Si le preguntamos a un diccionario qué es la domótica, este nos dirá que se trata de un conjunto de técnicas orientadas a la automatización de la vivienda que integran una serie de tecnologías para optimizar la seguridad, la gestión energética y las comunicaciones. Es decir, una forma de mejorar nuestro bienestar.

Si domotizamos, por ejemplo, el aire acondicionado, podemos manejarlo de forma remoto o incluso apagarlo automáticamente cuando el sistema detecte que no hay nadie en una habitación determinada.

Pero también es una forma de mejorar nuestra economía, de ahorrarnos esos imprescindibles euros que se escapan por la ventana y podrían estar en nuestra cuenta corriente. ¿Cómo? Mediante eficiencia energética y un estricto control de hábitos. Te lo contamos.

Mejorando hábitos

Siguiendo la hoja de ruta marcada por CEDOM (Asociación Española de Domótica e Inmótica), existen un buen puñado de formas de ahorrar. En lo que a iluminación refiere, nada mejor que adaptar los niveles en función de la variación de luz solar, reduciéndola en zonas de paso y focalizándola a las comunes, además de usar lámparas LED, basadas en diodos de alta resistividad y bajo consumo.

Un foco “ahorro” consume aproximadamente un 75% menos energía y dura hasta 10 veces más que un foco incandescente. La solución, por tanto, pasa por la automatización de encendido y apagado, apurando cada segundo extra, tal y como hacen los grifos inteligentes con sensores fotoeléctricos.

En el caso de los electrodomésticos, la mejor solución pasa por un secuenciador sobre el que podamos programar su funcionamiento según los horarios en los que el precio de la energía es menor. Así, el modo en espera se activará en los periodos de máximo gasto. Priorizando estos horarios notaremos un ahorro considerable.

Además, es muy importante mantener un equilibrio entre potencia contratada y gasto energético. En una potencia contratada de 3,3 kW, si tu hogar no llega a suministrar la demanda y subes a 3,45 kW el problema es el habitual: el coste de volver a subir potencia se come el ahorro.

En cuanto a la calefacción y ahorro de combustibles, el segmento donde más puede variar el gasto -se estima que el reparto de consumo eléctrico en un hogar corresponde un 42,9% a los electrodomésticos y un 27,9% a la calefacción, al que habría que sumar otro 11,9% del agua caliente-, nada mejor que adaptar la temperatura de la vivienda a las variaciones de la temperatura exterior, además de tener otras variables en cuenta como las horas del día, la presencia de personas o las zonas de máximo tránsito.

Por último, otra clave la hallamos al tener en cuenta persianas y ventanas con detectores de apertura y cierre para cerciorarse de un buen funcionamiento y aprovechar al máximo la luz solar. En una misma casa las condiciones de temperatura varían entre estancias y habitualmente es debido a la orientación solar.

Una realidad inmediata

En el mercado de los termostatos inteligentes existen muchas alternativas. Los más avanzados, como el Nest Learning Thermostat de tercera generación, indican cómo ahorrar energía, qué trucos usar en el día a día para hacer un gasto más eficiente, con una hoja de ruta que marca en forma de gráfico los distintos logros obtenidos y las posibilidades de mejora.

El Nest Learning Thermostat tiene la capacidad de memorizar nuestras temperaturas favoritas —aquellas que más nos convienen durante nuestra convivencia diaria— y las replica sin que tengamos que estar pendiente.

Pero además de memorizar este horario, también cuenta con una temperatura ECO, algo así como un “modo ahorro” que se activa cuando salimos de casa. Y no necesitamos decirle adiós, puesto que el termostato sabe si estamos o no en casa por la cantidad de luces activas y el movimiento que hacemos al desplazarnos por las habitaciones.

De esta forma no tenemos que acomodar la temperatura a nosotros: el termostato lo hace de forma dinámica por sí sólo. ¿Y cómo lo consigue? Fácil: su base de funcionamiento cuenta con módulos WiFi, Bluetooth, sensores de temperatura, de humedad, de movimiento cercano y lejano, y luz ambiental, además de su capacidad para almacenar nuestros hábitos en un servidor seguro, en la nube.

Debido al periodo de adaptación-aprendizaje dinámico, durante la primera semana el ahorro no suele ser muy agresivo, marcando apenas un 5% de diferencia. Es a partir de la segunda semana cuando el gasto energético se aprecia entre un 10% y un 17%. Estas cifras se corresponden a nuestro uso y lógicamente pueden variar en función de cada hogar y sus hábitos de consumo.

Según estimaciones basadas en nuestra propia experiencia -usando gas propano, con una tarifa GLP- y siguiendo los mismos patrones de consumo y potencia contratada, el coste de energía consumida se redujo en un 9% durante el primer mes. Sumando alquiler de equipos de medida, potencia contratada e impuestos obtuvimos un resultado un 11% inferior. Mes a mes es un buen pellizco, sin duda.

Por un puñado de apps

Pero si aún queremos aumentar el ahorro, siempre podemos recurrir a aplicaciones para nuestro smartphone, como Ahorra en Luz (un análisis de precio luz-hora), la propia aplicación de Nest (disponible para Android e iOS), ThermoStats, una alternativa similar, una calculadora de ahorros para llevar un control generalizado, o una calculadora focalizada estrictamente en el Gasto Eléctrico.

Gracias a estas apps podremos personalizar la temperatura de cada habitación, programar un encendido y apagado de rutina, siguiendo horarios estrictos, aplicar modificaciones según la previsión meteorológica y estar al tanto de nuestra facturación antes del momento de cobro.

También existen calculadoras online -como esta de Endesa o esta otra, estimada según las fuentes de consumo- pero exigen prestar atención a las facturas e ir introduciendo datos constantemente para corregir los ratios de ahorro.

Sin duda, la mejor alternativa para ahorrar está en modelos automatizados como el Nest Learning Thermostat: garantizan efectividad sin el agobio de estar prestando atención a cada dato y consumo mensual. Y los resultados son perceptibles desde el primer mes, pudiendo ahorrar hasta un 20% del total anual dependiendo de la zona geográfica donde nos encontremos y las capacidades aislantes de nuestro hogar.


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