A tener en cuenta: El objetivo básico a conseguir es que la imagen sea los más fiel posible a la original. Una sencilla prueba consiste en obtener una imagen a pantalla completa con colores vivos e imprimirla en una impresora de calidad. En el caso de manejar habitualmente fotos, diseño gráfico, etc, un correcto ajuste y calibración es simplemente imprescindible. La comparación de ambas nos viene a dar la divergencia entre el color original y el presentado en el monitor. Hemos de tener en cuenta que es totalmente imposible llegar a ni tan siquiera rozar la perfección. El ojo humano es diferente en cada persona, y factores físicos como la luminosidad de la habitación, los colores de las paredes y psicológicos como nuestro estado de ánimo influyen en la percepción.

Partiendo desde el principio, hemos de procurar que nuestra conexión sea lo óptima desde el punto de vista de hardware. La conexión DVI ofrece una calidad inmejorable, y debemos utilizarlo si disponemos de ella. Existen diversos programas que ayudan a calibrar, ya que comparan patrones predefinidos con los de nuestro monitor. Elegiremos preferentemente el que el fabricante; muchos son gratuitos e incluso suelen venir con el software suministrado en la caja. Nos vamos a centrar principalmente en los ajustes más difíciles de conseguir, ya que el resto es muy subjetivo y se ha de amoldar a nuestros gustos. Antes de pasar a los siguientes pasos, es recomendable que el monitor haya permanecido encendido diez minutos para obtener los valores normalizados.

El ajuste del negro y la escala de grises es una de las medidas más difíciles de conseguir pero a la vez es uno de los parámetros que más incide en la correcta visualización. Hemos de partir de una imagen que contenga grandes contrastes de luces e ir añadiendo valores hasta conseguir que los colores más oscuros sean lo más fiel al color negro. Un pequeño truco consiste en acoplar un marco de cartulina negra a nuestro monitor para que nuestro ojo aprecie con más precisión el contraste. Se ha de advertir que el negro absoluto es imposible de conseguir en monitores domésticos sin ensombrecer el resto de gama de grises.

El brillo se ha de ajustar mediante las llamadas tablas Gamma, que son un conjunto de líneas negras y blancas sobre fondo gris. El color negro ha de irse tornando hacia un blanco de manera regular en cuanto tenga un ajuste óptimo. La mayoría de nuestros monitores TFT tienden a dar unos valores de brillo demasiado elevados en las configuraciones por defecto. Para la medición del Gamma, nuestros ojos han de estar a la misma altura de la parte central de la pantalla, y podemos aumentar el efecto cerrando levemente los párpados.

El contraste es preferible dejarlo en el valor predeterminado, a diferencia de los antiguos CRT, que debíamos ajustarlo al máximo debido a las diferentes características en el tratamiento de la imagen. La temperatura del color deberemos manejarla comparando diferentes paletas con programas de calibración o mediante muestra fotográficas de calidad. En caso contrario, los valores han de dejarse en predeterminados, ya que podría tener consecuencias a la hora de utilizar software de retoque fotográfico, haciendo poco eficaz la paleta de colores. Como curiosidad, la mejor calibración se suele hacer mediante hardware, enfocado para profesionales de la fotografía y el diseño, con un coste prohibitivo.


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