El pago contactless, o pago por proximidad, es más que una tendencia evidente. Los análisis del mercado proyectan 1.000 millones de usuarios en 2020. En China, más del 80% de la población activa lo utiliza. Frente a la vieja tradición de sacar la billetera y contar monedas, de andar cargando peso en calderilla, el simple gesto de acercar nuestro móvil a un TPV (terminal punto de venta) y validar el pago parece consolidarse como el estándar de nuestro día a día.

Si alguna vez os habéis subido a un Uber, ya conoceréis la experiencia: se interactúa con el chófer en todo momento, se mantiene el control de la ruta y se pagas, al final del trayecto, con la forma que tengamos asociada. Un proceso gestionado con la app del smartphone donde no intervienen ni billetes ni monedas.

Además, ese pudor al sacar el móvil ya no tiene sentido. Lo mismo podríamos sentir ante una cartera llena de billetes. Hasta hace bien poco, algunos comercios no contaban con TPV, mostraban “algún pero” en compras inferiores a 10€ o existía algún tipo de comisión en compras de pagos mínimos. Algo que ha desaparecido en la mayoría de comercios españoles. El contactless es una realidad en miles de restaurantes, floristerías, grandes almacenes y boutiques. Y por alternativas no será.

Cómo funciona el pago contactless

Por cierto, para quien esté empezando, para configurar el móvil solo es preciso abrir los Ajustes del sistema, ir a “Aplicaciones y notificaciones”, bajar hasta la pestaña de avanzado, dentro de la opción “toca y paga”. Una vez dentro, habrá que elegir la app de pago predeterminada. Por ejemplo, Samsung Pay o Google Play —conocida anteriormente como Android Pay—. Cuando esté configurada, ya no tendremos que volver a repetir el proceso en la siguiente compra.

Google Pay es compatible con bancos y entidades financieras como Openbank, BBVA, Edenred, N26, American Express España, Revolut, Bankia, Banco Mediolanum, Mach, Rebellion, Sodexo o Prepaid Financial Services. Samsung Pay, pionera en España, es compatible con entidades como Abanca, Bankia, CaixaBank, Cetelem, El Corte Inglés, Imagin Bank, Openbank, Sabadell, Santander y WiZink. Otras entidades como Liberbank cuentan con su propia app NFC.

¿Y qué es el pago contactless? La fórmula es sencilla: si nuestro móvil cuenta con NFC, es compatible con pagos móviles. Pero incluso si no lo es, como en el caso del popular Xiaomi Pocophone F1, Google Play compatibiliza pagos online. Y aún existe una alternativa: mediante códigos QR. Lo único que necesitamos hacer es escanear el código de pago desde la aplicación de otro smartphone y listo. Por desgracia, esta alternativa aún no está disponible en España. Mejor dejarla a un lado.

Para quien tenga dudas, cabe decir que en la actualidad conviven varios tipos de tecnologías. Si habéis visto una especie de ondas WiFi pintadas al lado del chip de vuestra tarjeta, exacto, tenéis una tarjeta compatible. Lo habitual es que utilicen o bien tecnología NFC (comunicación de campo cercano), más habitual en móviles, o MST (transmisión segura magnética), más frecuente en tarjetas.

En cualquier caso, las dos son bastante parecidas y el funcionamiento es similar al de las tarjetas de crédito o débito: acercas el teléfono al TPV con el NFC activado y a los pocos segundos podrás confirmar la transacción. Un proceso sencillo bastante más seguro de lo que parece.

La razón reside en el sistema de cifrado: nuestra información bancaria permanece oculta, solo se está realizando una retención de dinero a un perfil virtual. Es decir, la confirmación del pago aún debe confirmarse, ya sea a través de tu app o del TPV. Así que, en realidad, estos pagos móviles son igual o más seguros que mediante tarjetas tradicionales. Usan el mismo estándar de comunicaciónEMV.

Nuevas formas de comprar (y de pagar)

El mundo de las fintech ha vivido, en apenas un lustro, un cambio radical. Y el rectángulo plastificado de toda la vida pasa a ser, en realidad, un soporte de apoyo. Sí, las tarjetas se resisten. Un carro al que se ha subido recientemente Apple, con su Apple Card. Una tarjeta para pagos internacionales sin penalizaciones y un sistema de referidos muy interesante: un 2% de todo lo que paguemos con Apple Pay y un 3% si esas compras son de Apple.

Sobre ahorrar saben bastante los fundadores de Bnext, una fintech española que ofrece un 10% en compras de Spotify, Uber, Just Eat, Fever o Netflix. Y porque están regalando 10€ extra de regalo por una recarga de 25 €. Parece evidente que vender una VISA e inflarla a comisiones es algo de la década pasada.

‘Face to pay’, te lo llevas por la cara

Nunca una expresión ha sido tan literal. Al escenario de las contactless se suma una nueva alternativa. El pago invisible a través de lecturas de nuestros rasgos biométricos contó con una prueba piloto en la cadena de establecimientos Viena, en Barcelona. Después le siguió otra en la cadena Rodilla. El proyecto, Face to Pay, sirvió para recopilar información para detectar fallos, para evitar hackeos en el futuro.

Parece que en un futuro próximo, con solo mirar a una pantalla, nuestro rostro se convierte en una especie de código QR escaneable. Una vez validado, unicamente tendremos que confirmar la compra. Ya es algo que empresas como Alipay han implementado con bastante éxito.

Innovación por las buenas

Y si las tarjetas se resisten y el contactless se prodiga en forma de apps —algunas incluso multiservicio, para agregar todo tipo de tarjetas—, tampoco deberíamos olvidar las nuevas alternativas: pagar mediante anillos, smartwatches y pulseras (smartbands). ¿Cómo? Acercando nuestro gadget al datáfono. Un ejemplo sería el Garmin Pay, compatible con CaixaBank (VISA), Openbank (VISA y Mastercard), Santander (ídem) o Revolut. Y la propia CaixaBank también distribuye su propia pulsera inteligente.

Aunque si alguien desea imbricar estilismo con pagos, aún hay más: gafas de sol contactless. Fueron presentadas en el World Surf League’s del año pasado y gustaron. Y si para desbloquear nuestro smartphone es común usar la huella dactilar o el reconocimiento de iris, también lo es para confirmar un pago —la propia Samsung Pay lo incorporó a finales de 2016—.

Llevarse algo por la patilla en sentido literal gracias a unas tal WaveShades. En Suecia, donde apenas el 1% de las transacciones se realiza con dinero efectivo, alrededor de 3.000 personas se implantaron un microchip con tecnología RFID. Una alternativa no solo para sacar las entradas del cine, también para desbloquear la puerta de casa o bloquear las luces. Un chip que, además de cumplir con su función mercantil, incorpora biometría, una serie de datos del usuario que sirven como ficha médica en caso de accidente.

Y tampoco nos olvidemos de las pegatinas o tatuajes o chips subcutáneos; o sistemas de pago-entre-amigos como Twyp. Está claro que pagar nunca ha sido tan sencillo.


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