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Hace unos días os hablamos de los discos duros de memoria sólida (SSD), de sus virtudes y cómo tenerlos siempre apunto para que funcionen como el primer día. Son muy útiles: hacen que nuestro ordenador vaya mucho más rápido y arranque en un abrir y cerrar de ojos.

Si lo hemos sustituido por nuestro disco duro SATA de toda la vida estaremos pensando ¿qué puedo hacer con él? Reciclarlo es una opción pero podemos darle dos vidas muy útiles que demostrarán que aunque ya no sea nuestra unidad principal puede ofrecernos muchas cosas. Hoy os contamos cómo.

Hacernos un disco duro USB externo

Si tenemos un ordenador portátil o una CPU a la que no podemos ampliarle la capacidad con varias bahías de disco duro, podéis utilizar el disco duro viejo como una unidad de almacenamiento externa para guardar datos. Es decir, como si fuera un disco USB convencional.

A su favor tenemos la capacidad: tienen más gigas que un SSD y si vamos a guardar información pura y dura como documentos, fotos, vídeos o música no tenemos que preocuparnos porque la velocidad no sea la más puntera. Es una buena opción para hacer copias de seguridad y guardar todo aquello que vamos a mover de un ordenador a otro.

Ahora bien, ¿cómo convertimos nuestro viejo disco duro SATA en una unidad USB? Muy sencillo. Existen una serie de carcasas que vienen preparadas para que pongamos el disco antiguo en su interior, conectemos un par de cables y listo. Luego solo tendremos que enchufarlo por USB para pasar y mover datos.

Es una muy buena solución ya que el proceso de instalación es muy sencillo. No hace falta ser muy manitas y además es económico. Es la mejor forma de darle una nueva vida a nuestro viejo disco duro. ¿No sabes cómo son estas carcasas? Os dejamos unas recomendaciones a continuación.

Carcasa Sveon Plata

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Utilizarlo como disco secundario

Si tenemos una CPU con varias bahías, o un ordenador portátil que lo permita, podemos poner el disco duro antiguo como segunda unidad. Es decir, el SSD permanece como unidad de arranque y en el otro podemos ir poniendo otros datos.

Además, conviene valorar la opción de dedicar estos discos duros a diferentes cometidos, y eso lo podemos hacer gracias a las particiones del disco duro: hacerlas es sencillo, y eso nos permite ser más ordenados con los datos que almacenamos en ellos.

Si no vamos a mover el disco duro de lugar ni a pasar datos de un ordenador a otro esta es nuestra mejor opción. Es muy cómodo y la instalación es sencilla porque lo único que tenemos que hacer es poner la unidad en una bahía y configurarla desde el ordenador para dejar el SSD como la de arranque.

Antes de nada, tenemos que asegurarnos de que podemos instalar otro disco duro en el ordenador. En los portátiles depende del modelo y conviene leer bien antes si podemos hacerlo antes de poner dos discos duros. En las CPUs es más fácil encontrar modelos que tienen varias ranuras para discos duros.

Si todavía te estás pensando comprarte un disco duro SSD, os dejamos unos cuantos modelos para que te decidas.

Disco Duro Interno SSD Sandisk 128 GB

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Disco duro interno SSD 840 EVO 750 GB 2,5” SATA

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