Que la tecnología avanza a pasos agigantados es una de esas cosas que simplemente se dan por hechas. Solo tenemos que fijarnos en ordenadores portátiles modernos como el LG Gram, que podemos guardar tranquilamente en cualquier bolso o mochila sin que lleguemos a notar su presencia. Pero cuando aparecieron los primeros modelos, eran portátiles como podemos considerar “portátil” una mochila de acampada o un grupo electrógeno.

Por poner las cosas en perspectiva, algunos de los primeros ordenadores portátiles pesaban más de una decena larga de kilos. Eran auténticos maletines dotados con procesadores casi de calculadora científica y diminutas pantallas en blanco y negro. ¿Pero cómo hemos llegado al día de hoy partiendo de unas máquinas a día de hoy positivamente arcaicas? Introdúcete con nosotros en la máquina del tiempo…

Del monstruoso tubo CRT al panel LCD

Posiblemente el factor más importante en el adelgazamiento de los ordenadores portátiles sea también el más visible: la pantalla. Los diseñadores de bestias legendarias como el Osborne 1 estaban constreñidos por la tecnología de la época, lo que implicaba el uso de monitores de tubos de rayos catódicos o CRT. Basados en el mismo principio que los antiguos televisores de tubo, pesaban varios kilos y ofrecían una definición paupérrima, pese a lo cual supusieron una pequeña revolución.

Rápidamente esta tecnología comenzó a mostrar sus numerosas desventajas. Los monitores CRT no solo tienen una profundidad elevada por la necesidad de dar cabida a su tubo de vacío, sino que emplean cantidades ingentes de metal y componentes metálicos. Son masivos en tamaño y peso, ofrecen una imagen borrosa y además consumen cantidades ingentes de energía.

Puesto que precisamente el consumo eléctrico es un asunto de importancia esencial en un auténtico ordenador portátil, no tardaron en aparecer las primeras pantallas LCD. Carecían de iluminación propia y eran inicialmente monocromáticas (buena suerte tratando de utilizarlas en el parque), pero el primer paso ya estaba dado. A partir de los años 90 todos los ordenadores portátiles utilizarían uno de estos monitores.

El siguiente paso en la evolución de los monitores portátiles sería la forma de introducir color e iluminación. El primer paso fue un asunto relativamente trivial, tal vez más que el segundo. Esto se debe a que la tecnología LCD no emite su propia luz, por lo que es necesario instalar lámparas frías en el interior de la pantalla para que sus píxeles puedan verse aun con las persianas bajadas.

Introducir sistemas de iluminación CFL en los portátiles de antaño no fue una broma. Su consumo seguía siendo elevado y por muy finas que fueran estas lámparas seguían aportado un grosor nada despreciable, algo que mejoraría con la transición a la tecnología LED.

Actualmente las pantallas LCD de mayor calidad se basan en la tecnología IPS, que se caracteriza por ofrecer cuatro ventajas fundamentales: un brillo elevado, un gran contraste y amplia visibilidad desde cualquier ángulo, todo ello con un consumo reducido. Aunque hay muchos tipos de paneles distintos, la recomendación general es buscar siempre un portátil con pantalla IPS, particularmente si pensamos utilizarlo para editar fotografías o reproducir vídeo con alta calidad.

Teclados extrafinos pero plenamente útiles

Otro problema añadido que tenían aquellos vetustos portátiles de los años 70 y 80 era la falta de componentes especializados. A la postre, muchos de estos equipos eran ordenadores de sobremesa introducidos en chasis de pequeñas dimensiones y dotados (cuando existía) con una batería que en el mejor de los casos tenía una autonomía testimonial. Esto también tenía su reflejo en los teclados.

Puesto que el mercado de los ordenadores portátiles era pequeño y se orientaba principalmente al usuario profesional, la mayoría de las firmas utilizaban teclados mecánicos de grandes dimensiones que no eran sino réplicas de los utilizados en los modelos de sobremesa. Eran enormes y espaciosos, pero utilizaban mecanismos con una gran profundidad y añadían un peso nada despreciable.

