Ayer se inauguró la 61ª Feria del Libro en la ciudad alemana de Francfort, y en consonania con el lema que rezan los carteles del evento (“Le ponemos cara al futuro”), se ha discutido mucho sobre la situación actual del sector y hacia dónde se dirigen.

Casi todos los editores coinciden en pensar que posiblemente para 2018 será cuando las ventas de libros digitales superen las de libros impresos, e incluso estiman que en menos de dos años un 25% de los ingresos de los editores vendrá por ese canal, dato que resulta especialmente llamativo cuando los beneficios actuales son casi inexistentes.

La fuerte expansión del sector del libro electrónico, se explica en parte en base a que se espera que la eclosión de la venta de dispositivos para las navidades de 2010 será clave, y dará a luz a un fuerte impulso por parte de los propietarios de ebook, ávidos por encontrar libros en formato digital con los que llenar sus dispositivos recién estrenados.

El gran problema al que se enfrentan los editores, es determinar el tipo de modelo de negocio, cuánto cobrar por los libros electrónicos, así cómo determinar que procedimiento usar para su venta y distribución. Como en todo sector nuevo que se precie, aunque la determinación de la forma de generar negocio sea uno de los aspectos que más preocupa, existen otros factores que preocupan y mucho y que no deberían pasarse por alto: la protección de datos, la piratería, la incertidumbre por la rapidez en los cambios y el desconocimiento de los usos tecnológicos de los consumidores.

Cómo botón de muestra de lo anterior, no existe una idea clara sobre que modelo de pago es el mejor para acceder a los contenidos online, si por una tarifa plana o un modelo de suscripción que permitiera acceso a toda la oferta, o a través de los micropagos o pagos por capítulos o partes de un contenido. Y si pasamos a hablar del precio del contenido digital, la división no hace más que aumentar.

Aunque es cierto que una gran mayoría apuesta por poner un precio menor con respecto al libro tradicional, la división es total a la hora de decidir cuanto más barato debería ser. Y de hecho, hay otros que defienden que se ha de poner al mismo precio que los que vende Amazon, es decir, por 9,99 dólares.

Lo que parece estar claro, es que lejos de haber consenco, este sector necesita tiempo para madurar y perfilar un negocio que se antoja seá muy rentable en los próximos años.


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