El ojo que todo lo ve, el gran hermano que la novela 1984 de George Orwell dejó como legado universal, parece cada vez más real. Mas allá de la rumorología de que supercomputadoras analizan a diario el tráfico de internet a nivel global, el gobierno británico no se esconde y muestra su política de privacidad de datos.

Dentro de las fronteras bretonas ya se controlaban con “normalidad” el tráfico web interno, los mails y las llamadas. Ahora le toca el turno al novedoso y abultado mundo de las redes sociales (facebook, twitter, MySpace, MSN, etc).

El Ministerio del Interior Británico pondrá en práctica el mes que viene este novedoso sistema de control, que por una parte obligará a las compañías cuyos servidores se alojen en el país a guardar los datos del último año a buen recaudo, y por otro acabará con la libertad plena del usuario en sus conversaciones privadas sobre estas redes.

Bajo la excusa de la eterna amenaza que supone Bin Laden y sus seguidores para el país inglés, se hace este seguimiento, cada vez más exhaustivo. Siempre contando con la excepción hecha de los altos cargos, que ademas de estar libres de juicios penales, ahora también lo estarán de estas tareas de “espionaje” interno.

Ya existía con anterioridad una directiva de la Unión Europea que daba sostén a la política invasora practicada en Inglaterra, ahora lo que se busca es aumentar la severidad y alcance de la misma para que ampare bajo su manto también a esta nueva iniciativa.

Evidentemente algunas asociaciones de derechos humanos y pro libertad se han pronunciado totalmente en contra de la medida, ya que argumentan que se escudan en los avances de la tecnología para hacer más indagaciones en las comunicaciones privadas de los usuarios, con el peligro que ello conlleva inherente.

Internet, la red que nació libre, cada vez se ve más privatizada por culpa de acciones de este tipo, que abren demasiadas puertas a usuarios malintencionados que puedan llegar a tener acceso a esos datos en favor de una supuesta mayor seguridad general a nivel estatal.

De todos modos, tal como avanza la tecnología y con la variedad de formas de comunicación existentes sobre internet, esta medida se antoja más como una cortina de humo que amedrente a posibles terroristas, más que conseguir un pleno análisis de esas comunicaciones interceptadas. Si Orwell levantara la cabeza, se sorprendería de sus facultades de adivino.


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