Las pulseras cuantificadoras de actividad son la máxima expresión del fenómeno de los wearables. Tras haber hecho un notable ruido mediático hace unos años, muchos usuarios los adoptaron llevados por las expectativas, un tanto alejadas de la realidad. Los relojes inteligentes llegaron después, aunque añadiendo una complejidad que suponía un impacto muy negativo en la autonomía.

El resultado, en algunos casos, fue el de dejar el reloj o la pulsera cuantificadora arrinconados en un cajón en favor del reloj de toda la vida, o incluso puestas en la muñeca pero infrautilizadas. En la práctica, y siendo justos, las pulseras cuantificadoras de actividad se merecen un lugar más visible en nuestra rutina diaria.

Las pulseras cuantificadoras tienen más usos de los que podemos pensar en un principio, y no solo para deportistas de élite. Puedes ser sólo un aficionado, estar empezando a correr por ejemplo, o simplemente mantenerte activo con los recursos que te da tu día a día.

Pulseras para andar por casa…literal

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que las pulseras cuantificadoras están pensadas para llevar siempre puestas. Para dormir y para…andar por casa también. Todos los pasos cuentan. Y también miden el sueño y las pulsaciones si nuestra pulsera registra estos parámetros.

La clave para que una pulsera sea útil es llevarla puesta el mayor tiempo posible. Registrar la actividad deportiva es una parte de sus responsabilidades, pero por encima está llevar cuenta de lo que hacemos durante todo el día.

Sé más consciente de tu salud

Las pulseras no solo sirven para hacernos una idea de cuánta actividad física registramos. También son una herramienta fantástica para hacernos una idea de cómo está nuestro estado de salud.

Las pulseras que miden el pulso, o las que registran el sueño permiten tener “una foto” de nuestro estado de salud desde una perspectiva única. Sin ir más lejos, podemos incluso identificar procesos gripales o similares observando aumentos en el pulso cardíaco en reposo. No es la panacea, pero sí es un tipo de información que aporta datos adicionales para conocer nuestro estado físico.

Pónselo a tu madre, tu padre o tus abuelos

Las pulseras cuantificadoras no son demasiado conocidas por las personas mayores. Puede que hayan oído hablar de ellas, e incluso tener interés por ellas, pero para las personas que no son nativos digitales, no siempre es sencillo dar el paso por uno mismo, elegir el modelo óptimo, configurarla y usarla en el día a día. Propuestas sencillas y que no sean aparatosas como la Alta HR o la Flex 2 de Fitbit, la Jawbone Up24 o la Polar Loop son las idóneas en principio.

Si tenemos un dispositivo que no usemos, o directamente compramos una porque queremos ser más conscientes de la actividad física de nuestros padres o abuelos, podemos hacer un poco de “managers de salud”, llevando cuenta de sus registros y “traduciéndoselos” a un lenguaje que entiendan.

Si, por ejemplo, el médico ha recomendado hacer más ejercicio a algún miembro de nuestra familia que no esté muy ducho en esto de la tecnología, acompañarles en el proceso de usar y entender los registros y la puesta a punto de una pulsera cuantificadora puede ser una tarea interesante y que a nosotros nos permita también saber si se siguen las recomendaciones del médico en un momento dado.

Compite contigo y los demás

Las pulseras cuantificadoras de fabricantes como Fitbit integran la gamificación como parte de su atractivo. Es decir, proponen retos y objetivos como parte de las opciones del panel de control. Podemos entrar a formar parte de retos organizados periódicamente, con una duración variable, y afrontar objetivos diferentes relacionados con la actividad física, sean paso, distancia recorrida, subida acumulada, etcétera.

Además, fabricantes como Fitbit, añaden a la ecuación las insignias con las que recompensan nuestros logros personales, como el número de pasos caminados, o el número de escalones subidos entre otros. Al final, lo que se consigue es que “nos piquemos” con otros usuarios de pulseras o con nosotros mismos para conseguir llegar a un número de pasos, o para obtener una insignia que nos falte.

Colabora con causas solidarias

En algunos casos, nuestros pasos pueden contribuir a aumentar los donativos para causas solidarias. Los fabricantes de pulseras pueden llegar a acuerdos para hacer que la distancia recorrida o caminada vaya a parar a “bolsas de kilómetros” patrocinadas por empresas que quieran contribuir a alguna causa.

No es una ciencia exacta, pero en ocasiones es posible encontrar este tipo de propuestas, en las que las pulseras cuantificadoras hacen el papel de cuenta kilómetros para canjear por fondos para causas y campañas. Es el caso de iwopi, donde podemos conectar las apps de las principales pulseras cuantificadoras para donar nuestros pasos a algunas de las causas que se proponen desde la página web.

Vete a la moda

La tendencia es la de conjugar diseño y funcionalidad en las pulseras cuantificadoras. Tanto es así, que incluso se usan como accesorio de moda “trendy” más allá de su función deportiva o como feedback para conocer nuestro estado de salud.

Hay modelos cada vez más estilizados y elegantes, con correas intercambiables y autonomías de hasta una semana perfectos para ser tanto un reloj, como un accesorio de moda como un wearable para la salud.

