Los llamados ladrones de URLs han encontrado en los dominios de Internet un negocio de lo más rentable. Se aprovechan de los errores que podemos cometer cualquiera al teclear una URL forzándonos a acceder a webs equivocadas, y lucrándose con las páginas vistas en donde colocan publicidad.

La noticia sobre el nuevo dominio asiático, con la terminación .asia, para todas las empresas y personas que tengan negocios o páginas web en esa región ha despertado en mí una curiosidad al respecto de los grandes dominios y a los posibles cybersquatters. Hace unos años casi nadie podía entender qué utilidad podía haber en comprar un dominio genérico como music.com, car.com o milk.com, y sin embargo ahora la búsqueda de un dominio adecuado para las páginas web de cientos de personas resulta una tarea cada vez más tediosa.

El que puede comprar su dominio no tiene problemas, pero la mayoría de personas tienen que machacarse el cerebro para pensar una URL para su web. Por ejemplo Flirckr, De.li.cius, Digg o YouTube son ejemplos de esos nombres raros a los que tienen que recurrir los internautas, que dicen poco o nada del servicio que facilitan.


ITWorld
ha hecho una evaluación de cinco dominios genéricos y como han ido evolucionando hasta el día de hoy. Por ejemplo music.com comenzó siendo una web para una empresa de semiconductores (“Multi-User Specialty Integrated Circuits”). Pasó por varias manos y ahora ya es un portal de música (algo que tiene bastante sentido). Con eat.com, car.com, meat.com y milk.com han sucedido historias parecidas, y ahora son codiciadas URL de portales que tienen que ver con lo que expresan. Bueno, todas menos milk.com que fue adquirida en 1994 por un internauta que se resiste a venderla a pesar de las ofertas millonarias que ha recibido. Esta página no tiene nada que ver con la leche, pero Dan Bornstain, su propietario dice que compró este dominio, simplemente, porque le gusta la leche. Además esta web sigue manteniendo esa estética tan Web 1.0 que todos recordamos (y renegamos).