La psicología, como rama viva de la ciencia del comportamiento, continúa evolucionando en sus estudios e investigaciones, y no son pocas las Universidades que se han fijado en las nuevas tecnologías como factores importantes que nos condicionan.

Investigadores expertos en psicología clínica han advertido en una ponencia en la Universidad de Valencia, del riesgo que corren los menores ante un mal uso o abuso de las nuevas tecnologías en los países desarrollados.

En nuestro país, el bulling es la forma de acoso escolar más extendida y ya ha llegado también a la Red. Además, empiezan a emerger el sexting, mensajes por móvil de contenido sexual que incluyen imágenes y vídeos, o el gruming, adultos que se hacen pasar por jóvenes para ligar por internet con mensajes sexuales.

El catedrático en Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco ha señalado que es fundamental realizar talleres de formación en los colegios así como para que los padres sepan cómo afrontar esta situación y reducir la actual brecha que existe entre los hijos y ellos mismos.

No obstante las nuevas tecnologías tienen aspectos muy positivos a la hora de facilitar, promocionar eventos de ocio, o comunicarse con amigos; pese al riesgo de que los jóvenes caigan en un uso abusivo de las mismas que les afecte al sueño, al rendimiento escolar, lleva al abandono de otras aficiones, al sedentarismo, a aislarse de la sociedad e incluso crear una identidad ficticia, fingiendo más edad por ejemplo. Para el experto, el riesgo es el mismo que el de caer en la adicción a sustancias como el alcohol o las drogas, con mayor incidencia para los jóvenes, sobre todo si tienen baja autoestima, son muy tímidos, muy impulsivos, con ambiente familiar poco cohesionado, o con patologías previas como depresión, hiperactividad, o fobia social.

A esto se suma el acecho de los ciberdepredadores, cazadores de menores, que se hacen pasar por adolescentes e intentan crear una falsa confianza con menores con problemas para después chantajeares y agredirles sexualmente.

Se trata por tanto de un problema difícil de controlar y atajar si los progenitores no se implican en una educación responsable, que no restrictiva, con las nuevas tecnologías.


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