Cualquier cosa que nos obsesione, nos atrape y nos impida hacer otras cosas tiene todas las papeletas para convertirse en un vicio. Antes los vicios respondían principalmente a necesidades físicas llevadas a límites extremos, sin embargo, su justificación se sitúa habitualmente en algún componente mental.

Las nuevas tecnologías, como cualquier otra cosa, son susceptibles de convertirse en vicios, en adicciones, si uno está demasiado tiempo hablando por el Messenger, jugando on line o chateando o si llevamos a cabo estas actividades descuidando obligaciones importantes.

Una noticia aparecida en El Mundo habla de que las personas con más posibilidades de convertirse en “tecnoadictos” son jóvenes de más de 14 años que están muchas horas al día pendientes del ordenador, teniendo incluso que necesitar tratamiento médico de al menos un año para “desengancharse”.

No es nada raro, por otra parte, que esto pase. En una etapa difícil como es la adolescencia los chicos buscan principalmente vías de escape y relacionarse con sus afines. Internet, con sus múltiples aplicaciones es, precisamente, una forma muy completa para poder satisfacer ambas necesidades en concreto, no físicas, pero igual de importantes que éstas.

El problema radica en que en muchos casos estos jóvenes se ven prácticamente “empujados” a estas nuevas tecnologías. Familias con un solo hijo por no poder mantener más, padres con jornadas laborales interminables que les dedican poca atención, ningún control “adulto” que filtre o explique los contenidos que están viendo, frustraciones típicas de esas edades, mucho tiempo en soledad…Muchos factores que, combinados pueden llevar a algo que no nos podemos tomar a broma.


Nadie dice que las nuevas tecnologías sean malas, pero como todo en esta vida, lo malo es sobrepasarse con su uso.


Etiquetas: ,