Nadie podía haberse imagindo que una empresa tan joven, nacida hace cinco años en una residencia de estudiantes de la Universidad de Harvard (Boston), sobrepasaría los 200 millones de usuarios, experimentando un crecimiento con matices heroicos y de récord.

Pero, a diferencia de lo que podría pensarse, no parece que su crecimiento esté cerca de estancarse, pues consigue cerca de un millón de usuarios nuevos cada día, y ahora más del 70% de la totalidad vive fuera de EE UU, en países como Italia, la República Checa e Indonesia, donde el crecimiento se ha visto impulsado por el lanzamiento de Facebook en sus respectivos idiomas.

Una de las claves de Facebook, a diferencia de los motores de búsqueda que siguen competentemente la pista a quienes están presentes en Internet, es su capacidad para poner en contacto a la gente corriente con sus viejos amigos y reforzar los vínculos que tienen con sus nuevos amigos. Y mucho más: se ha convertido en un instrumento del activismo, una medio para lograr derribar barreras de comunicación, un canal de opinión…

Contrariamente a lo que se podría pensar a primera vista, no ha sido un camino de rosas, pues en nuestra retina está grabado como millones de personas se han declarado en contra del nuevo diseño y las nuevas condiciones del servicio de Facebook, y Facebook respondió a las protestas sobre lo segundo prometiendo a los usuarios una votación sobre las normas por las que se regiría la página.

Pero, aunque Facebook esté dispuesto a dejar que los usuarios hablen, esto no implica necesariamente que esté dispuesto a escucharles. ¿Dónde se encuentra el tope de Facebook? Su fundador, Mark Zuckerberg, afirma que la misión de Facebook es que todo el mundo lo utilice para compartir información de forma ilimitada. “Doscientos millones en un mundo de 6.000 millones es una cantidad diminuta”, dice. “Es un buen logro. Es estupendo que lo hayamos alcanzado, especialmente en un periodo tan corto. Pero hay que hacer muchísimo más”.


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