Nos vamos de vacaciones. Ese momento en el que, lo sabemos, los datos que tengamos contratados nunca van a ser suficientes. Nos gusta compartir los momentos en los que estamos pasándolo bien, cuando somos felices y disfrutamos, pero también queremos compartirlos con aquellos que no nos han podido acompañar. Y, cada vez que nos conectamos a una red WiFi con la intención de ahorrar datos en nuestra tarifa, olvidamos los riesgos de navegar en redes Wi-Fi públicas.

Porque estamos tan acostumbrados a utilizar el WiFi de cualquier lugar que pedimos la contraseña en un bar antes que el café o en el hotel antes de registrarnos. Y en muy pocas ocasiones nos preocupamos por el tipo de seguridad de la conexión: mejor si la WiFi es abierta y no tenemos que poner la contraseña. Y estamos compartiendo información con los que nos rodean, a veces sin ser del todo conscientes.