¿Existe la vida activa después de la jubilación? Uno de los mayores miedos de los hijos cuando los padres se jubilan es que se queden todo el día en casa sin nada que hacer. El paso de salir a trabajar todos los días a no tener responsabilidades laborales puede ser duro para muchas personas, y siempre existe el riesgo de dejar de salir a la calle más que para lo esencial y apalancarse en el sofá.

Mis padres se jubilaron el año pasado, y a mí también me preocupaba este tema. ¿Qué podía hacer para que mantuvieran una vida activa, salieran a la calle y mantuvieran un buen estado de salud? Y entonces se me ocurrió: primero, por el día del padre, y más tarde, por el día de la madre, les regalé una pulsera cuantificadora para que pudieran ser conscientes de lo que se movían en su día a día. Después de unos meses de uso, estos son sus resultados, ¡y menudos resultados!

La “pulsera mágica” que te vuelve más activo

Cuando llegué a casa de mi familia con la primera pulsera cuantificadora para mi padre, él la miró con un poco de desconfianza. No sabía de su existencia y no tenía ni idea de que había dispositivos que podían realizar las funciones con las que cuenta este gadget. Elegí la Garmin VivoFit porque buscaba una pulsera sencilla que le diera la información básica y que fuera fácil de manejar. En este caso, la pulsera ofrece información de pasos dados, kilómetros recorridos, objetivo al que llegar durante el día, calorías gastadas, monitorización del sueño, fecha y hora, y se maneja con un solo botón. Perfecta para lo que yo necesitaba.

Fue un exitazo de regalo, porque desde que se las di no se las han vuelto a quitar. “No me la quito ni para ducharme: voy todo el día con ella. La pantalla principal es la de los kilómetros que llevo recorridos y la miro muchas veces al día para saber si voy bien o si tengo que salir a dar otro paseo para llegar al objetivo que me ha propuesto”, me dice Goyita, mi madre.

“El cardiólogo me dijo, después de hacerme unos análisis, que tenía el colesterol un poco alto, y que era por falta de ejercicio físico, así que me recomendó caminar más durante el día. Con la pulsera sé que tengo que caminar unos 9 ó 10 kilómetros al día, así que me lo voy repartiendo: por la mañana suelo andar unos 3,5 o 4 kilómetros mientras hago los recados y la compra, y por la tarde salimos a caminar los dos juntos, otros 4 ó 5 kilómetros. Si veo que por la mañana he caminado poco, cojo un camino más largo al venir de comprar”. Goyita está entusiasmada con la pulsera. Os puedo asegurar que nunca la había visto tan pendiente y tan puesta al día en un tema de tecnología.

Pulsera cuantificadora
“Yo salgo menos porque por la mañana me dedico a cosas de la casa como la limpieza o algunos arreglos, o estoy con el ordenador. ¡Pero hay días que aunque no salga a la calle, termino haciendo más pasos que ella!”, me dice Benjamín, mi padre. Y me confirman que “se pican” entre ellos para ver quién es el que camina más.

Yo me dedico al entrenamiento personal y, cómo no, les hago la pregunta del millón: ¿por qué no hacéis otro tipo de ejercicio físico? “Andar es lo más fácil y lo más cómodo porque no necesitas nada de equipamiento y todo el mundo lo puede hacer. Si te apuntas a un gimnasio, ya necesitas más tiempo, una equipación en función de lo que hagas (natación, clases colectivas), en la sala no sabes cómo moverte o entrenar… Andar es lo más sencillo: la verdad es que vamos a lo cómodo”, me cuenta mi padre.

Una pulsera que te ayuda a cuidarte

Tanto Benjamín como Goyita coinciden en que la pulsera cuantificadora es un buen incentivo a la hora de moverse más y cuidar de su salud. “Yo, desde que me jubilé, he perdido ya seis kilos, y ha sido a base de caminar gracias a la pulsera. Antes, si no andaba, nadie me decía nada; pero ahora la pulsera me dice si llevo mucho tiempo sentada sin moverme o si ha sido un día sin demasiada actividad. Eso te hace ponerte las pilas al día siguiente”, comenta Goyita.

Benjamín dice que “nos pesamos todas las semanas para llevar un control y, si vemos que hemos subido de peso, el pensamiento automático es el de “pues tenemos que caminar más”. También intentamos comer de forma sana, pero el hecho de caminar ayuda mucho a la hora de mantener un peso saludable”.