Poco a poco, según fue creciendo el mercado de los ordenadores portátiles y sus usuarios comenzaban a valorar su movilidad, estos equipos fueron pasándose a otras tecnologías de perfil más reducido como los teclados de membrana. Ya no era necesario desplazar una tecla más de dos milímetros sobre un muelle metálico para registrar una pulsación, y en consecuencia se pudo reducir sensiblemente el grosor del chasis.

Actualmente los teclados de los portátiles modernos suelen tener una configuración en isla, con cada una de las teclas flotando sobre el chasis del equipo. De activación muy suave, permiten introducir texto acariciando su superficie más que aporreándola, mientras que su reducido perfil hace que asumen solo en su justa medida. El resultado no es solo un equipo mucho más fino y ligero, sino un teclado que además resulta notablemente más limpio (e higiénico).

Llegan los procesadores de bajo consumo

Decíamos antes que los ordenadores de antaño tenían un mercado reducido y que por tanto los fabricantes estaban obligados a reutilizar piezas. Esto tenía un impacto serio en la autonomía, el grosor y el peso de los equipos, y es que introducir el hardware de un ordenador de sobremesa en un diseño portátil solía tener el resultado de terminar en algo que solo podríamos describir como una minitorre con un asa.

Los chips de memoria, los discos duros, los procesadores, los puertos… Todo estaba pensado desde la perspectiva de un usuario de oficina. Y como tales, tenían un tamaño exageradamente grande, puesto que una torre no tiene que lidiar con los requisitos de eficiencia o espacio que forman parte de la identidad de un ordenador portátil.

Mal que bien, durante la última parte de los años 90 numerosos fabricantes comenzaron a utilizar componentes cada vez más y más especializados gracias a los cuales ya podíamos hablar de auténticos ordenadores portátiles modernos. La revolución, no obstante, llegaría en el año 2012, cuando Intel anunció el formato Ultrabook. El propósito era estimular la creación de equipos con Windows mucho más finos que cualquier otro modelo lanzado hasta la fecha.

Los requisitos iniciales de un auténtico Ultrabook relataban la necesidad de introducir una batería de un mínimo de cinco horas en un portátil de 21 mm de grosor para equipos de 14 o más pulgadas, valiéndose para ello de procesadores de bajo consumo especialmente diseñados. Hoy en día estos datos parecen de risa, pero el concepto Ultrabook marcó un antes y un después en la industria informática.

El LG Gram es un buen ejemplo de cómo esta filosofía de diseño ha terminado por revolucionar la idea del ordenador portátil. A pesar de que el modelo de 14 pulgadas disfruta de un procesador Core i5 de alto rendimiento, su batería supera las 20 horas y el peso del conjunto se queda por debajo del kilogramo, a pesar de lo cual tiene potencia suficiente para ejecutar las aplicaciones profesionales habituales.

Adiós a los lectores de discos y hola a las unidades SSD

Por último, podemos identificar otro componente cuya sustitución ha supuesto un antes y un después en la historia de los laptops como auténticas máquinas portátiles: la eliminación de los lectores de medios ópticos y magnéticos. Y es que tendríamos que hacer memoria para recordar cuándo fue la última vez que instalamos un programa desde un disco.

Así como el disquete se ha quedado en una graciosa réplica del pasado que nos recuerda los algo torpes comienzos de la informática (y ahí tenemos el caso del Osborne 1, con nada menos que dos unidades magnéticas), no ha pasado tanto tiempo desde que la mayoría de los programas solo se podían instalar desde un lector óptico. Ya fuera CD o DVD, este tipo de unidades eran parte intrínseca de todo ordenador portátil.

A nivel de ingeniería, introducir una unidad multidrive (lectora y grabadora) en el chasis de un portátil no es ninguna broma. Estos componentes utilizan un motor para girar un disco óptico a miles de revoluciones por minuto, todo ello mientras un láser lee la información en su superficie para su (lenta) transmisión al procesador central. Se mire por donde se mire, estamos hablando de un consumo importante de energía, pero también de un grosor añadido nada despreciable.

