La parca, definida por la Real Academia de la Lengua Española como “cada una de las tres deidades hermanas, Cloto, Láquesis y Átropos, con figura de viejas, de las cuales la primera hilaba, la segunda devanaba y la tercera cortaba el hilo de la vida del hombre”, no supone ya un factor problemático para la mayor red social conocida de todos los tiempos, dentro de la juventud que ostenta este mundo de la web 2.0 .

La inmortalidad, digitalmente hablando, es toda una realidad y Facebook ha anunciado recientemente en su blog oficial que “When someone leaves us, they don’t leave our memories or our social network” (Cuando alguien nos abandona, no abandona nuestras memorias o nuestra red social), creando para ello patrones de comportamiento y tratamiento para los perfiles de personas fallecidas.

Es común ver que en la columna de la derecha de la web de Facebook suelen salir consejos para interactuar con gente conocida y poco tratada desde hace tiempo en la red social, o de posibles conocidos comunes. Pues bien, Facebook ya ha implementado la forma de evitar que se vean los contactos de fallecidos en esas situaciones de interacción.

Además, los perfiles de fallecidos quedarán bloqueados y sólo las personas que los tuviesen añadidos podrán ver ese perfil, en el que ya no se podrá más que contemplar el legado que dejó en vida en forma de Facebook y dejar comentarios en su muro.

También se impedirá que alguien pueda hacer inicio de sesión en esas cuentas a pesar de conocer las contraseñas y se censurarán las aportaciones que hizo en vida que puedan herir la sensibilidad de sus familiares.

Esta decisión de Facebook es un tema peculiar, puesto que en cierta manera se decide sobre la privacidad de un miembro sin el consentimiento familiar, más allá de entrar en el debate de cómo se decide o sabe si un usuario ha fallecido y que tienen que activar el protocolo de tratamiento de sus datos descrito.

En cierta forma quedan algunas lagunas sobre cómo aplicar esta atenta funcionalidad con las personas que dejan la tierra de los vivos. Nunca llueve a gusto de todos, y es difícil arrojar argumentos en cualquiera de los sentidos sobre esta iniciativa de Facebook, sólo el tiempo, ese juez implacable que quita y da razones, dilucidará cómo de acertado es este concepto de tratamiento digital de datos de personas fallecidas.


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