Los ordenadores de marcas contrastadas suelen venir de fábrica listos para usar, es decir, con el sistema operativo instalado y todos los programas que el fabricante vea conveniente o se incluyan en el precio de venta del equipo. Una buena recomendación es hacer los discos de restauración, y una vez transcurrido un tiempo inicial evaluar si el ordenador funciona de forma óptima o necesita una puesta a punto. En estos tiempos de Windows Vista muchos ordenadores potentes se ven cortados en el despliegue de su potencial por el consumo de recursos del sistema operativo o el antivirus, de forma que el resultado final es muy decepcionante en algunos casoos. Ademas, suelen traer dos particiones, una con todo el sistema operativo y los datos y otra de backup para fabricar discos de recuperación o recuperar el sistema desde ella misma. Estas configuraciones son mejorables si partimos de cero y particionamos e instalamos sólo los programas que vayamos a necesitar, liberando así espacio y RAM en el arranque del sistema. Un buen punto de partida es configurarlos al gusto, tarea no recomendada para usuarios novatos en la materia informática. Una vez salvaguardada toda la información en algún disco duro externo, todo disco duro debe tener al menos dos particiones, una para el sistema operativo y sus gestiones de memoria virtual, y otra para el almacenamiento de datos personales. Esto se hace por si alguna vez “muere” Windows (algo bastante probable), que se pueda formatear e instalar sin miedo de nuevo desde cero, con todos los datos personales ya a salvo. Por otra parte también es recomendable dejar algo de espacio libre en el disco duro, espacio sin particionar. Nunca se sabe si en un futuro se querrá probar Linux o algún Windows de antaño que conviva con nuestro sistema operativo actual, y viendo las obscenas cantidades de espacio que se manejan a día de hoy no costará mucho trabajo guardar unos 5-10GB de espacio por si queremos probar otros sistemas.