Bill Gates, además de dueño de Microsoft y uno de los hombres más ricos del planeta, es también una de las personas que más aportan en labores humanitarias.

En este caso, a través de la Bill & Melinda Gates Foundation destinan grandes esfuerzos para paliar una de las grandes plagas del tercer mundo, la Malaria, causante de miles de muertes al año en estos países dejados de la mano de Dios. En una de las últimas conferencias, Bill Gates ante destacadas personalidades que acudieron a la misma quiso sensibilizarlos con terapia de choque.

Ni corto ni perezoso cogió un bote que guardaba lleno de mosquitos, y en mitad del mitin destapó el mismo en tono socarrón diciendo que lo mejor para solidarizarse es sentir lo que se siente en esos países. A más de uno le tuvo que recorrer un escalofrío por el cuerpo al ver el gesto inocuo de Bill Gates puesto que ningún mosquito de los contenidos en el tarro eran portadores de la malaria.

En personas realmente poderosas, en términos monetarios, debería cundir más el ejemplo de no sólo aportar al mundo una ayuda puntual, sino la creación de Fundaciones que perduren en el tiempo su legado más allá de la vida del personaje poderoso en cuestión. Bill Gates es un ejemplo en estas lides al menos.


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