Se trata de un proyecto sin parangón en el mundo de la banda ancha. Australia, el país-continente albergará una extensa infraestructura que permitirá llevar la alta velocidad a todas y cada una de las casas en uno de los países más remotos y menos explotados de la tierra.

El pasado año, Kevin Rudd, por entonces candidato en las elecciones generales del país, prometió llevar internet con garantías a toda la población, y una vez llegado al poder, no ha tardado mucho en ponerse manos a la obra.

Se tiene prevista una cobertura de red de fibra óptica del noventa por ciento del vasto territorio australiano, con velocidades de cien megabits por segundo, empleando tecnología inalámbrica como el WiMax para el diez por ciento restante, aunque a una velocidad mucho menor.

Las cifras son mareantes en este proyecto faraónico: durará según las primeras previsiones algo más de ocho años y dará empleo a veinticinco mil trabajadores de media al año, con un coste de veinticinco mil millones de euros y para sufragar tal cantidad de dinero ya se han buscado inversores privados que tendrán opción de compra al cabo de cinco años de explotación por la administración pública.

Al finalizar las obras, Australia pasaría a ser el referente tecnológico en cuanto a banda ancha se refiere, por encima del hasta ahora líder, Estado Unidos.


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