La mayoría de las pulseras cuantificadoras, incluida esta, nos informan de las calorías gastadas a lo largo del día, y les pregunto si esta función también les es útil. “Hombre, es un dato curioso e interesante. Pero la verdad es que no nos dice mucho. Sí, son las calorías que llevas gastadas, pero como no sabemos las que tenemos que comer, pues nos quedamos un poco igual”, me dice mi padre. “Pero estaría fenomenal informarse de este tipo de cosas para poder sacarle más partido aún a la pulsera”.

Pulsera cuantificadora

¿Cuánto he caminado esta semana? ¿Y la semana pasada?

Las pulseras cuantificadoras funcionan siempre en conjunto con una aplicación que podemos descargar en nuestro ordenador, móvil o tableta. ¿Le sacan las personas mayores todo el partido que pueden?

“Yo tengo la aplicación descargada en el móvil, pero la verdad es que se me olvida sincronizar la pulsera. Creo que hace semanas que no lo hago. Pero al final del día siempre miro los pasos y veo si he llegado o no al objetivo”, comenta Goyita.

Benjamín ha sincronizado la suya con el ordenador: “A mí me gusta mucho sincronizar los datos y ver las estadísticas: ver qué día he caminado más, cuánto he caminado este mes… Es muy fácil de entender porque es muy visual: con distintos colores te indica si has llegado o no a tu objetivo de moverte, y puedes ver si tienes que esforzarte un poco más”.

¿Y sobre compartir los datos en las redes sociales? Ambos tienen Twitter y lo utilizan, pero no comparten sus progresos en la red. “Te lo contamos a ti por Whatsapp y miramos quién de los dos ha caminado más en el día. Con eso nos parece suficiente”.

¿Cómo es una pulsera ideal para las personas mayores?

Pulsera cuantificadora
Les comento a mis padres que elegí esa pulsera por su sencillez, pero me gustaría saber qué añadirían o quitarían para hacerla más completa y que les sirviera mejor. ¿Les compensaría tener una pulsera con un montón de funcionalidades, aunque fuera más difícil de manejar? “Sí, claro”, responde Benjamín, “siempre puedes aprender a utilizarla, aunque la interfaz sea más complicada. Cuantas más aplicaciones tenga, más partido le podrás sacar”. La pulsera Huawey Talkband B2 puede ser una buena alternativa, ya que también nos permite llamar por teléfono y ser utilizada como auricular Bluetooth.

“Yo incorporaría dos cosas”, me dice Goyita. “Por un lado, le pondría luz, porque por la noche me cuesta un poco ver la pantalla”. A este respecto, quizás una buena compra podría ser la pulsera de actividad Polar Loop, cuya pantalla está formada por 85 luces LED y hacen más sencilla su lectura. “Y también le pondría un aviso sonoro o por vibración que te diga cuándo llevas mucho tiempo sin moverte. Esta pulsera te lo dice con un aviso visual, con rayitas rojas, pero si no lo miras, no te enteras”. La pulsera Garmin VivoSmart sí que tiene esa función de vibración, así que podríamos tenerla en cuenta para una futura renovación de pulseras.

¿Son las personas mayores consumidores de este tipo de gadgets?

Al final de nuestra charla, pregunté a mis padres si ellos se hubieran comprado una pulsera de actividad si yo no se la hubiese regalado, y ambos coinciden en la respuesta: “seguro que no”. “No sabíamos ni que existían estas cosas. Sabes que existen los podómetros, pero no una pulsera que te da tanta información: eso lo conocéis la gente joven, o los que os dedicáis al deporte. Cuando salimos con nuestros amigos todos nos preguntan por la pulsera, pero ninguno de ellos la utiliza. Si no nos la hubieras regalado seguro que no habría salido de nosotros el comprarla”, me aseguran.

Así que, ya sabéis, si estáis buscando un buen regalo para vuestros padres o vuestras parejas, que les ayude a llevar una vida más sana y a ser más activos en su día a día, una opción genial son las pulseras cuantificadoras. Explora entre todos los modelos que hay disponibles, encuentra la que mejor se adapte a sus necesidades, ¡y a moverse!


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