Cambia la correa

Además de la dimensión estética, y aunque puede parecer obvio, en aquellos modelos de pulsera en los que haya diferentes pulseras, cambiar de modelo o material puede suponer la diferencia entre llevarla  puesta o dejarla en el cajón.

Hay pulseras de piel, de plástico o de silicona entre otros materiales, y en algunos casos podemos sentirnos más cómodos llevando un tipo u otro. Hay pieles más sensibles que otras y un uso prolongado de las pulseras pude hacer que no siempre estemos cómodos con ellas puestas.

Llévala cómodamente

En ocasiones, dejamos de usar una pulsera cuantificadora porque nos hacen daño o nos aprietan o dejan marcas. Podemos pensar que no van a leer bien el pulso si no están apretadas, o que no van a contar bien los pasos. Pero en la práctica, tenemos un margen mayor del que pensamos y es posible llevar una pulsera con una holgura suficiente como para que no haga daño, pero sin que deje de medir nuestros parámetros de actividad.

Tampoco tendremos que quitarlas necesariamente para ducharnos o lavar las manos. Son dispositivos que habrá que quitar (en general) para nadar o bañarnos en la playa o la piscina, pero para el resto de actividades cotidianas suelen ser suficientemente robustas y resistentes. Lo importante es que no notemos que estén puestas.

Da el salto a un modelo mejor

En el caso de que tu pulsera te quede “pequeña” en cuanto a funcionalidad, piensa en la posibilidad de hacerte con un modelo actualizado y con más funciones. O incluso dar el salto a un reloj deportivo específico para el desempeño de una actividad concreta, sea correr, nadar o el senderismo.

De solo medir pasos, podemos pasar a medir pulsaciones también. O elegir modelos que detecten automáticamente la actividad que estemos haciendo o que integren GPS, pantalla, etcétera. Es una inversión, pero si hemos adquirido hábitos relacionados con nuestra actividad física en los que echamos de menos más datos, adquirir un modelo más avanzado, con más funciones o mejores prestaciones es una idea que merece la pena tener en cuenta.

Los modelos más avanzados permiten registrar nuestras actividades al aire libre sobre un mapa, por ejemplo, gracias al GPS integrado o usando el GPS del smartphone, como hace Fitbit en sus modelos Alta HR o Charge, entre otros. Y en otros es posible tener hasta “entreandores” virtuales que nos van guiando en nuestros entrenamientos.

Úsala como reloj (más o menos inteligente)

Otro uso que no siempre caemos en la cuenta de que es posible, es como reloj. Las pulseras cuantificadoras con pantalla muestran, entre otras cosas, la hora y la fecha. Y además, permiten hasta configurar alarmas y gestionar citas de calendario dependiendo del modelo de pulsera que tengamos. Como veíamos antes, a nivel estético empiezan a ser dispositivos cuidados estética y funcionalmente que “quedan bien” en la muñeca.

De este modo, podemos sustituir a nuestro reloj clásico por la pulsera cuantificadora, quedándonos con un único dispositivo, especialmente si es de los más recientes, con mejores pantallas o mejor autonomía. En los modelos más avanzados, podremos también hacer que las alertas de aplicaciones en nuestro smartphone aparezcan en nuestro dispositivo wearable, asumiendo incluso tareas propias de los smartwatches. Hay pulseras que no tienen pantalla que no servirán para este propósito, pero las que sí la tienen, en general, serán capaces de asumir perfectamente esta función. Incluso las más “deportivas” como puedan ser la TomTom Touch o la Garmin VivoSmart siempre y cuando estemos cómodos con su estética.

Usa la aplicación móvil y el portal web

Puede parecer una obviedad, pero hay usuarios, especialmente los menos duchos en tecnología, que no siempre sincronizan su wearable con la app móvil, quedándose solo con los datos diarios en vez de tener un histórico acumulado de datos, suficiente como para tener una “foto” de nuestra forma física y nuestra salud.

Es importante tener claro el proceso de emparejamiento entre la pulsera y el smartphone, así como manejar con soltura el acceso a nuestra cuenta de usuario, recordando el nombre de usuario y contraseña que habremos tenido que crear en el momento de configurar nuestra pulsera cuantificadora. No es complicado, pero es fácil que si alguien nos ha configurado la pulsera en la tienda, o un amigo o pariente, perdamos de vista estos datos o nos “liemos” con la tecnología de conexión Bluetooth.

Las pulseras cuantificadoras son dispositivos útiles, divertidos y fáciles de usar: básicamente se trata de llevarlos puestos siempre, mantenerlos cargados y consultar regularmente la app o las estadísticas en el portal web donde se recopilan nuestros datos de actividad. La clave es que estén puestos de forma que se lleven cómodamente, y bien configurados para que los datos se sincronicen con el móvil (o el ordenador incluso) y desde ahí con el portal en la nube donde tenemos nuestra cuenta de usuario.

Foto | Interior Gear Fit de iFixit

En Tecnología de Tú a Tú | Cómo a los 65 años una pulsera cuantificadora me alejó del sofá y me ayudó a llevar una vida más sana


Etiquetas: , , , ,