanos a media mañana. Puede que incluso no haya nadie en casa, que los adultos estén trabajando y los más pequeños se encuentren en clase.

Aunque en nuestro país su uso no está todavía muy extendido, en países anglosajones llevan años disfrutando de las ollas de cocción lenta y sus ventajas. En Estados Unidos, por ejemplo, es muy típico levantarse, preparar en poco tiempo la Crock-Pot con los ingredientes que necesite el plato, programar la olla y “olvidarse” de ella hasta la vuelta del trabajo, cuando toque aquello de “Dinner’s ready!”.

Las razones para rendirse ante la Crock-Pot

Buena parte de los hogares españoles cuentan con ollas a presión, un robot de cocina, batidora de mano y muchos más utensilios que facilitan nuestro día a día, las ollas de cocción lenta como Crock-Pot todavía no están demasiado extendidas. Gracias al boca a boca, eso sí, empiezan a popularizarse en nuestro país.

¿Qué es lo que está llevando a tanta gente a recomendarla y a que haya aumentado su demanda durante los dos o tres últimos años? Cuatro son básicamente las razones que esgrimen aquellos que se han rendido ante la Crock-Pot:

  1. no es necesario estar pendiente de la comida, no hay que vigilar ningún fuego o remover para evitar que la comida se pegue o se pase;
  2. los platos resultan más sanos y saludables, al cocinar los alimentos a baja temperatura durante un número elevado de horas, se conservan mejor los nutrientes;
  3. el sabor, siendo habitual que sus usuarios invoquen la comida casera o los guisos de las abuelas cuando presuman de las recetas que han hecho con este pequeño electrodoméstico; y cuatro, y quizás la razón más importante,
  4. lo fácil que resulta cocinar platos exquisitos.

Disfrutando del momento “unboxing”

Tras escuchar y, sobre todo, leer en los últimos meses tantos piropos, no es extraño que los “cocinillas” sintamos cierta curiosidad por probar la Crock-Pot y así sacar nuestras propias conclusiones.

El modelo que tenemos en nuestras manos es el SCCPRC507B con display digital. En su caja descubriremos cinco cosas: la tapa, una base de metal con alimentación eléctrica, la olla cerámica, el cable para enchufarla a la luz, así como un manual de instrucciones y recetas en varios idiomas.

En este, tres hojas y media están dedicadas al español, así que en menos de cinco minutos tendremos claro qué hay que hacer antes de usarla por primera vez (lavarla) y cómo utilizarla a partir de entonces, incluyendo nueve recetas (ternera bourguignon y pulled pork o cerdo desmigado, incluidas). Para que nos estrenemos a lo grande.

Hacernos con el manejo de la Crock-Pot nos llevará un minuto, el tiempo que necesitamos para situar los cuatro únicos botones que facilitan su uso:

  • el de encendido y apagado, a la derecha;
  • los del centro, con sendas flechas arriba y abajo, para subir o bajar el temporizador (de 30 en 30 minutos);
  • y el de la izquierda, para seleccionar la potencia (alta o baja).

Con estas indicaciones es suficiente para adentrarnos en el mundo de la cocina a baja temperatura. El resto pasa por encontrar las recetas apropiadas para ponerla a prueba y triunfar con la familia.

Carnes, pescados, postres… Puede con todo

Durante esta semana de prueba no hemos dejado descansar a la olla. Como todo el mundo habla muy bien de la textura y el sabor que se consigue cocinando carnes, empezamos con un estofado de ternera, al que siguieron el famoso pulled pork y una paletilla de cordero (imágenes de abajo, y recetas aquí, aquí y aquí, respectivamente).

Estos primeros guisos nos han servido para corroborar la simpleza de su uso; lo práctico que resulta olvidarte de que tienes la comida “en el fuego” durante horaslos tres platos con los que la estrenamos precisaban siete horas a baja potencia; y la jugosidad del resultado, la carne se cocina con su propio jugo, no hace falta echar ni agua. Por eso se suelen recomendar carnes gelatinosas, que tras la cocción resultan tiernas y melosas.

En esta intensa semana de uso nos hemos atrevido a preparar (ambos en la imagen) una fondue de queso (150 gramos de gruyere, 150 de emmental y 50 de gorgonzola, más vino blanco, pimienta y maicena) o un zarangollo murciano (calabacín, cebolla y huevo).

La primera incursión con pescado ha sido un bacalao confitado tierno y sabroso (4 filetes de bacalao, especias y aceite de oliva), que estaba listo en una hora y media.

Para postre, no hemos decantado por un arroz con leche (750 ml de leche, 125 gramos de arroz, una rama de canela, media cáscara de naranja y 75 gramos de azúcar) que ha intentado rivalizar con el de la abuela. Se ha quedado muy cerca de la receta tradicional, y un segundo intento seguro que aproximamos mejor cantidades y tiempos.

De igual manera que en el último año nos han recomendado la Crock-Pot varias veces, pensamos que es un producto que sabrán apreciar tanto aquellos que disfrutan cocinando, por la textura y el sabor; como los que no tienen tiempo ni ganas de enfrentarse a los fogones, ya que los preparativos suelen llevar pocos minutos. No cocina solo, todavía, pero es verdad que da mucha libertad al poder dejarlo programado y que todos los platos que hemos elaborado estaban francamente sabrosos.

Para aquellos que no estén convencidos de tener un aparato siete (o más) horas conectado a la red eléctrica, hay que apuntar que su consumo es muy bajo, empleando entre 75 y 150 W en temperatura baja y entre 150 y 210 W en alta. De hecho, cuando se compara el coste de un plato si se realiza en un horno, la vitrocerámica y la olla de cocción lenta, el más bajo siempre se corresponde con la Crock-Pot, un dispositivo disponible en El Corte Inglés.