Hace no demasiados años, los juegos de construcción tipo LEGO o Tente estaban entre los más demandados tanto por padres, como por los propios niños. Otros juegos educativos, como los de anatomía humana, electricidad (Electro L) o incluso Química (Quimicefa), eran el reflejo de las nuevas tendencias educativas llevadas al mundo del juego.

A día de hoy, el equivalente a este tipo de juegos educativos son los kits de robótica. Al principio, se popularizaron los robots como tal, con formas más o menos humanoides o inspiradas en animales, pero ahora ya empiezan a llegar los brazos robóticos, que se limitan a imitar el comportamiento de un brazo.

Tanto los kits robóticos “completos” como los brazos robóticos, consisten en un hardware y electrónica compuesto por motores y microprocesadores, junto con herramientas de desarrollo mediante lenguajes de programación especialmente pensados para que la tarea de escribir programas para estos kits sea sencilla y no lleve mucho tiempo.

Las claves de una tendencia que ya se deja ver en Amazon

Los juegos educativos gozan del favor generalizado del público: al interés por parte de los padres, se suma el de los propios niños con una vocación más o menos definida en la dirección de la tecnología, junto con el carácter tan intrínsecamente divertido de los robots.

Que un objeto haga cosas que le pedimos o que programamos, tiene un componente emocionante que se suma al del aprendizaje de una habilidad tan en alza como la programación, pero no ya de aplicaciones, sino de sistemas electrónicos.

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“El hardware es el nuevo software”, se suele decir en los últimos meses a raíz del auge de los kits de desarrollo de tipo Raspberry Pi o Arduino, por ejemplo. Los sistemas robóticos y los brazos robóticos son una extensión de estos kits en los que se han añadido motores y la mecánica necesaria para que sean funcionales.

Aunque aquí aun no son populares, en Asia se pueden encontrar a la venta incluso en las tiendas de electrónica de los aeropuertos, y en Amazon hay una gran variedad de modelos disponibles para su compra.

Si quieres verlos en acción, en los foros de “makers” (aficionados y entusiastas de la electrónica que destacan por su actividad construyendo sistemas y soluciones usando elementos de hardware) ya hay ejemplos bastante simpáticos en algunos casos, de proyectos basados en estos brazos robotizados.

Un juguete inspirado en la industria

Los brazos robóticos están inspirados en la industria. Las cadenas de montaje de coches, electrodomésticos, aviones e infinidad de productos industriales más, cuentan con este tipo de robots para ensamblar sus diferentes componentes, hacer soldaduras o pintar. Son brazos robóticos que pueden constar centenares de miles de euros, eso sí.

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A una escala mucho menor, los brazos robóticos para el “bricolaje electrónico” son similares en esencia. Disponen de varios ejes de rotación para cada segmento del brazo, así como un elemento con el que se pueden sujetar objetos y sensores de diferente índole. Además, se pueden añadir otros elementos tales como cámaras o micrófonos para añadir funcionalidades adicionales.

Con un poco de imaginación, estos brazos robóticos pueden interactuar con elementos cotidianos, pulsar botones, regar plantas, sujetar móviles de un modo inteligente siguiendo nuestro movimiento, moviendo cámaras de fotos para hacer secuencias de imágenes de un modo mucho más preciso de lo que podríamos hacer nosotros.

Qué podemos hacer con un brazo robótico

Las posibilidades de este tipo de kits robóticos son tan numerosas como podamos imaginar. Desde aplicaciones simpáticas como las que hacen que nuestro robot nos dé el desayuno (sin mucho éxito, por cierto), hasta otras en las que el brazo es capaz de escribir sobre un papel o incluso pintar los labios (sin demasiado éxito de nuevo).

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Las posibilidades dependen del modelo de brazo que tengamos, claro está. Los hay muy económicos, pero con una programabilidad limitada, pero también los hay caros, con infinidad de posibles aplicaciones, una precisión muy elevada tanto en el movimiento como en la sujección. Desde su uso a modo de impresora 3D usando un cabezal extrusor, hasta grabadoras láser, cortadoras de precisión, alimentador para peces, organizador de objetos, asistente personal para sujetar objetos, etcétera.

Su dimensión como juguete es también marcada, y en los modelos más simples tendremos pocas más opciones que las de teledirigir el brazo, pero en las más avanzadas, la programación será posible, así como la expansión mediante otros módulos.

Existen numerosas propuestas en fase de desarrollo en plataformas de crowdfunding como Kickstarter, otro síntoma que confirma esta tendencia, que está saltando rápidamente de los talleres de los usuarios más freaks a las listas de deseos de niños y mayores para sus regalos a modo de juguetes tecnológicos.

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Existen blogs donde se muestran algunos proyectos más o menos exitosos en los que se usan estos brazos robóticos en aplicaciones tan inverosímiles como el pintalabios mencionado anteriormente, como impresora 3D o cortadora láser tal y como se ve en este vídeo de Kickstarter. Su nivel de precisión es muy elevado.

Robots, conocimientos, juego y educación

En el momento actual, la educación y la formación en disciplinas relacionadas con la tecnología son dos de las ramas que más interés están captando entre padres, alumnos y profesores. Y los robots son, además de educativos, muy divertidos.

Existen entornos de programación muy fáciles de manejar incluso para los más pequeños, gracias a lenguajes como Scratch, donde los programas se elaboran a partir de métodos visuales basados en bloques, en los que apenas es necesario escribir código, al menos en el primer momento. Si luego queremos que los programas sean más complejos, podremos modificar el código de un modo más preciso.

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Lo cierto es que la formación tecnológica empieza a estar muy demandada. Primero en el terreno de las actividades extraescolares, aunque ya se está incluyendo en los programas oficiales de muchos centros de enseñanza.

La combinación de la dimensión lúdica de la robótica y la educativa, así como la utilitaria cuando se aplica su uso en tareas que se benefician de la precisión o la repetibilidad de estos dispositivos, está haciendo que sean un tipo de producto demandado y capaz de captar el interés de una audiencia cada vez menos especializada.

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A día de hoy no es fácil hacerse con estos kits en España, salvo que se recurra a tiendas online como Amazon o a tiendas especializadas como Superrobotica o  Juguetrónica donde aún no hay mucha variedad. Sus precios, varían desde apenas 50€ hasta varios miles. Pero es un tipo de solución robótica que merece la pena tener en cuenta de cara a dar rienda suelta a nuestra imaginación o a ser un complemento perfecto para la educación de nuestros hijos o para adentrarnos en el mundo maker.