Con el lanzamiento de Avatar, que supone un punto y partida de cómo hacer cine 3D con una nueva tecnología, parece claro que estamos entrando en un nuevo mundo para el cine moderno: el cine en 3D. Pocos parecen negarse a la realidad de que poco a poco esta tecnología va a ir copando mayores cuotas, y que el futuro de la pantalla grande, así como del resto del entretenimiento en casa, estará estrechamente ligado a la tecnología 3D.

Sin embargo, lo que muchos no aprecian, es que tras la oferta en las carteleras de cine de películas en tres dimensiones, se está desarrollando una batalla a la sombra. Pues cada película que apovecha esta tecnología, exige el empleo de una gafas para poder disfrutar del efecto 3D.

Esta situación está planteando una batalla comercial entre los fabricantes de las mismas.
Sólo por poner un ejemplo:

– RealD ha lanzado cuatro millones de gafas para el estreno de Avatar.

Tanto esta empresa como MasterImage emplean una técnica de polarización similar.

– Dolby Laboratories, la empresa que está detrás del sistema de sonido estereofónico de los cines, ofrece unas gafas que diferencian las frecuencias de los colores rojo, verde y azul.

– Las gafas de XpanD, por su parte, llevan una batería que permite cerrar de forma intermitente y alternativa la visión en cada ojo.

Por tanto, no estamos solo hablando de un tema únicamente económico relacionado con los distintos precios de cada solución, sino adicionalmente existe una dura batalla, pues cada sistema de gafas exige su propio sistema de proyección en los cines. Así, el reparto de salas de cine, según los distintos fabricantes está repartido de la siguiente manera: RealD afirma estar instalado en 5.000 salas, XpanD controlaría unas 2.000 y Dolby tendría unas 2.200.

Otro de los grandes retos a que se enfrentan a la hora de ofrecer un servicio de mayor calidad, y no asociados a gafas desechables, es garantizar su higiene y evitar su robo y extravío, razón por la cúal algunas de ellas llevan sistemas de detección anti robo que, con sensores instalados a la salida, advierten si algún espectador abandona el cine con ellas.

Está claro que toda nueva tecnología conlleva evocución, y una batalla encubierta por ocupar ese sitio, con las gafas como en la tecnología 3D, veremos quién se lleva finalmente el gato al agua.


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