La creciente velocidad de los puertos USB y sobre todo la expansión de las redes inalámbricas a alta velocidad terminaron por conseguir que los discos ópticos fueran desplazados igual que en su día desplazaron a los disquetes. Todavía hay equipos compatibles para quienes necesiten utilizar una de estas unidades por razones de retrocompatibilidad, pero actualmente todos los programas habituales se van a descargar desde internet.

La eliminación de las unidades ópticas ha permitido a diseñadores e ingenieros reducir al máximo el grosor de los ordenadores portátiles. Aprovechando de paso la eliminación de otros puertos de mayor tamaño como el clásico D-SUB para proyectores y pantallas externas VGA, el LG Gram proporciona todas las opciones de conectividad imaginables en un chasis de solo 16,5 milímetros de grosor en el modelo de 13,5 pulgadas.

Materiales aeroespaciales para una nueva generación de portátiles

La progresiva miniaturización de componentes y el recorte de piezas y elementos superfluos se ha visto asimismo acompañada por un creciente énfasis en el estilo. De repente el ordenador portátil no solo era una espartana herramienta de trabajo, sino un sofisticado aparato con un look cada vez más cuidado. Esta idea terminó de cristalizar con el lanzamiento del concepto Ultrabook, que abogaba por máquinas no solo portátiles, sino también estéticas.

LG, que cuenta con una gran experiencia en el diseño de portátiles de bajo peso, realiza una aproximación de alta tecnología al problema de cómo conseguir reducir el peso de un equipo sin afectar a su durabilidad. El fabricante surcoreano aboga en el Gram por un chasis de altísima resistencia realizado con materiales avanzados, tal es el magnesio con nanocarbono

El uso de este material proporciona al LG Gram una mayor resistencia a las caídas, al tiempo que su relativa flexibilidad impide que un golpe pueda rajarlo fácilmente. El resultado es una durabilidad un 20% superior al magnesio convencional, y que sin embargo sirve para dar forma a un portátil de menos de un kg de peso.

LG Gram Z980 13,3 pulgadas

lg gram

El LG Gram 13Z980-GAA50B es el modelo más pequeño de la familia. Posee una brillante pantalla de 13 pulgadas Full HD y un procesador de bajo consumo Intel Core i5 8250U con 8 GB de RAM, por lo que puede ejecutar con absoluta soltura las aplicaciones de ofimáticas y multimedia más habituales.

A pesar de su reducidísimo peso (menos de un kilogramo, batería incluida), es sorprendentemente resistente y viene con todas las opciones de conectividadque cabría esperar en un equipo mucho más grande. Su precio es de 967 euros.

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LG Gram Z980 14 pulgadas

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El LG Gram 14Z980 es la opción intermedia. Ligeramente más grande, incorpora los principales atributos del benjamín de la familia, pero ofreciendo una pantalla de mayores dimensiones. Gracias al uso de unos marcos extraordinariamente finos, sin embargo, tiene las dimensiones de un portátil ultrafino de 13 pulgadas.

Como sucede con su hermano pequeño, el peso es de menos de un kilogramo; 995 gramos, para ser exactos. Y sin embargo mantiene la resistencia y las capacidades de ampliación del resto de la gama, incluyendo la posibilidad de instalar una segunda unidad SSD para doblar el almacenamiento. Cuesta 1.209 euros.

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LG Gram Z980 15,6 pulgadas

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El LG Gram 15Z980 es la opción de los profesionales que buscan un portátil fino, ligero de gran autonomía y con una pantalla de buen tamaño para trabajar con hojas de Excel interminables o editar vídeo, labor para la que cuenta con un potente procesador Intel Core i7 8550U y nada menos que 16 GB de RAM.

Puesto que su pantalla IPS Full HD de 15,6 pulgadas da espacio para ello, el teclado incorpora un bloque numérico independiente, convirtiéndolo en la versión ideal para las personas que necesiten hacer cuentas habitualmente. A pesar de su mayor tamaño sigue siendo extraordinariamente ligero, con un peso de 1,09 kg. Está a la venta por 1.699 euros.

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Imágenes | Stock, Wikipedia


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