No hay duda de que “realidad virtual” es uno de los términos de moda en estos momentos, aunque no es algo nuevo, ni siquiera de los últimos años. Sin embargo, esta vez parece que su despegue definitivo está más cerca que nunca, después de un intento infructuoso en los años 90. Seguro que muchos de nuestros lectores recuerdan películas com El cortador de césped o Virtuosity, así como el dispositivo Virtual Boy, fabricado por Nintendo y lanzado únicamente en los mercados norteamericano y japonés. Apenas un año y 22 juegos después, el fabricante nipón dio por terminado el proyecto, y todo quedó sumido en el olvido.

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Por aquel entonces, la tecnología no estaba preparada, pero hoy en día el espectacular avance de la telefonía móvil ha propiciado la fabricación en masa de pantallas de pequeño tamaño y muy alta resolución, así como de acelerómetros cada vez más precisos. Todo esto ha dado lugar al resurgir de una idea que permanecía aletargada en la mente de muchos.

Y es que, ¿quién no ha soñado alguna vez con introducirse en su videojuego favorito y vivirlo desde dentro? ¿Qué arquitecto no estaría encantado si pudiera pasearse a escala real por un edificio mientras lo está diseñando? ¿Qué ser humano no daría lo que fuera por encontrarse frente a frente con un familiar o amigo que, por circunstancias de la vida, resida a cientos o miles de kilómetros de distancia? Poder sentirlo delante, reconocer sus detalles y sus formas de una forma mucho más creíble que una imagen que flota ante nosotros en una pantalla.

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La realidad virtual va a cambiar la forma en la que nos comunicamos

Todo eso y mucho más es lo que nos permite la realidad virtual, y aunque el mundo de los videojuegos es el gran abanderado de esta tecnología, su uso va mucho más allá del mercado del entretenimiento, hasta el punto de que podría cambiar por completo la forma en que nos comunicamos. La posibilidad de sentir que estamos en cualquier lugar de forma que nuestra mente acepte lo que estamos viendo como si fuese real suena completamente a ciencia ficción. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: esta tecnología existe a día de hoy, y puede hacernos sentir verdadero vértigo si miramos abajo desde el borde de un precipicio, terror si nos encontramos ante una maléfica criatura que nos amenaza, bienestar si recorremos un idílico paisaje… Sentir, en una palabra.

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Seguro que muchos os estaréis preguntando cómo es posible semejante magia. No es magia, y vamos a tratar de simplificarlo y resumirlo al máximo: básicamente consiste en ponernos un casco que nos aísla por completo del exterior. Dicho casco contiene una pantalla situada a pocos centímetros de nuestros ojos con una lente que amplifica la imagen y la enfoca ante nosotros, dando la sensación de que lo que contemplamos tiene tamaño real. Al recibir cada ojo una imagen ligeramente diferente, igual que en la vida real, percibimos perfectamente la profundidad de la escena, y el movimiento de nuestra cabeza es recogido por un acelerómetro que se encarga de proporcionar la información del punto exacto al que estamos mirando, de forma que la imagen generada por ordenador se actualiza moviendo la cámara en la dirección oportuna.

El realismo y la veracidad de esta recreación digital dependen por completo del dispositivo que la genere, desde un simple teléfono móvil en una caja de cartón con dos lentes hasta un poderoso ordenador personal con una tarjeta gráfica de gama alta conectado a un visor de realidad virtual. Cuanta más resolución tenga la pantalla, más veces por segundo se actualice la imagen y más rápidamente responda el acelerómetro a nuestros movimientos, más real nos resultará la experiencia, aunque incluso las más básicas con móviles de gama media pueden sorprender por completo al que se acerca por primera vez a esta tecnología.

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La realidad virtual va a poner el mundo patas arriba

Que a nadie le quepa ninguna duda: la realidad virtual está aquí para quedarse y va a poner el mundo patas arriba: entretenimiento, sanidad, turismo, televisión, relaciones sociales… Absolutamente todo va a cambiar, y son miles las empresas de todo el mundo que trabajan día y noche para ofrecernos productos verdaderamente revolucionarios. Muy pocas veces en la historia podemos ser testigos del nacimiento de algo así, y son muchos los que ya lo comparan incluso con la revolución industrial. Nos esperan años verdaderamente apasionantes, la realidad virtual y aumentada van a formar parte de nuestro día a día, y muy pronto estos dispositivos serán tan habituales como los televisores o los teléfonos móviles. Más de uno recordará lo que nos extrañaba ver a alguien caminando por la calle mientras hablaba por su teléfono, ese que iba enganchado a un maletín. “Será un gran empresario o agente de bolsa”, pensábamos todos… y hoy en día a casi todos nos resulta inconcebible salir a la calle sin nuestro fiel smartphone en el bolsillo.

Juan Lorenzo Atienzar Godoy
Director ejecutivo de
Real o Virtual


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