Todos lo hemos hecho alguna vez, bien por aburrimiento o para saciar nuestra enfermiza curiosidad, pero probablemente no hayamos llegado más allá de teclear nuestro nombre y apellidos en el famoso buscador. Si nuestros apellidos son “tipical spanish” y pertenecemos a una de esas numerosas estirpes de los Pérez, Gómez, López, Rodríguez, Ruiz, Martínez, Núñez, Álvarez, González o García probablemente este experimento haya quedado reducido a segundos.

Por el contrario si contamos con la suerte de tener un apellido exclusivo (o en muchos casos desgracia, si tenemos unos padres crueles que se juntaron creando una hilarante combinación) es probable que sí hallemos nuestro nombre o el de alguien que lo comparta con nosotros. El “salir en la web” implica tener cierta presencia pública. Y esto puede ir desde haberse enrollado con Ana Obregón, pasando por haber opositado, ser un comentarista indiscriminado de foros, hablar en tercera persona de uno mismo a lo Aída Nízar o hasta qué se yo…trabajar como redactor.

En muchas ocasiones descubrimos con pena como nuestra identidad no aparece en Google. No pasa nada, no pasa nada… pero…¡¡¡ la de nuestros amigos sí!!! Y es que si el aburrimiento o la curiosidad enfermiza han crecido también les buscarás a ellos, no te quepa duda.

Sin embargo, nosotros no salimos, nuestro nombre se encuentra usurpado por varias contrapartidas anónimas de diferente cariz. En mi caso, hay para todos los gustos: un creativo publicitario, un jugador de fútbol de un equipo amateur salmantino, un responsable de una tienda de comida rápida en Londres, un fan musical, un gerente de relaciones con el sector público e incluso una persona relacionada con una tienda de piensos virtual…

Pero hay gente a la que estas búsquedas absurdas les dan ideas, como al bueno de Jim Killeen. Este hombre empezó comprobando su nombre en Google y acabó llegando a contactar con sus “otros yo” (un total de siete) y haciendo un documental sobre sus vidas. Como la cosa prosperó este proyecto, originalmente sin ánimo de lucro, se convirtió en una creación audiovisual a la venta. Lo que a Killeen le resultó más fácil, sin duda, fue editar los créditos finales en el apartado del reparto…


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